Archivos de la categoría camino

Día 32: De Santiago de Compostela a Negreira

5 de octubre de 2013

Hola!

Sólo 22 kilómetros. Se me han hecho eternos. No sé si por lo que brindamos, bailamos y disfrutamos anoche. Quizá haya sido por las emociones intensas de la llegada. Ni idea pero… han sido eternos.

Esta mañana cuando me he despertado lo único que escuchaba en mi cabeza era: “Vamos, no hay excusas. A la calle”. He entrado al baño, me he dado con agua en la cara. Y he cogido la mochila sin pensar en nada. Para afuera. ¡Vamos! Hay que irse ya. Dicho de otra forma y para que lo entiendas bien. Era esto o no salir. Me despido de la persona que me ha estado haciendo todas las gestiones propias de un hotel y marcho de allí. El camino comienza en la catedral así que me dirijo a la plaza del Obradoiro.

Me sitúo en el centro de la plaza. A mi alrededor una marabunta de turistas. Me da igual, ni los veo. Sólo vengo aquí a pedir fuerzas para los cuatro días que me quedan por delante. Me da igual el tiempo pero, ahora mismo, necesito un plus de motivación. Y no sé, siento algo especial en ese lugar. Me arrodillo de nuevo, pongo la mano sobre la concha, agacho la cabeza. Escucho como una turista se acerca. “Qué bonito, voy a tomarle una foto”. Oigo el chasquido del objetivo. Me levanto emocionado todavía y sin mirar atrás avanzo hacia el Camino a Fisterra.

Una vez en la calle principal, más tranquilo, paro en una especie de frutería donde compro una botella de agua fresca. Un poco más adelante está el bar donde voy a desayunar. Entro y pido un vaso de leche. Cuando he terminado de tomar el vaso de leche veo como salen dulces y no puedo resistirlo. Una magdalena de chocolate por favor. Ante mi la posibilidad de una sobredosis de chocolate pero… que quieres que te diga. ¡Viva el chocolate!

Pago todo. Nunca se sabe. Reconozco que por un momento he pensado en irme sin pagar pero sería la primera vez que lo hiciera y seguramente vuelva a esta ciudad. Salgo ya de Santiago. Hoy no veo la salida tan idílica como ayer. Debe ser que estoy reventado. Sin duda debía haber hecho caso a Paolo y seguir aquello de “Vosotros mañana Santiago, no Fisterra”. Pero por una vez creo que estoy en lo correcto. Aunque no veo a Alessandro, ni a Saúl. A Mauro entiendo que no lo veo por que, según entendí, iba a salir temprano.

caminodia32_0

Me encuentro con los primeros peregrinos. Son personas que empiezan hoy. Todos empiezan hoy. Maldita sea. O los que han llegado conmigo han salido más temprano o esto no hay quien se lo explique. En muchos de los casos es su primer camino. Mejor no le digo lo que me dijeron en la oficina del peregrino ayer. No te lo conté a ti tampoco es verdad. Resulta que este camino no es camino. Vamos, que pides una credencial en la oficina donde dan la Compostela y te mandan a la oficina de turismo refunfuñando. Al final muchos hemos decido coger el papel que te dan pero vamos a ir sellando en la credencial que traemos todo el camino. Dicen que hay que sellar una vez a mitad de ruta y otra al final. No me voy a obsesionar pero voy a intentar hacerlo. Para esto la credencial con publicidad. La otra sólo ira con sellos, como hasta ahora, de donde duerma. Me quedan pocos huecos. Unos cinco como mucho. Si hay un albergue con sello grande estoy jodido. Ah, se me olvidaba contártelo. En Fisterra te dan la Fisterrana y en Muxía la Muxiana. Son dos documentos que expide, en el primer caso, el albergue público y en el segundo una oficina de turismo. Es real, esto poco tiene que ver con la Iglesia. Se entiende que no te den una credencial de peregrino para este, como se llama en muchos libros, epílogo.

caminodia32_1

Voy caminando por bosques. Hoy me he encontrado a un par de personas con caballos como los que vi en Ferreiros. Están entrenando con ellos para dar paseos a turistas. Van dos personas. Agradezco no vivir en tiempos de forajidos. Contra un caballo no hay escapatoria. Ellos corren más que tu. Ya noto como voy recuperándome. Lo de ayer fue épico. Que bien lo pasamos. Jajaja. ¿Dónde estarán Saúl y Alessandro? Bueno, yo voy a parar en este bar. Me falta ya el bocadillo de jamón. Entro, me pido mi bocadillo y mi refresco. Me siento y a lo lejos veo a dos peregrinos que van como hablando entre ellos. Tienen la misma cadencia que yo… Efectivamente. Son Alessandro y Saúl.

– ¡Buenos días amigos!

– Buenos días Miguel, buena idea la tuya. Vamos a parar aquí a tomar algo. Se me está haciendo larguísima la etapa.

– A mi también me pasa.

Son pocos kilómetros pero se hace largo. Tomamos algo mientras vemos a un grupo de lo que parecen niñas scouts con sus padres y madres que nos toman la delantera. Bueno, no hay prisa. Hoy no. Todos los que estamos a esa mesa todavía estamos un poco reventados. Nos damos cuenta, yo al menos, por primera vez en el día de que seguimos caminando después de setecientos setenta y cinco kilómetros.

Al principio, cuando conocí a Saúl, pensaba que venía a acompañar sólo unos días a Alessandro. Yo creo que una vez empiezas es muy complicado dejarlo a mitad. Salvo que tengas un compromiso ineludible. Alessandro se acaba de licenciar y no sabe, como la mayoría de licenciados Españoles, donde se va a desarrollar su futuro. Saúl y Alessandro son amigos desde tiempo inmemorial. Éstas podrían ser las últimas vacaciones largas juntos. La verdad es que los dos tienen cada puntazo que te partes de risa. Son geniales. Me alegro de tenerlos de compañeros en este tramo.

Nos levantamos de ese bar y seguimos caminando. Un poco más tarde vemos un gran puente y por debajo de él un río, sobre el río varios molinos. Es un entorno muy de cuento. Se trata de Puente Maceira. Le tiramos fotos, digamos que no sé que capacidad tenemos para retener recuerdos hoy… jajaja. Está claro que esta parte es la más bonita de la etapa de hoy. Durante el principio hemos tenido una vista espectacular de Santiago. Alejarse de la ciudad que era nuestro destino durante el camino tiene algo de especial.

caminodia32_5

caminodia32_2

Queda poco para llegar a Negreira. Saúl y Alessandro, que van más rápidos que yo toman la delantera. Nos vemos enseguida, no me voy a despedir. Paso por debajo de un puente donde miro mi móvil. Me voy a perder un rato de camino pero acabo de ver que he mandado, sin querer, un mensaje a un amigo. Le comento qué estoy haciendo y que mi móvil en un momento dado se ha vuelto loco. De esta manera rompo mi circulo de confianza aunque tengo claro que no quiero publicar nada en ninguna red ni comentar con nadie más que los que he elegido yo que estoy de camino a Fisterra. Es un camino personal. Lo hago para disfrutarlo.

caminodia32_3

Poco después, tras pasar algunos poblados, llego a Negreira. Varios peregrinos me comentan que no hay plazas en el albergue público, que no hace falta que continúe andando hacía él. No es que no me los crea pero hoy quiero llegar a este albergue y si no hay plazas volveré sobre mis pasos. Por lo menos así mañana sé por donde va la ruta. En el pueblo hay como un muro con arcos, hay que pasar por debajo de él para llegar al albergue que está a las afueras del pueblo.

caminodia32_4

Ya pasado el pueblo, en un puente, me encuentro a Daniele, Sarah y Beth. Están caminando también a Fisterra. Ellos creen que no van a Muxía. Todo se andará. Poco a poco. Me aseguran que no hay plazas en el público. Bueno, ya que estoy aquí voy a verlo con mis propios ojos. El albergue se encuentra al final de una gran cuesta. Pequeño, acogedor. Efectivamente, está lleno. Consigo agua y descanso un momento antes de afrontar la búsqueda de albergue. Es más, voy a ver el que recomiendan en el público. Allí veo anuncios de todos los albergues del pueblo así que no hay forma.

Vuelvo a Negreira. Cuando voy a entrar al primer albergue me encuentro una pareja que sale de allí echando pestes sobre el precio de la cama. No puede ser. Voy a lo seguro. Miro en la guía y hay un albergue con muy buena calificación. Esta es la mía. La pareja parece que también tiene buena referencias de este albergue. Debe ser bueno entonces. Me encamino hacía allí. Paso por enfrente de otro donde me paran para decirme que están de oferta. Muy barato es verdad. Entro y veo una gran habitación. Allí están todos los peregrinos. Bueno, chico, gracias, me mola tu rollo pero hoy prefiero ir a lo seguro. Ayer dormí a todo lujo, no puedo cambiar de calidad con tanta rapidez. Algo no me olía bien en ese lugar.

Llego a mi albergue privado y consigo mi cama. Varios baños, varias duchas. Esto es un lujo. Aunque parezca mentira, no es fácil encontrar albergues que cuenten con más de dos inodoros. Algunos sólo tienen uno para hombres y otro para mujeres. En particular, el más barato que el tipo me vendía como algo genial, sólo tiene un baño. Hice bien en descartarlo.

Me meto en el baño para ducharme y todo lo que veo me suena de antes. Tengo una extraña sensación de Déjà vu. No sé muy bien por que me pasa esto. Antes de venir no he visto ningún vídeo sobre el camino a Finisterre y en estos no suelen enseñar hasta este detalle los albergues. El cerebro debe andar jugándome una mala pasada. No lo atiendo mucho pero me deja un poco roto.

Cuando ya vuelvo a estar operativo miro mi móvil. Mis compañeros están en el mismo albergue que Mauro. Precisamente el albergue más barato. Cuando se han querido dar cuenta de la jugada ya era demasiado tarde. Digamos que ninguno de los cuatro estamos en nuestro mejor momento. Nos vemos en un bar para quedar a comprar algo en el supermercado. Mañana toca una etapa larga de nuevo y más vale llevar provisiones encima. Después de hablar un rato entre nosotros nos damos un tiempo para descansar antes de cenar.

caminodia32_6

A la hora de la cena nos volvemos a ver. Preguntamos a una señora que hay por la calle y nos recomienda un restaurante. Entramos y es un bar normal y corriente. Nos atiende otra señora. El menú está a buen precio. Le pedimos dos platos y postre. Estamos hinchados no lo siguiente. La mujer nos había dicho que el único problema que tenía era la cantidad de vino que ponían. Pero la verdad… creo que hace tiempo que solucionaron este problema.

Hoy Mauro me ha dado una clave en la que no había pensado. Ya sé como voy a mostrar las fotos de mi camino. Cuando llegue el momento te lo contaré. De momento prefiero que sea un secreto. Va a ser de una forma especial para gente que ya haya hecho el camino antes. Es un poco raro pero creo que podrá funcionar.

Al salir del bar llovía y la niebla cubría la ciudad así que hemos decidido que “cada mochuelo a su olivo”, quiero decir, que nos íbamos a dormir. Mañana hemos quedado para desayunar. Mauro quiere salir antes así que no lo esperaremos. Parece que Mauro quiere hacer este tramo a solas.

Todavía no sé que hacer, si ir primero a Fisterra y después a Muxía o al revés. Mauro dice que va primero a Fisterra y después a Muxía por que en su papel lo pone así. Alessandro y Saúl tienen claro que el último día lo quieren pasar en Fisterra, viendo el atardecer. No sé que hacer. Me gustaría acabar en Muxía para acabar el camino cumpliendo la promesa hecha a mi compañero Alexander.

Me meto en la cama, tengo una lámpara para mi solo pero no quiero molestar a nadie. Apago mi luz y a dormir. He dejado mi ropa colgada en mi cama por que no me fiaba del tiempo así que aunque esté mojada mañana ira de nuevo a la mochila. No estoy para perder nada.

Mañana más.

Share

Día 31: Santiago de Compostela

4 de octubre de 2013

Hola!

Estoy que me caigo de sueño. Mejor te cuento el día cuanto antes.

Lo primero que hice nada más levantarme fue ir a la catedral de Santiago a darle el abrazo al santo y a visitar su cripta. Las colas de ayer se habían disipado y tuve tiempo de vivir estos dos momentos. En ellos recordé a todas las personas que me dijeron, antes de irme, que le diera un abrazo al santo de su parte. El primer camino hice este gesto también pero no tuve las mismas sensaciones. Creo que aún hoy tengo los sentamientos demasiado a flor de piel. Ha sido un momento de mucha tranquilidad. Por cierto, había un cartel en la puerta que prohibía la entrada a la catedral con mochilas. Prohibición que parece que comienza hoy.

Finalmente hice caso de lo que me dijo Emmanuel y me probé. No perdía nada por ver como comenzaba el camino a Fisterra. A las diez de la mañana salí en su busca. No dude en preguntar varias veces. Con mis chanclas y sin mochila descubrí que aquel camino pintaba muy bien. Un epílogo que la Iglesia ya no reconoce como Camino de Santiago. La verdad, es que en aquel momento pensé en lo bien que me vienen ahora mismo 4 días más de caminata. Podría trabajar todos los sentimientos que han explotado, de golpe, en Santiago. Me gusta la idea de caminar sin la presión creada por mi mismo de la comunicación. Si finalmente me voy lo sabrá solamente mi familia. Voy a intentarlo. Necesito saber si va a llover tanto como esta mañana a primera hora y si mis botas aguantarán el maltrato. Esta tarde preguntaré en el hotel por una tienda donde puedan mirarme las botas y si todo está bien marcharé.

caminodia31_0

A la vuelta de la mini escapada he visto a alguna peregrina que iba hacia Fisterra y a un peregrino que conocí en Roncesvalles. Este peregrino me comentó que se iba a pasar unos días en Pamplona por que admiraba lo que Hemingway decía de esa ciudad. Al llegar a la catedral veo a nuevos peregrinos. Cristina, Pino, Righi, Giovanni… Todos los peregrinos que no veía desde mi salida de León están aquí hoy. Mauro también acaba de llegar. No podemos hablar, ni ellos, ni yo. Todos, sin excepción, estamos emocionados. No nos hacen falta las palabras. Con las miradas nos sobra para saber que a todos nos ha tocado la experiencia. Yo sé que voy a estar conectado con ellos y ellas. Ayer no fue fácil despedirme de Mike y hoy se me hace cuesta arriba ir despidiéndome de estos peregrinos aunque no nos llegamos a despedir todavía. Algo me dice que hoy me los volveré a encontrar.

Todos entramos en la misa del peregrino de las doce del mediodía esperando ver el botafumeiro. Nos llevamos una lección evangélica de parte del cura que oficia la misa. Critica la insolidaridad de la Europa que tanto se vanagloria en llamarse solidaria, lo hace en referencia a la muerte de unos inmigrantes en los mares de Sicilia. Del botafumeiro, eso sí, no vemos ni rastro. Bueno, habrá que volver esta tarde. Algún peregrino que llevaba años sin entrar en una iglesia sale de allí echando rayos y centellas. Aprovecho que estamos todos para tantear el terreno. ¿Quién está pensando seguir hasta Fisterra? Alessandro, Saúl, Righi, Cristina, Mauro… quieren acabar la aventura allí. Esto significa que tengo lo primero. Gente que conozco y que lo va a hacer. Esta tarde descubriré si tengo botas para poder hacerlo.

caminodia31_1

A mediodía, justo después de la misa, nos hemos juntado Diego, Sergio, Silvia, Paolo… los que estuvimos cenando ayer juntos, para tomar algo. Nos encontramos con un relaciones públicas que nos dice que nos invita a algo y cojemos la tarjeta sin mucho ánimo. Buscamos un sitio y en una esquina encontramos un bar majo donde poder tomar algo. Cuando ya estamos sentados entra el relaciones públicas y se pone en la barra. Menuda coincidencia. ¿Sabes? Después de 30 días andando todos lo echamos en falta. Debe activarse la parte nómada de nuestro cerebro.

Después de comer algunos se van a descansar y otros nos quedamos dando vueltas por la ciudad. Llegamos a un bar con wifi para que la gente pueda tener Internet y gestionamos un poco nuestra vida, la que ha ido estos días paralela a nuestro camino. A la que hemos atendido sin mucha gana para intentar centrarnos en una aventura que no sabemos si podremos repetir. Algo está claro, no será igual. Ningún Camino es igual a otro. Incluso entre nosotros, cada uno ha vivido su propio camino.

caminodia31_2

Me despido un momento de mis compañeros, tengo que ir al Hotel a cambiar de habitación y ver lo de mis botas. Esta mañana, antes de salir, dejé mi mochila y mis botas en recepción. Al llegar me asignan una habitación más pequeña y más barata para esta noche. Subo mis cosas, me ducho y bajo con las botas a ver que se puede hacer. El hotel está alrededor de una plaza. Alrededor de esa plaza hay varias tiendas de deportes y una armería. Entro en la primera tienda de deportes y sólo veo zapatillas para correr, nada de botas de montaña. Entro en la segunda tienda, igual. Tendré que ir a la armería. Sí, a mi edad, no sé lo que es una armería pero hoy lo voy a descubrir. Paso por la puerta. En el escaparate se ven cuerdas de escalada, cascos, esto pinta bien. Entro y veo a dos tíos bastante grandes.

– ¡Hola! ¿Es aquí la Armería?

La verdad es que está un poco perdida. Se entra por un pasaje que tiene al final una puerta.

– Claro, ¿No lo ves? Antes de que lo preguntes… sí, son de verdad.

Señala unas armas que hay en distintos mostradores. ¿Armas? Yo pensaba que esto era una tienda de montaña. Busco botas de montaña y encuentro así que continuo con mi intención. Les muestro mis botas.

– Perdona. ¿Quería saber si estas botas siguen valiendo para algo?.

Se las dejo, las mira. Mis botas, no te hable ayer de ellas, están rotas. Hay una parte totalmente quemada tras cerca de mil kilómetros. Durante la preparación esas botas hicieron alrededor de doscientos kilómetros y hasta aquí han sido cerca de ochocientos.

– Si hay agua en la ruta puede pasar dentro. La humedad acabaría por pudrir la bota.

Ayer cuando llegué a Santiago y me quite las botas pude observar como al ponerlas boca abajo salía agua. No toda el agua entro desde los pantalones. Parte de ese agua venía del suelo. Está claro.

– Entonces, disculpa, ¿Si no llueve puedo caminar?

Si no llueve sí. ¿Qué quieres hacer?

Le explico de donde vengo y hasta donde quiero llegar.

– ¿Con estas botas?

Sí, el tipo de la tienda no quiere creer que sea capaz de caminar con ellas cerca de ciento veinte kilómetros más. Visto que esa es mi intención los tipos me desean suerte y me dan una información que no tenía.

– Al menos vas a tener suerte. Parece que no te va a llover. Dan cuatro días de bueno. Pero si llueve como hoy yo de ti cortaba la aventura en el momento. Ten cuidado. Buen Camino.

Tomo nota y lo pongo en mis condiciones. Mañana, sí, mañana, con pronóstico de día soleado, salgo hacía Fisterra y Muxía. El Faro y la Virxe da Barca me esperan. Allí, en Muxía, acabaré mi camino haciendo una ofrenda prometida a Alexander antes de que volviera a Argentina. Son cuatro días más y no voy a volver exclusivamente para hacerlo. Eso sí, si el tiempo se tuerce no podré caminar. Me tocará volverme o esperar unos días hasta que se pase el temporal. Algo improbable.

Se me olvidaba. Antes de llegar a la Armería me he vuelto a encontrar con Jonatan y con la gente que conocí en Villafranca. Hemos intercambiado contactos para no perdernos la pista. Todos, que me vieron bien jodido, están sorprendidos de que haya llegado un día antes que ellos. La verdad es que ha sido una aventura genial. Dejo mis botas en el hotel, me ducho y descanso un poco para poder sobrevivir a la fiesta que nos vamos a pegar esta noche.

Me despierto antes de la misa de la tarde y voy a verla. Allí veo por primera vez a Francesco. Me ha enseñado una foto de un doble arco iris que me ha dejado impresionado. Con esa visión han llegado los peregrinos hoy a Santiago. Después de una buena tormenta, eso sí. Han entrado con una vista más bonita que la nuestra pero la tormenta que les ha caído ha sido igual que la nuestra. Sin duda, nos hemos ganado, todos, estar aquí hoy.

Entramos a la misa. Están todos los bancos ocupados. La gente se empieza a sentar en las escaleras de entrada. Aún viendo el botafumeiro ayer, a mi llegada, hoy se muestra más impresionante. Toda la gente saca sus cámaras y capta el momento. Es algo tan peculiar que, al final, me he fijado más en la gente que captaba el momento que en el momento que estaba viviendo. Está claro que para mi el botafumeiro es lo que vi ayer al llegar a Santiago.

caminodia31_3

Llega la noche, en la puerta de la iglesia ya me despido de todos los peregrinos que han hecho el camino conmigo. No sé si los volveré a ver en los bares esta noche. La despedida se repite cada vez que los veo hasta que nos hartamos de despedirnos y ya simplemente, cuando nos vemos, nos deseamos buen camino. Ya no nos referimos al que hemos andado… sino al de la vida y a futuros caminos que emprendamos.

El grupo del que ya formo parte sale dirección calle Franco. Aunque en realidad es más conocida con otro nombre. Es la calle donde se desarrolla el París-Dakar. ¿Un nuevo reto para el peregrino? Digamos que un ritual. ¿Una etapa dura? La que más. No sé conoce a nadie que la haya podido terminar de pie. ¿Pero esto de que va? Muy sencillo. La calle Franco está llena de bares. El primero de ellos se llama París y el último Dakar. O al contrario. Al final va a dar igual como lo hagas. No vas a poder terminarla. No hay manera. Lo hemos intentado pero no nos ha sido posible.

En el primer bar perdemos a Ulrike de vista. Silvia nos cuenta que se ha ido a bailar salsa. Le encanta la salsa. Cuando ya llevamos un rato de bar en bar Saúl pregunta ¿Dónde está Ulrike?. Todos nos miramos e incluso él se ríe de su pregunta. La verdad es que no lo sabemos. Después del primer bar la hemos visto un par de veces.

Mauro y Bruno se despiden. A Mauro lo veré mañana por que dice que va a Fisterra a pie. Se va a dormir ya por que no se fía de nosotros. A Bruno no tengo tan claro que vaya a volver a verlo así que la despedida es más real. Ha sido una buena compañía durante todo el camino. Mañana irá en bus para Fisterra. Si le gusta se quedará unos días y vuelta al hogar. Saúl y Alessandro se quedan tocados. Bruno les ha acompañado todo el camino. Es una despedida bastante emocionante.

caminodia31_4

Desde luego algo está claro, ninguno de nosotros quiere pasar mucho más tiempo en Santiago, bueno, miento, Paolo dice que se va a quedar tres días más. Le ha gustado Santiago de Compostela. No sé si la ciudad o el ambiente universitario presente en cada bar. Ya fuera de la ruta de bares para tapear, en una especie de pub, Paolo, viendo como íbamos todos los que mañana vamos a salir a Fisterra nos ha mirado y señalándonos ha dicho:

– Vosotros… mañana Santiago, no Fisterra. Jajaja.

Nos hemos mirado todos y no hemos podido evitar reírnos. La verdad es que levantarse mañana va a ser un reto. Por suerte la primera etapa no es muy larga y ya no hace tanto calor como los días de Castilla. Podremos salir sobre las once de la mañana y descansar un poco esta noche. En el último bar donde nos lleva una estudiante de Santiago suena el himno gallego. Veo a una persona emocionada que se lo sabe de memoria. Me fijo un poco más. No, no está emocionado. Está más borracho que el copón. Empiezo a mirar la decoración del bar donde nos encontramos. Esto… esto… os espero en la puerta chicos. Aquel bar parece una Herriko Taberna. Mis amigos desaparecen de allí sin hacer ruido.

Está a punto de amanecer. Acompaño a Saúl, Alessandro, Diego, Sergio y Silvia a una calle a partir de la que ya van solos al apartamento que han alquilado allí. Toca despedirse de nuevo. A Alessandro y Saúl los veo mañana pero el resto ya tienen la vuelta pillada. Gracias por vuestra compañía y por dejarme el espacio necesario en mis cuatro días de llegada a Santiago de Compostela. Sin duda me hubiera gustado tener más momentos con ellos. Hubiera estado genial la verdad. Son todos Españoles así que seguro que los veré en alguna ocasión más.

caminodia31_5

De camino a mi hotel noto como se me humedecen los ojos. Es inevitable emocionarse. Han pasado más de 24 horas desde que llegué a la plaza del Obradoiro y sigo emocionándome. Espero tener la fuerza necesaria mañana para levantarme y andar hasta Fisterra y Muxía. Necesito andar esta emoción.

Hasta mañana.

Share

Día 30: De O Pedrouzo a Santiago de Compostela

3 de octubre de 2013

No sé como saludarte hoy. ¡Joooder! Sííí… ¡Lo he conseguido!

Acabo de terminar el Camino de Santiago. Llevo 30 días caminando sin parar desde Saint Jean Pied de Port. No, no tengo palabras todavía para describir la emoción que siento dentro. No tengo palabras todavía. Es muy pronto tío. Lo he comentado con otras personas que han hecho el camino completo y no las encuentran tampoco. Ni pasados los años. No hay forma. Esto es una pasada ¡Claro que sí! Lo he conseguido. Después de dos meses sin salir de marcha ni un día, de pasarme todo el verano entrenando los siete días de la semana. Después de una ampolla que estuvo a punto de dejarme fuera de juego, después de una noche en la que me excedí bebiendo, después de 1250 metros de ascenso el primer día, de niebla bestial en O Cebreiro, de lluvia, de los 46 kilómetros de León a más de 30 grados… estoy aquí. No tengo palabras, ¡Claro que no!. Tras dejar en el camino a algún compañero para que se fuera a su casa, para que se tomara un descanso de algún día, tras esta cortina de agua que hoy nos ha recibido… tocar la concha de la Plaza del Obradoiro. Sin palabras. Sólo las lagrimas que invaden todos los ojos de los peregrinos explican el sentimiento que le hemos puesto todos a esto. Ahora es cuando todo lo sacrificado toma sentido. Hoy no me he preguntado que había que hacer. Algo dentro de mi ha decidido que debía arrodillarme. Poner mi mano sobre esa concha y dar gracias por toda la experiencia vivida. ¡Claro que sí!.

Levantarme y ver a Mike viniendo hacia mi sabiendo que él sabe lo que siento en este momento ha sido… muy grande. Gracias por dejarme pasar a la plaza a solas tío. No sé que habrás hecho. No has tenido tiempo de ir a ningún lado. Tengo claro que me has dejado a solas por que así es como creías que debía terminar mi camino. Gracias Mike. ¡Qué sensación!

Te cuento el día pero vamos… con esta pequeña nota yo ya estoy servido.

Esta mañana a las 6 de la mañana se han levantado los primeros peregrinos. En el exterior se escuchaba el viento, la lluvia y de vez en cuando un trueno. A las siete de la mañana hemos empezado a salir nosotros. No nos hemos quedado retozando en la cama. Simplemente hemos descansado un poco más. Fuera ya no llovía pero se hacía notar que la tormenta había sido bastante fuerte.

Sin desayunar no íbamos a andar un metro. En la cafetería donde hace dos años tomé mi almuerzo antes de entrar al albergue me siento con Saúl, Alessandro, Bruno, Diego, Sergio, Silvia y Ulrike. Mi intención es llegar con ellos a Santiago. Una tostada, una taza de leche con Cola Cao, último desayuno del camino en muy buena compañía. En la compañía que yo quería tener. La que deseaba anda en Argentina, en el camino primitivo o en Santiago. Es complicado acabar el camino con gente conocida del primer día. ¿Cómo? Si Alessandro y Bruno son conocidos desde el primer día. Si Beto, Aline y Cristiano son conocidos del primer día y así muchos más que sé que hoy han dormido en O Pedrouzo. Mañana seguro que llega el resto de la gente a la que no veo desde antes de León. Así de caprichosa es esta aventura.

Salimos de la cafetería y siguiendo las conchas y las flechas nos adentramos en un bosque de eucaliptos. Hace dos años había caballos. Eran las fiestas del pueblo y se podía ver una exhibición con caballos. Hoy el bosque solo es para los peregrinos y el viento que lo inunda todo. De repente se escucha caer una rama. Sergio mira a su espalda y nos grita.

– ¡Joder! Mirad. Eso ha estado a punto de caerme encima.

Señala en el suelo algo que más parece un tronco que una rama. No puede ser. Debe estar de broma. Su tez blanquecina no engaña. Madre del amor hermoso. Este bosque es más peligroso de lo que yo pensaba. La verdad es que mientras caminas ves troncos en el suelo. Yo pensaba que eran resultado de un día de mucho viento o de alguna poda para cuidar el bosque. Nunca había pensado que sin ton ni son una rama podría caer de uno de los árboles. Supongo que la tormenta de las seis ha sido muy fuerte y ha dejado esa rama a punto de caer. Un golpe de viento y zas. Al suelo.

Con Sergio un poco más tranquilo seguimos caminando. De repente noto como el grupo toma un ritmo bastante alto. Decido no seguir esa velocidad. Me despido de ellos con un “Buen Camino”. En este momento es donde he dudado que podría entrar con ellos a Santiago. Durante todo el Camino ellos han llevado un ritmo más alto que el mio. Yo voy relajado y sin prisas. Esta vez no quiero perderme nada. Y, como ya dije antes, cuando voy cansado sólo puedo mirar el suelo mientras ando y me pierdo el paisaje.

caminodia30_1

El resto del camino lo he hecho solo a un ritmo constante. Me he hecho una foto en la piedra que da la bienvenida a Santiago. Algo que no hice la última vez aunque vi a mucha gente hacerlo. He redescubierto el paisaje que recordaba bastante lleno de hormigón como un pasaje por un bosque de impresión. No sé si te lo he comentado antes pero estos últimos días han sido como un repaso rápido a todos los paisajes del principio.

caminodia30_0

caminodia30_2

Justo antes de pasar por Monte do Gozo se ha puesto a llover. Primero flojo y luego a un nivel que era preferible quedarse en un bar. En Monte do Gozo he visto a Bruno. Ya más o menos nos comunicamos. Él ha entendido perfectamente que seguía camino y yo he entendido perfectamente que todo el mundo estaba allí esperando a que dejará de llover tan fuerte para seguir. Me despido de él con la seguridad puesta en que me van a alcanzar antes de llegar a Santiago.

caminodia30_3

Empiezo a bajar la cuesta de Monte do Gozo. Saco como puedo el móvil y le escribo a Mike. La lluvia no cesa, se vuelve más intensa y el viento racheado hace imposible protegerse. A la llegada a Santiago voy todo el tiempo por la acera. Miro el cartel con el que me di un golpe la última vez y pasado este en el primer bar que veo me meto.

– ¿El servicio?

– Sí. Abajo.

Bajo al servicio a secar un poco mi ropa y subo de nuevo. Gracias.

– Muchacho, espérate que está lloviendo mucho.

No escucho bien la advertencia. Salgo fuera. Abro los brazos. Ya estoy en Santiago. Me estoy mojando pero me da igual. Me empieza a dar la risa a mi solo. Algunos peregrinos igual de locos que yo me miran y parece que no entienden nada. Llego a la calle que te da acceso a la catedral siguiendo las flechas amarillas. Estoy ya a punto de llegar, no me lo puedo creer. Al pasar por la puerta de la Iglesia veo como el botafumeiro vuela sobre las cabezas de los que, dentro, asisten a misa. Me quedo un rato mirándolo. Es pura magia que haya llegado justo en este momento. Salgo de la pelotonera que se agolpa en la puerta. Justo en el arco que da paso a la plaza me encuentro con mi compañero de camino Mike. No puedo creerlo. Él tampoco. Asegura que es una coincidencia pero que va a la iglesia. “Nos vemos ahora Miguel”. Lo dejo ir. Paso frente al gaitero que me ve y toca una canción que no puedo recordar. Con este sonido en la cabeza paso a la plaza. La emoción se adueña de mí. Sé lo que quiero hacer, no me hacen falta claves. Llego al centro de la plaza. En ella una concha. Me arrodillo. Doy gracias agachando la cabeza y la levanto totalmente emocionado. Ante mí, el destino de todo peregrino que hace el Camino de Santiago. En mí, la visión de un peregrino. No hay palabras, ya te lo dije. Me levanto, emocionado y veo como llega Mike a mi lado. “Gracias por dejarme pasar a la plaza solo”.

caminodia30_4

caminodia30_5

Sueño cumplido. Fin de trayecto. Se lo digo a Mike. Había pensado muchas veces seguir hasta Fisterra y Muxía pero esto es el final para mi aventura. Es un final genial. Me viene a la cabeza todo lo que te he comentado antes. No hay más que hacer. Es una pasada poder hablar con él después de veintiún días sin verlo sólo comunicándonos a través del móvil. Él también cree que el Camino de Santiago es una experiencia brutal.

Con estas sensaciones nos despedimos hasta la hora de la comida, quedamos en hablarnos. Yo tengo que buscar alojamiento, ducharme… pero antes de nada voy a darle un abrazo al Apóstol Santiago. Entro en la catedral todavía emocionado y veo a Hwang. Lo saludo sin palabras pero él me comprende. No obstante creo que llego ayer por que lo veo muy fresco ahora. Me pongo en la cola pero es muy larga y yo me estoy congelando. No tengo tiempo que perder. Tengo que ducharme cuanto antes. O quitarme las botas al menos. Cuando estoy saliendo de allí veo a Ming. Tampoco puedo decir nada pero ella entiende lo que se mueve dentro de mi. No hacen falta muchas palabras entre peregrinos. Así que el idioma, al final de la experiencia, digamos que no es lo más importante.

caminodia30_6

Salgo de allí y me voy directo a la oficina del peregrino. Allí me quito las botas y las escurro un poco. Me pongo las chanclas mientras hago cola. Estamos en un patio donde me viene a la memoria la última vez que estuve aquí. Este lugar fue el lugar donde me emocione al llegar a Santiago. Vi a gente tan emocionada que se me pego. Esta vez ya vengo emocionado. Recojo mi Compostela. Este papel que puedes conseguir haciendo más de cien kilómetros a pie que a mi esta vez me han supuesto setecientos setenta y cinco. Cuando me preguntan mi profesión les digo que estoy en el paro aunque soy informático. El tipo me mira y me dice.

– Informático.

Así queda escrito en el registro del peregrino de Santiago de Compostela donde te ponen el último sello. El sello de la catedral de Santiago.

caminodia30_7

En la oficina de turismo consigo una habitación individual en un hotel cercano. Cuando llego al hotel veo a una persona en los sillones como durmiendo. Debe ser alguien que se va. Ese gorro me suena pero bueno… a la ducha amigo. Me ducho, lavo mi ropa y salgo para afuera. La persona del gorro sigue allí acostada. No puede ser. Lo miro bien.

– ¡Emmanuel!

– Ah, ¡Hola Miguel! Estoy esperando a que se haga la hora para tomar mi avión.

– ¿No vas a comer?

– Claro, amigo. Vamos a comer.

Se incorpora y sin esfuerzo me acompaña por la calle principal de Santiago donde veo a Mike. Poderosa coincidencia.

– Ven a comer con nosotros Mike.

– ¡Claro!

Entramos en un bar que Emmanuel dice que le suena bueno y pedimos pulpo, pimientos de padrón y algún plato más. Comida típica de Santiago de Compostela. Levantamos nuestras copas y brindamos por todos los peregrinos. Emmanuel nos cuenta que es capaz de ver en el rostro a quién le ha llegado el Camino y a quien no. Dice que esta mañana en el desayuno lo notaba. Es verdad. Hoy en Santiago hay peregrinos que no tienen el mismo semblante que yo, que Mike o que Emmanuel.

Después de esto Emmanuel nos deja para recoger sus cosas y pillar el avión. Le deseo buena vuelta. Nos quedamos Mike y y yo por Santiago. En la calle principal nos para una muchacha para ofrecernos una degustación de galleta y de tarta de Santiago. La probamos. Nos metemos. Mike empieza a pedir cosas para probar como interesado en comprar y nos ponen de todos. Si lo sé como aquí. Pienso yo. Mike lo prueba todo, brindamos por la experiencia. Finalmente compra algo. Nos despedimos hasta por la noche para cenar. Vuelvo al hotel. Al llegar veo a Emmanuel. Le confieso que no sé si ir o no a Fisterra ya que llueve a cantaros y que antes de irse tiene que dejarme su dirección de correo electrónico. Una persona así no se conoce todos los días.

– Sin problemas Miguel. Sobre lo de Fisterra. Por el tiempo no te preocupes. Igual cuando empieces a caminar se despeja y el sol te acompaña.

Estas palabras se me quedan grabadas en la mente. Ahora sí, toca despedirse. Le doy un abrazo y lo dejo yendo a un autobús dirección un avión. El final de su camino. Un peregrino al que vi despedirse de manera amable en uno de los albergues. Tanto por aprender. Gracias por estar en mi camino.

Bueno, toca ir a la peluquería. Llevo más de 30 días sin cortarme el pelo y sin afeitarme. Entro en una cercana al hotel. Aquello parece de película americana. Un peluquero y una peluquera me atienden. Me siento y le digo lo que quiero. Un afeitado no, se me va de presupuesto. Le pido que me pase la máquina por la cabeza y por la barba. El precio que me hace es casi el mismo que si me hubiera afeitado con cuchilla. No lo entiendo. Sólo tenía que pasar la máquina. A la salida me encuentro con Cristiano. Lo saludo. Se le corta la emoción al verme recién pelado.

– ¡Te has cortado el pelo!

– Sí. Jajaja.

– Bueno. Bienvenido a Santiago Miguel

– Igualmente Cristiano. Nos vemos esta noche por los bares.

– No lo dudes.

O esto parezco entender. Me salen las palabras pero lo justo. Subo a mi hotel antes de irme de cena con Mike, Saúl, Alessandro, Diego, Bruno, Paolo, Silvia y Ulrike. No te lo he dicho pero a Paolo me lo he cruzado mientras hacía la reserva de la habitación individual en la oficina de turismo. Aprovecho este momento para hablar con mi madre. Llevo 30 días sin hablar con ella por teléfono. ¿Sabes? En aquel momento no sabía lo que me pasaba. Por que estaba tan emocionado pero me acabo de dar cuenta de una cosa. Creo que he pensado en la cantidad de esfuerzo que ha volcado ella en mi y mi hermano. Ser consciente de este esfuerzo y no saber muy bien como se mide el éxito en esta tarea. Quizás simplemente que tus hijos sean honrados es suficiente recompensa. No lo sé.

He vuelto a ver a mis compañeros para la cena. Nos hemos saludado. Nos hemos dado la enhorabuena y después de pasar por un bar que parecía de buena tapa… hemos ido a “Los Manolos”. Un clásico en Santiago, al menos, para los peregrinos. Mike y yo nos hemos sentado uno enfrente del otro. Realmente a mi era la única persona a la que parecía conocer. Se lo he presentado a toda la mesa y bueno, la verdad es que he estado toda la noche hablando con él. Sabía que al resto los iba a ver mañana.

Mike me invita a acompañarlo a ver a un amiga que ha conocido en el camino. Me encuentro con Beto, Aline y Cristiano. Aprovecho para despedirme de ellos. La verdad es que la forma de llamarme que tenía Beto tardaré mucho en olvidarla. ¡Italiano! Esta noche sigue bromeando con eso. Está claro que el camino le atrapo hace muchos años y hoy le sigue atrapando. Sabes, ya sé como se dice felicidades en Brasileño. Parabéns. Es lo que más repetían los tres al verme. ¿Sabes lo curioso de los brasileños? Qué en Foncebadón en un mapamundi que había me señalaron de donde era cada uno. Viven separados por varias Españas.. Una visita para verlos significa cuatro vuelos. Está claro que se han conocido en el camino y han hecho buenas migas. Son geniales. Me emociono al despedirlos pero sé que han vivido su experiencia.

Mike y yo seguimos camino. Llegamos a un bar donde nos recibe una mujer que está con la pareja de Nueva Zelanda. Los saludo. Ellos están muy cansados. Les pregunto si van a ir a Fisterra. Se lo están pensando. Entre mañana o pasado lo decidirán y saldrán. Mike los conoce. Al parecer se acompañaron parte del camino hasta que Mike decidió ganarle otra etapa al Camino. Son muy buena gente. No sé si los volveré a ver así que me despido de ellos con un Buen Camino.

A la vuelta Mike y yo nos encontramos un cartel donde se puede leer “Pecados”. Después de pasar por el pórtico de la gloria, donde se te limpian todos los pecados, nos parece tan gracioso ver este cartel que nos ponemos cada uno a un lado y tiramos una foto. No perdemos el sentido del humor. Al llegar a la plaza de la catedral. Mike se despide de mi. Has sido una gran compañía. Todos los días me enviaba donde se quedaba, donde dormía, donde comía… por si yo quería llamar por teléfono para reservar sitio o quedarme allí. Fue determinante en mi elección de ir a Samos. Sin el monasterio disponible me lo habría pensado. Ha sido una pasada. Gracias por todo Mike.

caminodia30_8

Cuando me despido de Mike, veo llegar a Lizzi. La chica de México. Viene de Fisterra. No puede ser. Me para. Me advierte de que no ha lavado sus ropas. Venga, ahora con esas, me abraza. Aprovecha para enviarle un mensaje a Leo antes de pillar su vuelo. Esto si que no me lo esperaba. Ella llego aquí hace tres días. Ha hecho el viaje a Fisterra y directamente, sin hacer noche allí, ha vuelto a Santiago. No hay otra explicación.

Vuelvo a mi hotel en soledad. Mi habitación me espera. Y bueno, mañana nos vamos a pegar la fiesta así que más vale descansar. Hemos quedado para ver la misa del peregrino ya que parece que por la mañana van a lanzar el botafumeiro. Mañana más.

Share

Día 29: De Ribadiso da Baixo a O Pedrouzo

2 de octubre de 2013

¡Qué bien!

No sólo vuelvo a estar con mis compañeros sino que dormimos en la misma zona de camas. Eso sí, espero poder dormir, no las tengo todas conmigo.

Hoy, por delante, sólo 22 kilómetros. Antes de salir desayuno en el bar. Se me olvida dar alguna indicación y al intentar beberme la leche tengo que parar. Está ardiendo. La verdad es que lo tienen todo preparado para el desayuno. Y yo que voy sin prisas me pido una napolitana de chocolate. Antes de salir por la puerta veo llegar a los peregrinos de Pedrafita, sí, a partir de hoy este grupo tiene nombre, va gente que salió de Sarria pero cuenta la mayoría. Me despido de ellos.

Ayer no pude dormir muy bien. Cada cambio de postura era un suplicio. Definitivamente no voy a terminar el camino cómodamente. Por lo menos tengo el resto del cuerpo bien. O eso o este dolor me oculta otros. Pero vaya, ya te comenté ayer. No me quiero repetir demasiado.

En Arzúa veo como amanece. Cerca de mi varios peregrinos han elegido parar a observarlo. Ciertamente es hermoso y es uno de los dos que vamos a ver antes de llegar a Santiago. Aún recuerdo cada paso que dí sobre esta avenida recubierta de conchas. Cada paso más pesado. Venía de hacer la etapa más larga. En un momento me tuve que quitar el poncho, sentarme, sacar mi botella de agua y algo de comer para poder seguir caminando. Estuve a punto de perder mi camino. Eso fue hace tan sólo dos años. Hoy llegaba aquí en mi sitio. A mi ritmo. Con una botella de agua accesible. No sé si te lo he contado ya pero llevo siempre una botella de medio litro de agua en alguno de los bolsillos de mi pantalón. Una botella que voy recargando con la que va en la mochila.

caminodia29_0

Decido parar un momento. Digamos que para ir a los servicios del anterior albergue lloviendo te tenías que mojar. Hay que salir por una puerta que parece secreta de la habitación, recorrer unos metros por el exterior y así se llega al baño. El albergue tenía dos grandes módulos y el baño estaba entre ellos dos. Es algo curioso. Igual, la próxima vez, si la hay, me quede allí de nuevo.

Paso por enfrente del albergue de Arzúa. Lo fotografío para recordar que un día dormí allí. Y comí en ese bar que ahora mismo está cerrado. Demasiado temprano. Recuerdo que tuve que pedir que me pusiera la comida en un cacharro. Estaba tan molido que no podía ni comer. Fue un día duro. Sigo hacia la plaza del peregrino. Como si se tratara del albergue de Portomarín me tomo una foto en honor a esos primeros compañeros de camino. Unos compañeros de los que renegué hasta el último día. Siempre iban a albergues privados y parecía que llevaban un rollo más festivo que el mío. El último día, dado todo lo caminado y que cuando me los cruzaba en algún pueblo nos lo pasábamos genial, decidí que se convertirían en compañeros de camino. Hoy, sólo se algo de sus vidas, nada del resto de peregrinos.

caminodia29_1

Recuerdo haberme cruzado con un peregrino de Saint Jean Pied de Port (como el que estoy a punto de ser yo) que tenía un palo donde había marcado una linea por cada etapa. En su palo había una gran marca para el primer día. Creo que lo paso francamente mal. De mis compañeros ninguno ha hecho nada especial con el palo. Hay gente a las que he visto palos especiales como Mauro pero casi todos llevamos bastones técnicos de senderismo.

Menudo rollo te estoy soltando hablando de mi primer camino. Nada, aquello fue totalmente distinto a esto. Aún no sé que haré mañana, si llegaré solo, con gente o como. No lo tengo claro. De momento me dirijo a O Pedrouzo sabiendo que los brasileños van a estar ahí, que Saúl, Alessandro, Diego, Sergio y Silvia van a estar allí. Supongo que Miguel también estará por allí. Todos los peregrinos que he ido conociendo en esta experiencia y que en su momento estaban en León hoy estarán aquí.

caminodia29_2

Antes de llegar a mi destino paro en un bar en Salceda a recargar mi móvil y a tomar algo para no desfallecer en lo que queda de ruta. Una cerveza y un bocata son suficientes. No sé si me queda algo en la mochila pero ya hace unos días que no compro nada y como siempre en bares o restaurantes que me voy encontrando. Al final el espíritu de subsistir se ha esfumado. Es normal, a nadie disgusta un buen bocadillo y muchos estamos ya hartos de usar la navaja. Hartos de buscar la tienda de turno. Siempre llevo algunos frutos secos y agua por si necesito una dosis rápida de energía pero el queso y el chorizo quedaron en el olvido.

Al salir del bar veo como llega gente del grupo de Pedrafita. Son majos pero llevan un rollo tan distinto al mio… Les recomiendo el bar donde me he quedado a tomar algo y les indico por donde continua el camino. Parecen un poco perdidos. Lo recuerdo bien, la primera vez que vienes, las flechas se esconden. Cuando paso por Santa Irene, recuerdo que mis compañeros han dicho que si veían que estaban muy cansados se quedarían allí. Bueno, yo sigo a O Pedrouzo. Seguro que están fuertes y llegan también allí. Si no me fallan las cuentas está casi todo el grupo de peregrinos allí.

De camino paso por un gran bosque de eucaliptos. Una gran reforestación los puso allí por el valor de su madera. Hoy en día, crecen los proyectos para recuperar los bosques de antaño. Si que recuerdo haber pasado por allí y que no me llamará la atención. Esta vez si que me la reclama. El ambiente está impregnado de su olor. La vista no encuentra a su paso nada distinto. Eucaliptos y un camino. En cualquier momento espero ver un Koala subido a uno de ellos pero esto no es Australia.

caminodia29_3

Durante mi caminata me han pasado varios grupos grandes de peregrinos. Me han recordado a los grupos excursionistas que he visto en alguna foto. Todos con la misma mochila pequeña donde llevar agua y un poco de comida. Hoy no tengo prisa por llegar a ningún lado. La parada en Salceda ha sido generosa, sé que no voy a tener problemas de sitio en mi destino así que ando sin prisas.

Algún peregrino me ha preguntado si hablaba un idioma distinto al castellano y he decidido responder que no hablo otro idioma. He andado sin hablar con nadie. Mañana ya veré si decido hablar otros idiomas o no. De momento hoy necesitaba mi espacio al andar y una buena forma de conseguirlo es decir que no sabes hablar en ningún otro idioma que no sea el castellano. En agosto la cosa cambia, estás rodeado de gente que habla castellano todo el tiempo…

Llego al albergue y miro mi móvil. Mike me ha enviado una foto de su llegada a Santiago. Sólo le separaban 5 kilómetros así que salió a una hora decente y se puso allí. Creo que la última vez que hice el camino en esta etapa tomamos un atajo. No recordaba el paisaje ni que se tardara tanto en llegar. Nada más entrar me recibe una amable hospitalera.

Tras rellenar todo veo que tiene en su mesa una concha (como la que llevo en mi mochila) llena de chapas y pegatinas donde se puede leer ibaisiguetucamino. He visto las pegatinas en postes, en paredes… por todo el camino. Pensaba que llevaban allí algunos años. Según la chica que me atiende las pegatinas las está dejando la madre de un chaval que se mató en un accidente de tráfico en un puente. La madre debió de llegar ayer a Santiago. Se me ponen los pelos de punta. Esto quiere decir que las pegatinas estaban puestas tan solo un día o dos. No sé por que ha hecho el camino. Supongo que será en tributo a su hijo. Seguramente por que él querría hacerlo, sería uno de sus sueños. Es para quitarse el sombrero.

caminodia29_4

Tengo ropa suficiente para llegar a Santiago pero hago mi ultima colada. Por que, en teoría, vamos a estar dos días en Santiago. Todavía no tengo mi billete de vuelta comprado. Todavía no sé si seguiré camino a Fisterra y Muxía o no. También por eso lavo la ropa. No quiero quedarme sin mudas si decido continuar hasta el final de la tierra. No sé. Todavía tengo que llegar a Santiago.

Al salir a tender he visto llegar a los brasileños y bajar a Miguel. El albergue tiene dos plantas. Se ve que a los primeros que han llegado los han mandado arriba. Ya es tarde, cerca de las cuatro. Los brasileños proponen descansar un rato y vernos a las seis en la puerta del albergue para ir a cenar a un restaurante cercano al que Beto le tiene echado el ojo. Tiro mi sabana sobre la cama y me dispongo a descansar un rato. Cuando es la hora salgo y veo como están llegando Diego y el resto. Finalmente vinieron hasta aquí. Les digo que voy al restaurante de al lado a tomar algo que si se quieren apuntar sin pegas.

Beto, Aline, Cristiano, Miguel y yo nos metemos en el restaurante. Vino, Pulpo, Carne, Brindis por la aventura que está a punto de terminar. Muchos de los brasileños tienen el vuelo pasado mañana así que mañana es su último día en España. Son la leche. Han calculado el viaje al milímetro y tenían claro desde el principio que harían el camino en 30 días o no lo terminarían. Quiero suponer que si hubieran notado que algo los retrasaría hubieran llamado para cambiar la fecha del vuelo pero no las tengo todas conmigo. Al tener tan poco tiempo quieren ir a la primera misa del peregrino que es sobre las 12. Esto supone salir antes de las 7 de O Pedrouzo. Han decidido que saldrán a las 6 con los frontales puestos y viendo su último amanecer del camino ya pasado el cartel de Santiago. No es mal plan pero yo prefiero descansar un poco más. Ya tendré tiempo de ir a la misa del peregrino por la tarde o al día siguiente.

Cuando llegamos al albergue veo, en la cocina, a todos los peregrinos de Pedrafita. Están cocinando una gran cena para celebrar los cumpleaños de algunas de las peregrinas. Una gran fiesta antes del último día. Nada, espero que no se arrepientan y que no brinden demasiado ;). Mañana parece un día light, son 21 kilómetros, pero yo lo recuerdo muy largo y pesado. Todavía hoy no sé si por las ganas de llegar o por que fue la primera vez que iba al ritmo de otros.

Lo que sí que tengo claro es que no voy a dormir en uno de esos apartamentos donde alquilan habitaciones. Mañana, en Santiago, iré a la oficina de turismo y pediré que me reserven una habitación en un hotel, a ser posible, cerca de allí. Es un poco peligroso ya que podría quedarme sin plazas pero lo prefiero. No guardo buen recuerdo de mi estancia en uno de esos apartamentos.

En el salón del albergue cargo mi móvil por última vez. Entra un ciclista a preparar sus alforjas. Hablamos un rato. Es un bombero y viene de hacer el Camino del Norte en bicicleta, claro. Enseña con orgullo los billetes de barco que ha tenido que sacar. En el camino del norte hay dos momentos en que hay que montarse en un barco. Dice que es una imagen peculiar la de los peregrinos con sus mochilas o sus bicis subidos en un barco. Un barco lleno de peregrinos. Peregrinar en barco. Jajaja. Todos los peregrinos coinciden. En paisajes, en montaña… es el camino más bonito y por ende, el más duro. Yo estoy a punto de cumplir mi reto. No envidió a nadie.

Cuando ya se ha cargado mi móvil salgo fuera. Está lloviendo. ¿Cómo? ¿Lluvia? Saltan todas las alarmas. Mañana, en nuestra llegada a Santiago podría llover y como lo haga con esta intensidad estamos jodidos. Muy jodidos. Desde los bancos y bajo el techado escuchamos el viento y vemos como cae agua como si no hubiera mañana. Todos los que estamos allí. Peregrinos de Saint Jean, de León, de Oviedo, de Irún… todos esperamos que mañana el tiempo nos de una pequeña tregua. ¡Oviedo! Sí, en este albergue hay peregrinos de casi todos los caminos. Por este albergue es posible que pase mi compañero Leo. No sé por donde va. No sé cuantos días le quedan para llegar a Santiago. Quizá llegue a tiempo para celebrar su cumpleaños. Recuerdo que los primeros días jugábamos a pensar que lo celebraríamos los cuatro juntos en Madrid. Eso, ahora, es imposible. Mike se va pasado mañana a primera hora de Santiago, Alexander ha vuelto a Argentina desde donde manda fotos de sus tierras y su tobillo y bueno, Leo está de camino, como yo.

Como los brasileños van a salir con Miguel muy temprano les pregunto a mis compañeros a que hora van a salir. Me dicen una hora más cabal así que les pido que me despierten mañana por la mañana.

– Vale, ¿Donde duermes Miguel?

– Allí.

Hostias, si es la misma zona donde dormimos nosotros.

– Jajaja… nada, pues me despertáis seguro… jajaja. Yo paso de levantarme mañana a las 6 para llegar a Santiago. Si sigue lloviendo así no salgo hasta que salga el sol.

Todo el mundo a dormir. Preparamos las mochilas y a punto de dormir empezamos a escuchar a alguien que ha brindado más de lo que su cuerpo puede soportar. Alguien le da consuelo. Me da un poco de cosa al principio pero, extrañamente, se disipa ese sentimiento y comienzo a sentir pena por esa persona. No puedo dormir pero supongo que ya se le pasará lo que tenga. Mi compañera Silvia, que está enfrente de mi tampoco puede dormir con este ruido. Diego en la cama superior parece sobar sin mayor problema. Ulrike, la peregrina que conocimos de camino a Palas de Rei que está en la litera de encima de Silvia tampoco se explica nada. Parece que a este sector le va a ser difícil conciliar el sueño. Ya de la última vez recuerdo a gente con problemas en este albergue. No, no es el albergue. Es que hoy, esta noche, es la última noche antes de llegar a Santiago.

Mañana Santiago. No me lo puedo creer todavía.

Share

Día 28: De Palas de Rei a Ribadiso da Baixo

1 de octubre de 2013

Una etapa corta antes de llegar a O Pedrouzo. Tan solo dos días me separan de Santiago. Dos días para terminar el reto.

Son las 7 de la mañana. Bastante gente ya está despierta. Recojo mi saco, la sábana que me dieron ayer, les deseo a todos buen camino y me voy al bar. Al subir las escaleras veo como alguien al bajarlas resbala sin terminar de caerse. De buena mañana la gente está torpe. Me pido mi ColaCao y mi napolitana. No tengo nada de comer en la mochila así que tengo que desayunar y hacer un poco de tiempo para que cuando llegue a Palas de Rei pueda comprar algo.

Mientras desayuno en la barra veo como a mi izquierda, a la hora acordaba, empiezan a subir peregrinos con maletas de las que he visto por la tele que soportan golpes y lo que les eches. Las dejan para que se las lleve el servicio de transporte de mochilas. He visto a gente mandar mochilas como la que llevo yo alguna etapa pero esto me sobrepasa. Estas maletas no se pueden transportar a pie. Estos peregrinos están haciendo un camino distinto al mio. En una maleta así no hace falta tener claro que te quieres llevar. No hace falta la selección que me llevó dos semanas hacer. Está claro. Suben con ropa de footing y una pequeña mochila donde llevan comida y agua, ayer vestían con pantalones y camisas. Son turigrinos de verdad.

Salgo del bar huyendo de esa imagen. Voy sin frontal por que recuerdo que el camino está iluminado. Me resbalo. Estoy a punto de morder el polvo pero me salvo en el último momento. Joder, me ha pasado lo mismo que al peregrino que he visto antes. Creo que ver a los turigrinos me ha llegado a indignar. En realidad no es así. No conozco la situación personal de ninguno de ellos. En cierta manera creo que ellos también disfrutan del camino y lo viven. No tengo la verdad absoluta. Mi experiencia no es la más válida. Mi experiencia… es eso… mi experiencia.

caminodia28_0

Sigamos. La gente ya va más tranquila por que no hace tanto calor y podemos apurar más el día. Por delante, si no me fallan los cálculos, unos 26 kilómetros. El paseo que recordaba bien iluminado de la última vez que estuve en Os Chacotes está oscuro. Saco el frontal. El paseo está cerrado por arboles a los lados y la única luz que nos acompaña es la de una especie de faros que apuntan al suelo. Frontal y a correr.

Cuando llego a Palas de Rei entro en un bar a pillar agua que se me ha olvidado comprar en Os Chacotes. En Palas el camino te demuestra, a las claras, que muchas veces da rodeos que se podían salvar para hacerte ver el pueblo. A la salida hay una estatua con dos peregrinos. Elijo visitarla para recordar viejos tiempos y por seguir el camino sin perderlo en ningún momento. No te voy a mentir. Cuando estoy a punto de pasar por el punto que te manda a hacer un rodeo me planto. Miro a mi alrededor. Voy a darlo. Ya empieza a salir el sol y comienzo a ver el paisaje que nos acompaña.

caminodia28_1

Hoy paso por Melide. Este día lo recuerdo de mi primer camino muy malo, a punto de tirar la toalla y con mucha lluvia. Era, con diferencia, el día que más kilómetros había que andar y la subida desde Ribadiso me pareció una tortura. Lo mejor fue que hubo un momento en que leí que me quedaban cuatro kilómetros cuando en realidad me quedaban ocho. Corrí y cuando me di cuenta de que me quedaban cuatro más tuve que bajar el ritmo para no caerme producto de una pájara. Aquel día pasé de largo en Melide. No tomé el famoso pulpo. Recuerdo que justo a la salida tuve que quitármelo todo para beber agua. Estaba deshidratado. Hoy no dejaría que pasará esto. Que carajo, conocía de primera mano un buen sitio para tomar pulpo y ese lujo me lo iba a dar.

Paso un monolito que indica que entramos en La Coruña. Sí, efectivamente, en la provincia donde está Santiago de Compostela. No me termino de creer que esté ya tan cerca. Se me hace muy raro después de salir de Francia, pasar por Pamplona, Logroño, Burgos, León… por fin La Coruña. Y lo sé, cuando llegue a Melide quedarán sólo 50 kilómetros (no es, por poco, la misma distancia que hice cuando llegué a León). Me viene al recuerdo aquel cartel de 790 kilómetros a la salida de Roncesvalles, la gente que posaba ante una cámara que no era la mía para salir retratado. Mis primeros compañeros en este camino. Vamos, aún no hemos llegado a Santiago para pensar en estas cosas.

caminodia28_2

¿Sabes? Llevo varios días viendo hórreos. Son construcciones donde se guarda comida. Están en altura para que los animales no tengan fácil acceso aunque los gatos se han hecho los amos de aquellos lugares. Es muy típico en el norte de España. Siempre recordaré el primero que vi, en casa de unos amigos de mis padres, en Asturias. No sé si por lo raro que me resulto verlo o por el mugido de una de las vacas que caminaba por allí aquel día en mi oreja. Desde ese día sé que las vacas no hacen muuu muuu inocentemente. Es más bien ¡¡Muuuuuuuuu!!

caminodia28_3

Antes de llegar a Melide escucho a dos peregrinas hablando.

– ¡Para!. ¡Qué vamos a pijo saca’o!

No puede ser… esa expresión es tan conocida que me sonrió. Estas dos peregrinas son de Albacete. Me cuentan un poco de su historia. Salieron de Pedrafita do Cebreiro, que está cerca de O Cebreiro. Han venido por gusto de vivir la experiencia. Es su primer camino y van, efectivamente, muy rápido. Les da miedo resbalarse en este terreno así que bajan el ritmo un poco. Yo las adelanto, nos volveremos a cruzar. Veo un cartel que avisa de que el terreno, efectivamente, es resbaladizo. Empiezo a bajar con más cuidado y finalmente llegamos a Melide.

No reconozco nada. ¿Seguro que es esto? Pienso en que quizá estaba tan cansado aquel día que no era fácil para mi recordar. Mis recuerdos hablan de un camino rural y a la izquierda un pueblecito que bordeamos, justo al lado del camino algún que otro bar, un pasillo con una parra… nada de un pueblo o una ciudad. Recuerdo también que había algún desvío por obras, quizá me perdí Melide por eso. No sé. El caso es que el camino me lleva directamente a los dos sitios emblemáticos donde sirven pulpo. En el que me han recomendado paro y pido una ración de pulpo. Cuando veo que van sin patatas le pregunto al camarero si me puede poner patatas cocidas con el pulpo. Al parecer no hay manera. Se sirven aparte. Pues unas patatas también.

Llega la ración y la primera pregunta que me surge es si eso que me han puesto es para una persona o para varias. Desde luego no me va a faltar de nada. No sé si lo podré quemar. Le tomo una foto al plato y se la envió a mis compañeros de camino señalándoles donde acabaré hoy mi ruta. Ellos hoy se quedan en Melide. Y mañana me comentan que van a O Pedrouzo, unos 33 kilómetros justo el día antes de llegar a Santiago. Yo prefiero tener una etapa corta antes de llegar a Santiago y no llegar cansado y mirando al suelo como la última vez. Aunque hoy ya estoy deseando verlos. Incluso me planteo el quedarme en Melide pero me parece que sería echar el día de ayer por la borda. Tengo que continuar. Vamos, voy a hacer noche en un albergue con el rio al lado y eso… no tiene precio, bueno, sí que tiene.

caminodia28_4

Después de tomarme el pulpo y de que el cocinero me confunda con un extranjero por intentar hacerle una foto mientras lo cocinaba… salgo de allí. Quería una foto costumbrista pero al final me tengo que quedar con la foto de turista. Me sigue sorprendiendo que no reconozca todo el camino y que esta vez lo vea más bonito. ¿Será un cambio en mi actitud? Es posible. Pero como aquella vez he vuelto a huir de compañeros de camino para afrontar el final en solitario.

Salgo de Melide. Bien alimentado, bien hidratado. La pájara que en otro momento tuve hoy se convierte en un andar sereno. Sin prisas me encamino hacía Ribadiso. Mi objetivo hoy no es llegar Arzúa. Mañana por la mañana tengo tiempo de sobra para llegar. El final de la ruta de hoy transcurre por un bosque. Paso un puente, lentamente, y justo al final del mismo piso mal la madera y pego un culazo. ¡Bien!. Por suerte la mochila me protege y no me hago nada. Hoy llevo ya dos momentos en los que ha peligrado mi integridad física. No sé que me pasa. Vuelvo a pasar por sitios emblemáticos como una especie de parada de autobús que recuerdo del último viaje. Sí, hay momentos en que recuerdos de personas, lugares, conversaciones de otros caminos vuelven a mi cabeza pero son tan puntuales que se me hacen imperceptibles.

caminodia28_5

Ya veo el puente que me dejará en Ribadiso da Baixo. El río pero… ¿Dónde está el albergue? Lo que yo recordaba como una cabaña con un bar hoy se ha convertido en una serie de módulos. El bar está un poco más adelante. Creo que el cansancio finalmente hizo mella en mi percepción de la realidad. Aquello no es tan bonito como recordaba pero ya conozco el albergue de Arzúa. La última vez que estuve allí no pude dormir por que eran las fiestas del pueblo y la verbena de Rock And Roll hizo su efecto. Creo que con 26 kilómetros son suficientes por hoy.

caminodia28_6

Podría seguir andando pero no tengo ganas de joderme. Además, vuelvo a tener ropa sin secar ya que ayer llegué tarde al albergue. El día soleado invita a limpiar o dejar a secar toda la ropa posible. Para la próxima prometo aprender a escurrir bien la ropa. O eso o llevarme un ventilador solar a cuestas.

Entro en el albergue y me dan habitación. Antes de entrar me quito las botas para ponerme las chanclas. Dejo mi mochila a un lado. Saco mis chanclas. Me siento y veo las estrellas. No puede ser, aún es de día. Algo me hace cerrar los ojos con fuerza. Un intenso dolor me avisa de que no me he sentado en el lugar correcto. Miro hacía atrás. Efectivamente, me he sentado justo en el borde de la silla y lo he hecho a una velocidad inusual. El dolor es… bueno, indescriptible. Me llega a parecer que me he roto allá donde acaba la espalda. Sé que todo está bien. Simplemente ha sido un golpe justo en la curcusilla. Al menos ahora sé de donde le viene el nombre. Todavía no me había dado cuenta de que esta palabra contenía silla. Desde luego, te confieso, que sentarme en cualquier lado o acostarme de espaldas ha sido un suplicio. Espero que mañana todo vaya a mejor.

Después de este episodio estelar me he duchado y he lavado la ropa. He ocupado una hilera entera con mi ropa. Soy amable pero realmente no conozco a nadie así que cuando es la hora me voy a comer, solo. Justo al lado del albergue hay un bar. El dolor todavía es muy intenso así que sentarme en una silla me cuesta demasiado. Aún así lo hago esperando que el tiempo mitigue la sensación y para cuando llegué la comida ya esté tranquilo. Falsas esperanzas las mías. No, ese dolor no se va ni de coña. ¿Una lección? Nunca te dejes caer sobre una silla. Creo que es una de esas lecciones que se olvidan pero de esta ya debería aprenderla.

Mis compañeros de la mesa de al lado… Son los chicos con los que estuve hablando ayer por la noche antes de ir a dormir. Los saludo y los dejo comer tranquilamente. Sólo un comentario en común. Podían mejorar la cocina. Sin duda… tienen trabajo por delante. He leído muchas veces que el peregrino agradece y el turista exige. No digo que no agradezca el trato que es cordial en todo momento. Por lo que cobran la cocina debería tener otro nivel. De todas formas, hoy no es mi mejor día, igual me estoy dejando llevar por el dolor y realmente la comida estaba buena. No sé.

Después de comer me meto en la cama a descansar. Tengo ibuprofeno así que ante el peor escenario tengo una pequeña solución. Me acuesto en mi litera. Subir a ella es un suplicio. Tardo un rato en encontrar la postura y cuando ya la tengo descanso. Hay más gente que descansa como yo. Se nota que estamos llegando por que hay varias camas donde duermen dos personas. No les queda espacio para descansar. Algo me dice que no buscan descansar precisamente.

No conozco a nadie. No tengo nada que hacer. No quiero conocer a nadie más. Me despierto y les escribo a mis compañeros de camino para saber donde van a dormir. Mike ya está a punto de llegar de Santiago. Dice que hoy se queda en Monte Do Gozo, a 5 kilómetros de Santiago. Finalmente va a hacer el camino en 29 días. Si no pasa nada yo llegaré pasado mañana. Lo que antes de empezar me parecía imposible está a punto de convertirse en una realidad. Mis compañeros de Camino que están hoy en Melide dicen que mañana van, sin falta a O Pedrouzo (esto son 33 km para ellos antes del día de la llegada a Santiago). Al menos están junto a una persona que se conoce Melide. Pueden incluso salir de copas aunque no creo que lo hagan. Desde O Pedrouzo sólo les separan 21 kilómetros de Santiago. Lo tengo decidido. Mañana iré a O Pedrouzo para estar con ellos y poder salir hacia Santiago juntos. Se repite la historia. El último día siempre me gusta hacerlo con gente con la que más o menos tengo confianza.

Bueno, vamos a disfrutar del río.

– Hola Miguel.

Anda, si son las chicas de Albacete.

– Hola. ¿Y toda esta gente? ¿Os conocéis de antes?

– Sí, salimos todos de Pedrafita y nos hemos ido quedando en los mismos sitios.

Son todos españoles. Me suena tan raro decir esto. Ya pensaba que no me iba a encontrar con ningún grupo de españoles. Van con mochila, eso es seguro. Una de las chicas de Albacete está comentando que en el terreno resbaladizo ha caído al suelo. Al parecer tiene el mismo dolor que yo. Espero que sea menos intenso. Todos, sin excepción, estaban con los pies en el agua. Está claro que es reparador. Se van a dar una vuelta y los acompaño. Siento que no es mi lugar. Pasamos por el albergue privado. Le pregunto a la persona que hay en recepción donde hay otro bar por allí. Me lo indica. Al parecer hay que andar un kilómetro y medio pero bueno, merece la pena intentarlo. Llego allí. Una piscina fluvial con sus escaleras, una zona de juegos y un chiringuito. Miro los precios y es como si se hubiera puesto de acuerdo con el del bar que tengo justo a las espaldas del albergue. La única forma de conseguir precios distintos es llegar a Arzúa. Ahora entiendo el mótivo de la visita que nos hicieron algunos peregrinos aquel año. Me pido un sándwich y una bebida refrescante. No sé, algo me dice que si vuelvo a hacer el camino no volveré a descansar aquí. Aún pienso que el dolor puede hablar por mi.

Después de cenar vuelvo y veo a los españoles buscando sitio en el restaurante para cenar. ¿Sabes? He vuelto a ver a los personajes que no paraban de reírse en Fromista. Siguen juntos después de tantas etapas. Y no sólo eso… van a terminar el camino juntos. Me alegro un montón por ellos. Los saludo. Aún se acuerdan de mi. Hoy voy con tantos españoles que me evitan. Sí, mis compañeros son más escandalosos que ellos. En el grupo hay peregrinos que me recuerdan a mi hace dos años. Estoy seguro de que alguno de ellos repetirá para hacerlo completo aunque sea subiendo unos días cada año. El camino es algo que te deja tocado. La gente, el esfuerzo, ver como el cuerpo se adapta a todas las situaciones… Te atrapa.

Algunos españoles han pedido lo mismo que yo cuando he comido y les ha gustado. Seguro que ha sido el dolor el que hablaba por mi. Seguro que este sitio era genial. Que la comida era genial. Que aquel chiringuito era un restaurante de lujo. Que los precios estaban tirados. Que no te cobraban una salvajada por un refresco. No sé, creo que no estoy para criticar nada. Simplemente espero que se me pase el dolor pronto. Durante la cena estaba como ausente. Dos días de soledad han sido suficientes.

Ha sido un día muy largo. Mañana me reuniré de nuevo con la gente que está haciendo el camino conmigo. ¡Hasta mañana!

caminodia28_7

Share