Volver

Quizás es tiempo de volver.

Volver a deslizar los dedos sobre un teclado sintiendo su ruido tan característico. Escribir alguna historia. Quién sabe si tomar alguna foto pulsando un botón de verdad y no una caliente pantalla de móvil.

Ando un poco oxidado. Llevo como dos años enteros pulsando botones y muy alejado de los teclados, al menos para construir historias. Se admiten propuestas en los comentarios, @nesimoweb, facebook

Me da la sensación de que anunciar la vuelta sin publicar nada tiene poco sentido. Así que vamos a jugar.

Aquella mañana, tras bajarse del autobús, Agustín comenzó a andar. Cansado del viaje estaba deseando llegar a un espacio donde poder estirar las piernas y descansar. Un sitio con un patio. Tras preguntar a varios vecinos llegó a lo que ellos consideraban el mejor albergue del lugar. Llamó a la puerta, le abrió una persona que apenas hablaba su idioma. Miró dentro del habitáculo que aquella gente había llamado albergue. Dejó su maleta y se dispuso a sacar su documentación para hacer el registro. Se adentró en la habitación donde dormiría aquella noche. La entrada engaña, pensó. En realidad las habitaciones y las duchas eran todo lo que un viajero puede desear. Tras asearse se encontró con un compañero de habitación y decidieron tomar algo por la ciudad.

Al salir una bocanada de aire caliente se rompió en sus caras. Era ya de noche pero la temperatura no entendía de día o de noche. Aquel desierto, al que sólo se podía acceder con un autobús, era implacable. Preguntando a la gente que se encontraron dieron con un lugar donde resguardarse del calor, cenar y tomar algo.

– Entonces llevas 2 años viajando por el mundo – le preguntó Agustín a su compañero de habitación.

– Sí, así es. El mundo está muy loco hoy en día pero merece la pena recorrerlo, conocerlo.

– ¿De dónde crees que le viene la locura?

– No lo sé, pero me he esforzado por intentar comprender la realidad que se vive en los sitios en los que he estado. He intentado no pasar esta realidad por mis filtros personales. Algunos son tan fuertes que actúan sin que nos demos ni cuenta.

– Comprendo lo que dices. La verdad es que es muy complicado sí. Pararse delante de una realidad y tratar de comprenderla aunque sea totalmente imposible.

– Eso es… y la verdad, no hay que irse muy lejos de este lugar para encontrarse situaciones incomprensibles. Es más, en realidad, no he salido de este país en el que nos encontramos.

Agustín miro a su alrededor. El país en que se encontraba… ¿Difícil de comprender?. Totalmente confundido le dijo:

– Aquí no hay situaciones difíciles de comprender.

– Bueno, no te preocupes por ello. Brindemos.

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