Día 32: De Santiago de Compostela a Negreira

5 de octubre de 2013

Hola!

Sólo 22 kilómetros. Se me han hecho eternos. No sé si por lo que brindamos, bailamos y disfrutamos anoche. Quizá haya sido por las emociones intensas de la llegada. Ni idea pero… han sido eternos.

Esta mañana cuando me he despertado lo único que escuchaba en mi cabeza era: “Vamos, no hay excusas. A la calle”. He entrado al baño, me he dado con agua en la cara. Y he cogido la mochila sin pensar en nada. Para afuera. ¡Vamos! Hay que irse ya. Dicho de otra forma y para que lo entiendas bien. Era esto o no salir. Me despido de la persona que me ha estado haciendo todas las gestiones propias de un hotel y marcho de allí. El camino comienza en la catedral así que me dirijo a la plaza del Obradoiro.

Me sitúo en el centro de la plaza. A mi alrededor una marabunta de turistas. Me da igual, ni los veo. Sólo vengo aquí a pedir fuerzas para los cuatro días que me quedan por delante. Me da igual el tiempo pero, ahora mismo, necesito un plus de motivación. Y no sé, siento algo especial en ese lugar. Me arrodillo de nuevo, pongo la mano sobre la concha, agacho la cabeza. Escucho como una turista se acerca. “Qué bonito, voy a tomarle una foto”. Oigo el chasquido del objetivo. Me levanto emocionado todavía y sin mirar atrás avanzo hacia el Camino a Fisterra.

Una vez en la calle principal, más tranquilo, paro en una especie de frutería donde compro una botella de agua fresca. Un poco más adelante está el bar donde voy a desayunar. Entro y pido un vaso de leche. Cuando he terminado de tomar el vaso de leche veo como salen dulces y no puedo resistirlo. Una magdalena de chocolate por favor. Ante mi la posibilidad de una sobredosis de chocolate pero… que quieres que te diga. ¡Viva el chocolate!

Pago todo. Nunca se sabe. Reconozco que por un momento he pensado en irme sin pagar pero sería la primera vez que lo hiciera y seguramente vuelva a esta ciudad. Salgo ya de Santiago. Hoy no veo la salida tan idílica como ayer. Debe ser que estoy reventado. Sin duda debía haber hecho caso a Paolo y seguir aquello de “Vosotros mañana Santiago, no Fisterra”. Pero por una vez creo que estoy en lo correcto. Aunque no veo a Alessandro, ni a Saúl. A Mauro entiendo que no lo veo por que, según entendí, iba a salir temprano.

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Me encuentro con los primeros peregrinos. Son personas que empiezan hoy. Todos empiezan hoy. Maldita sea. O los que han llegado conmigo han salido más temprano o esto no hay quien se lo explique. En muchos de los casos es su primer camino. Mejor no le digo lo que me dijeron en la oficina del peregrino ayer. No te lo conté a ti tampoco es verdad. Resulta que este camino no es camino. Vamos, que pides una credencial en la oficina donde dan la Compostela y te mandan a la oficina de turismo refunfuñando. Al final muchos hemos decido coger el papel que te dan pero vamos a ir sellando en la credencial que traemos todo el camino. Dicen que hay que sellar una vez a mitad de ruta y otra al final. No me voy a obsesionar pero voy a intentar hacerlo. Para esto la credencial con publicidad. La otra sólo ira con sellos, como hasta ahora, de donde duerma. Me quedan pocos huecos. Unos cinco como mucho. Si hay un albergue con sello grande estoy jodido. Ah, se me olvidaba contártelo. En Fisterra te dan la Fisterrana y en Muxía la Muxiana. Son dos documentos que expide, en el primer caso, el albergue público y en el segundo una oficina de turismo. Es real, esto poco tiene que ver con la Iglesia. Se entiende que no te den una credencial de peregrino para este, como se llama en muchos libros, epílogo.

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Voy caminando por bosques. Hoy me he encontrado a un par de personas con caballos como los que vi en Ferreiros. Están entrenando con ellos para dar paseos a turistas. Van dos personas. Agradezco no vivir en tiempos de forajidos. Contra un caballo no hay escapatoria. Ellos corren más que tu. Ya noto como voy recuperándome. Lo de ayer fue épico. Que bien lo pasamos. Jajaja. ¿Dónde estarán Saúl y Alessandro? Bueno, yo voy a parar en este bar. Me falta ya el bocadillo de jamón. Entro, me pido mi bocadillo y mi refresco. Me siento y a lo lejos veo a dos peregrinos que van como hablando entre ellos. Tienen la misma cadencia que yo… Efectivamente. Son Alessandro y Saúl.

– ¡Buenos días amigos!

– Buenos días Miguel, buena idea la tuya. Vamos a parar aquí a tomar algo. Se me está haciendo larguísima la etapa.

– A mi también me pasa.

Son pocos kilómetros pero se hace largo. Tomamos algo mientras vemos a un grupo de lo que parecen niñas scouts con sus padres y madres que nos toman la delantera. Bueno, no hay prisa. Hoy no. Todos los que estamos a esa mesa todavía estamos un poco reventados. Nos damos cuenta, yo al menos, por primera vez en el día de que seguimos caminando después de setecientos setenta y cinco kilómetros.

Al principio, cuando conocí a Saúl, pensaba que venía a acompañar sólo unos días a Alessandro. Yo creo que una vez empiezas es muy complicado dejarlo a mitad. Salvo que tengas un compromiso ineludible. Alessandro se acaba de licenciar y no sabe, como la mayoría de licenciados Españoles, donde se va a desarrollar su futuro. Saúl y Alessandro son amigos desde tiempo inmemorial. Éstas podrían ser las últimas vacaciones largas juntos. La verdad es que los dos tienen cada puntazo que te partes de risa. Son geniales. Me alegro de tenerlos de compañeros en este tramo.

Nos levantamos de ese bar y seguimos caminando. Un poco más tarde vemos un gran puente y por debajo de él un río, sobre el río varios molinos. Es un entorno muy de cuento. Se trata de Puente Maceira. Le tiramos fotos, digamos que no sé que capacidad tenemos para retener recuerdos hoy… jajaja. Está claro que esta parte es la más bonita de la etapa de hoy. Durante el principio hemos tenido una vista espectacular de Santiago. Alejarse de la ciudad que era nuestro destino durante el camino tiene algo de especial.

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Queda poco para llegar a Negreira. Saúl y Alessandro, que van más rápidos que yo toman la delantera. Nos vemos enseguida, no me voy a despedir. Paso por debajo de un puente donde miro mi móvil. Me voy a perder un rato de camino pero acabo de ver que he mandado, sin querer, un mensaje a un amigo. Le comento qué estoy haciendo y que mi móvil en un momento dado se ha vuelto loco. De esta manera rompo mi circulo de confianza aunque tengo claro que no quiero publicar nada en ninguna red ni comentar con nadie más que los que he elegido yo que estoy de camino a Fisterra. Es un camino personal. Lo hago para disfrutarlo.

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Poco después, tras pasar algunos poblados, llego a Negreira. Varios peregrinos me comentan que no hay plazas en el albergue público, que no hace falta que continúe andando hacía él. No es que no me los crea pero hoy quiero llegar a este albergue y si no hay plazas volveré sobre mis pasos. Por lo menos así mañana sé por donde va la ruta. En el pueblo hay como un muro con arcos, hay que pasar por debajo de él para llegar al albergue que está a las afueras del pueblo.

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Ya pasado el pueblo, en un puente, me encuentro a Daniele, Sarah y Beth. Están caminando también a Fisterra. Ellos creen que no van a Muxía. Todo se andará. Poco a poco. Me aseguran que no hay plazas en el público. Bueno, ya que estoy aquí voy a verlo con mis propios ojos. El albergue se encuentra al final de una gran cuesta. Pequeño, acogedor. Efectivamente, está lleno. Consigo agua y descanso un momento antes de afrontar la búsqueda de albergue. Es más, voy a ver el que recomiendan en el público. Allí veo anuncios de todos los albergues del pueblo así que no hay forma.

Vuelvo a Negreira. Cuando voy a entrar al primer albergue me encuentro una pareja que sale de allí echando pestes sobre el precio de la cama. No puede ser. Voy a lo seguro. Miro en la guía y hay un albergue con muy buena calificación. Esta es la mía. La pareja parece que también tiene buena referencias de este albergue. Debe ser bueno entonces. Me encamino hacía allí. Paso por enfrente de otro donde me paran para decirme que están de oferta. Muy barato es verdad. Entro y veo una gran habitación. Allí están todos los peregrinos. Bueno, chico, gracias, me mola tu rollo pero hoy prefiero ir a lo seguro. Ayer dormí a todo lujo, no puedo cambiar de calidad con tanta rapidez. Algo no me olía bien en ese lugar.

Llego a mi albergue privado y consigo mi cama. Varios baños, varias duchas. Esto es un lujo. Aunque parezca mentira, no es fácil encontrar albergues que cuenten con más de dos inodoros. Algunos sólo tienen uno para hombres y otro para mujeres. En particular, el más barato que el tipo me vendía como algo genial, sólo tiene un baño. Hice bien en descartarlo.

Me meto en el baño para ducharme y todo lo que veo me suena de antes. Tengo una extraña sensación de Déjà vu. No sé muy bien por que me pasa esto. Antes de venir no he visto ningún vídeo sobre el camino a Finisterre y en estos no suelen enseñar hasta este detalle los albergues. El cerebro debe andar jugándome una mala pasada. No lo atiendo mucho pero me deja un poco roto.

Cuando ya vuelvo a estar operativo miro mi móvil. Mis compañeros están en el mismo albergue que Mauro. Precisamente el albergue más barato. Cuando se han querido dar cuenta de la jugada ya era demasiado tarde. Digamos que ninguno de los cuatro estamos en nuestro mejor momento. Nos vemos en un bar para quedar a comprar algo en el supermercado. Mañana toca una etapa larga de nuevo y más vale llevar provisiones encima. Después de hablar un rato entre nosotros nos damos un tiempo para descansar antes de cenar.

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A la hora de la cena nos volvemos a ver. Preguntamos a una señora que hay por la calle y nos recomienda un restaurante. Entramos y es un bar normal y corriente. Nos atiende otra señora. El menú está a buen precio. Le pedimos dos platos y postre. Estamos hinchados no lo siguiente. La mujer nos había dicho que el único problema que tenía era la cantidad de vino que ponían. Pero la verdad… creo que hace tiempo que solucionaron este problema.

Hoy Mauro me ha dado una clave en la que no había pensado. Ya sé como voy a mostrar las fotos de mi camino. Cuando llegue el momento te lo contaré. De momento prefiero que sea un secreto. Va a ser de una forma especial para gente que ya haya hecho el camino antes. Es un poco raro pero creo que podrá funcionar.

Al salir del bar llovía y la niebla cubría la ciudad así que hemos decidido que “cada mochuelo a su olivo”, quiero decir, que nos íbamos a dormir. Mañana hemos quedado para desayunar. Mauro quiere salir antes así que no lo esperaremos. Parece que Mauro quiere hacer este tramo a solas.

Todavía no sé que hacer, si ir primero a Fisterra y después a Muxía o al revés. Mauro dice que va primero a Fisterra y después a Muxía por que en su papel lo pone así. Alessandro y Saúl tienen claro que el último día lo quieren pasar en Fisterra, viendo el atardecer. No sé que hacer. Me gustaría acabar en Muxía para acabar el camino cumpliendo la promesa hecha a mi compañero Alexander.

Me meto en la cama, tengo una lámpara para mi solo pero no quiero molestar a nadie. Apago mi luz y a dormir. He dejado mi ropa colgada en mi cama por que no me fiaba del tiempo así que aunque esté mojada mañana ira de nuevo a la mochila. No estoy para perder nada.

Mañana más.

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