Día 23: De Ponferrada a Villafranca del Bierzo

26 de septiembre de 2013

Hola:

Tengo algo de fiebre y mañana me espera O Cebreiro. No lo veo nada claro. Iré pueblo a pueblo a ver como son las sensaciones. Mientras me hace efecto el paracetamol te cuento.

Hoy cuando me he levantado aún estaba cansado de la bajada, el paseo por la ciudad y las emociones. Necesito parar en un sitio y descansar durante al menos dos días. He mirado las guías y creo que Villafranca del Bierzo y O Cebreiro no son muy grandes así que no hay problema.

A las 6 se ha ido la pareja que teníamos al lado. No he podido evitar despertarme así que habré dormido cerca de siete horas como mucho. Ya van dos noches que duermo poco y con corriente de aire nocturna. No sé qué litera hay que elegir para evitar este maravilloso efecto. Y creo que esto tiene algo que ver con la fiebre de esta noche. Además, listo de mi, no compré paracetamol en la farmacia de Astorga.

No estoy centrado, debe ser la fiebre. La verdad es que el día empezó bien, me despedí del peregrino que iba como disfrazado con la mayor cordialidad posible y me encaminé a Villafranca. A la salida, justo enfrente del castillo, paré en una cafetería a tomar un desayuno. No recuerdo algo tan caro desde hace tiempo. Vale que el sitio estaba decorado y las vistas al castillo no tienen precio pero somos peregrinos, no turistas hinchados a billetes. Que si estuviera hinchado a billetes hace tiempo que estaría tirado con la pulserita en una piscina en el otro lado del océano y no aquí, sufriendo.

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Total que después de tomar mi vaso de leche y mi napolitana de chocolate, he comenzado mi retorno al camino. Estoy cansado pero vamos allá… hay que seguir. Si todo va bien mañana dejaré listo para sentencia al camino. Una vez pasado O Cebreiro ya está todo hecho. El recorrido de hoy es bastante llano, lo que nos permite recuperarnos de la dichosa bajada que muchos tobillos y rodillas recuerdan todavía.

Nada más salir de Ponferrada me encuentro con el museo de la energía. Con todo el ajetreo se me ha olvidado visitarlo. Bueno, me lo dejo pendiente para otra visita. Me hago a la idea del trabajo gracias a que los vi en Alicante hace unos años. Me parece interesante un museo alrededor de la creación de energía. Es un tema difícil de acercar.

Estoy cansado pero ya empiezo a notar que me baja la fiebre. Como diría Saúl. Si existe el medicamento es para usarlo. Sin abusar pero si hacen falta, hacen falta. Mañana veremos a ver como ando. Lo importante es que no creo que vuelva a renegar del camino como he hecho hace un segundo. O como hice en varias ocasiones cuando andaba por castilla. Aquello es desesperante de verdad pero visto desde la distancia tiene su encanto y hace que valores más el paisaje del bierzo.

Paso por una especie de Ermita donde hay una virgen que todavía conserva flores de alguna ofrenda. El entorno de la ermita es como un barrio conocido. Se me hace muy raro. El camino pasa por debajo de dos edificios unidos. Un pasillo cuyas paredes han sido llenadas con grafitis que hacen referencias al camino. Esta gente no pone firmas. El caminante agradece ver algo más creativo.

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Un hombre descarga carbón de un camión. Esto le da sentido al museo de la energía que he visto antes. Aquí se usa el carbón para la calefacción de las casas. En el camino nos cruzamos con un artesano creando utensilios de madera. La verdad es que intentamos llevar el menor peso posible así que no sé si algún peregrino le comprará algo. Da gusto verlo ejercer su oficio.

Al lado de unos viñedos y en los pueblos me he encontrado varias señoras de avanzada edad por no decir, viejas de pueblo, que ofrecían frutas y verduras a los peregrinos. ¿Gratis? Te equivocas. ¡Viva la voluntad! Alguna de ellas, según me han dicho cobra su voluntad, la tuya no. Es otra forma de entender las cosas. Por cierto, su voluntad suele ser mayor que la tuya. Yo no compro nada así que el único comentario que me llega cuando me siento en un banco al lado de una de ellas es “Estos peregrinos ya no gastan nada”. Está claro que lo dice para que la oiga pero no, ya aprendí donde comprar y donde no, llevo ya muchos días en esto.

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También he visto casas debajo de las que pasaban riachuelos. No me quiero imaginar esa construcción ante una crecida. La verdad es me choca tanto que ni me planteo esa situación limite. Estos riachuelos que empiezan a aparecer más a menudo ayudan a liberar parte de la tensión que uno toma en los áridos paisajes de Castilla.

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Llegando a Cacabelos me cruzo con un peregrino llamado Jonatan. Él hoy lo tiene claro. Fijo que se toma un vino allí. Es tierra de vinos dice. Es cierto. Ha salido desde León. Un compañero se lo recomendó. Aunque una semana antes todavía no tenía claro si lo iba a hacer o no, ya que tendría que venir solo, se decidió. Lo haría. Vendría solo a León y desde ahí a la aventura. Su compañero le había hecho una guia con los pueblos y los albergues buenos para dormir. Yo a día de hoy todavía no tengo esa famosa lista. No sé como se hace. Sólo puedo hablar de donde yo he estado y además, según la habitación en la que estés la cosa cambia. Bueno, que no me veo como para recomendar a la gente sitios y ciudades para dormir. También influye que creo que cada persona tiene que encontrar su camino.

En un momento dado entramos en un bar que parece barato y entramos para tomar algo. Pedimos dos vinos. Nos los sirven a regañadientes. Sí que es barato, sí. Dentro nos atienden un camarero majo y una camarera arisca. No sé que les ha picado. La camarera no nos ofrece ni unas miseras olivas. Interviene el camarero y casi a escondidas pone un cuenco con frutos secos para acompañar la bebida. Pedimos también una tortilla. Está claro que ella hoy no tiene ganas de trabajar. Nos mira como si nos perdonara la vida y nos da la tortilla que le hemos pedido. Nos vamos rápido de allí. No nos quedamos con el nombre pero si paso otra vez por allí y está ella… me pensaré mucho el entrar.

Jonatan me explica que su compañero le ha comentado que saliendo de León lo realmente jodido era Foncebadón y la bajada a Ponferrada. Que una vez superado eso O Cebreiro no era nada del otro mundo. Ahora me explico muchas cosas, no fue una apreciación personal. Mañana su guía marca La Laguna y no O Cebreiro así que piensa que se quedará allí. Con la guía de su amigo le ha ido muy bien hasta ahora.

Mi compañero va un poco jodido y yo también así que aprieto un poco para ir a su ritmo pero estoy seguro de que él baja el suyo para no dejarme solo. Estoy más cansado de lo esperado así que me acompaña desde Cacabelos hasta Villafranca del Bierzo. De camino pasamos muchos tramos por carretera que nos desaniman. Hace calor. Abandonamos la carretera y entramos en una cuesta que se nos hace, casi al final de la ruta del día muy larga. Mierda de cuesta. Vemos a dos chicos orientales que nos pasan deprisa como si fuera plano. O ellos están muy fuertes o yo estoy muy débil. No puedo aguantar más el calor que hace. Menos mal que estamos ya al lado de nuestro destino.

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Pasamos la colina y al fondo vemos ya el pueblo. Al llegar veo en el albergue municipal a Miguel, lo saludo. Es muy tarde así que supongo que está lleno. Mejor sigo hacía delante. Justo al lado del albergue está la puerta del perdón. Dicen que para los que no acaban el camino aquí ya se les perdonan los pecados. Bueno, es un punto de parada tipico y ya que estamos aquí…

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Nos vamos y Jonatan llama para ver donde está su albergue. Un albergue privado. A mi ya me da igual todo. Hoy solo quiero descansar. Le pido que mire si hay plaza para un peregrino más. ¡Sí! Menos mal. Estoy deseando ya ducharme y pillar cama. Y eso que la etapa de hoy no eran más de 25 kilómetros. Se me han hecho eternos.

Intentamos encontrar el albergue pero no hay manera. No está muy claro para donde hay que ir aunque esto parece una inmensa cuesta abajo. No sé como pero al final damos con él… Albergue La Piedra. Se llama así por que está construido tan pegado a una montaña que se puede ver la piedra desde dentro. Es acogedor.

Vamos a comer. Ahora subiremos a descansar. Pasado un puente hay un retaurante con vistas al río. Aquí mismo. Nos pedimos pescado. Hablamos cada uno de su vida laboral. No termino de saber por que ha salido el tema pero bueno. Somos españoles y dado como está España el tema del trabajo es algo que da que hablar. Nos contamos un poco la situaciones laborales que hemos vivido. Los cambios hasta llegar donde estamos ahora mismo. La verdad es que me cae bien. Se la ha jugado viniendo solo ya que en principio su viaje iba a ser acompañado.

No sé lo que pasa cuando vienes con gente desde el principio. Supongo que el camino se convierte en algo distinto. Yo estoy bastante contento de haber venido solo las dos veces que me lo he propuesto. Es la mejor forma de encontrarte con gente que no conoces. Te fuerza a hablar con otros caminantes y si quieres soledad no tienes que buscar excusas. Es genial.

A la vuelta vemos a un grupo de españoles en un banco hablando.

– Hola Jonatan.

Al parecer ya se conocían de antes. Todos y todas, sin excepción, han corrido alguna vez en su vida como actividad física. Creo que este grupo va a acabar junto el camino. Algo me lo dice. Yo todavía no sé con que grupo acabaré aunque en la entrada he visto a Miguel. Los brasileños también parece que están aquí. Tengo ya a algunos peregrinos en el Facebook que son como yo y van radiando cada día donde están para que el resto del mundo sepa que están bien. Una foto, una frase y a seguir el día.

Estando allí llega otro Español.

– ¡Hola Sergio! No sabemos si habrá sitio en el albergue. Mira a ver antes de que llegue más gente.

– Gracias.

Siempre llegas a última hora…

No, vosotros llegáis a primera hora… jajaja. Bueno, chicos, voy para adentro a ver que hago.

Se ve que se conocen todos. Cuando entra Sergio aprovecho para despedirme, necesito descansar. Paso la tarde en la cama tratando de dormir mientras veo como hay gente haciendo masajes en la propia habitación. La verdad es que seguro que no me vendría mal uno pero prefiero descansar.

Cuando me despierto Jonatan me dice que he roncado un poquito. Definitivamente estoy reventado. Aún así me levanto ya que tengo que comprar líquido y comida para subir mañana O Cebreiro. No es que tenga mucha hambre para cenar pero me apunto a una en común con cosas compradas en una de las tiendas del pueblo. Damos una vuelta rápida por Villafranca del Bierzo.

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Dan lluvia para mañana y hay uno de los españoles que no tiene chubasquero, ni de los más simples. Yo tengo uno pero sé que está roto por todos lados. Algo he hecho mal por que tiene agujeros como una raqueta. Es poco útil pero me lo guardo por si acaso mañana me lo tengo que poner.

Cenamos juntos en el albergue. Atun, pimientos… en fin… un bocadillo suave. Yo pego dos bocados y no puedo más. Estoy reventado de comer tanto ayer y hoy. O eso creo.

Mañana me espera O Cebreiro, no paro de pensarlo. Creo que me he obsesionado con el tema. De repente me doy cuenta de que no estoy bien, no es que esté hinchado. Yo creo que tengo fiebre. Por eso no tenía hambre… maldita sea. Intento conseguir un paracetamol pero el dueño del albergue, que se parece a Joaquín Reyes, me dice que no tiene. Se me olvido comprarlo en Astorga. Salgo fuera y pregunto por paracetamol. Uno de los españoles lleva de 1 gramo efervescente. Me lo da dándome ánimo. “Mañana estarás como nuevo para ir a O Cebreiro, claro que sí”.

Me tomo un gramo de paracetamol mientras por la sala donde estoy pasan dos peregrinos extranjeros a comunicarse con su familia a través del correo electrónico. Todavía hay peregrinos que no tienen móvil con Internet y en muchos albergues puedes encontrar ordenadores donde comprueban su correo. Me preguntan como estoy. Yo les cuento. Creo que el cuerpo ha respondido como debe. Después de los 46 kilómetros de León no he teminado de estar bien. Apenas he descansado y llevo dos días comiendo demasiado. Me dicen que no me preocupe que seguro que mañana estoy mejor. Se van. Me quedo sólo pasando este rato. Y llega Sergio.

– Miguel ¿No te vas a dormir?

– Me acabo de tomar un paracetamol. Necesito que se me pase esto un poco antes de irme a dormir. Pero sí, me acostaré enseguida tio. Mañana iré al siguiente pueblo y ya según me vea me quedo a descansar o sigo.

– Bueno, Miguel… mucho ánimo.

No las tengo todas conmigo aunque ahora que ya estoy mejor creo que podré dormir algo y mañana poco a poco. Primero un pueblo, después otro… el principio de la ruta es muy plano y luego viene la locura. Va a ser un día largo. A ver si los primeros kilómetros me sirven para mejorar mi estado y si no.. pues al siguiente pueblo y a descansar que no pasa nada tampoco. Bueno, toca descansar… hasta mañana.

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