Día 19: De León a San Martín del Camino

22 de septiembre de 2013

Hola:

No sé si voy a poder dormir algo esta noche. Justo al lado mío una persona tose y va al baño más de lo adecuado. Yo no me quiero poner malo. Estamos a 10 u 11 días de llegar. Mejor empecemos desde el principio.

Hoy de buena mañana me he despertado y he ido hacia el albergue con mi mochila a cuestas. No he dormido casi nada esta noche por que me acosté tarde y me he levantado temprano. Eso sí, he dormido sin levantarme a medianoche. Estoy bastante cansado. Una vez en el albergue he visto a Giovanni que me decía que se quedaba un día más por que tenía algo jodido. Me quito el sombrero ante este peregrino. Se ha sabido reponer a una situación que a mi me habría hecho plantearme seriamente el desaparecer de este camino. Pocos peregrinos conocen que le ha ocurrido en el camino yo sólo sé una cosa y me quito el sombrero por que lo sigo viendo caminando. Estoy seguro de que volverá a caminar. Le deseo Buen Camino. Me jode que gente así no siga en mi camino pero no hay nada que hacer. Visto de otra forma ahora se juntará con Cristina, Righi…. Por detrás de mi vienen peregrinos que alegran la vida a cualquiera y Giovanni tiene cierta confianza con ellos también. No le digo nada. Ya se los encontrará. He venido a este albergue buscando el sello de mi credencial.

– Hola. ¿Podría sellarme la credencial con fecha de ayer?

– No.

– Por favor, ayer llegue muy tarde aquí. Y pedí alojamiento pero no había. No es que me haya alojado en otro lado por gusto.

¡Típico de peregrino! – Tiene un marcado acento alemán.

Se va con mi credencial como refunfuñando. La persigo unos pasos y veo a algunos peregrinos tomando el desayuno antes de salir. Me arrepiento un poco de haber ido primero a la catedral.

– Muchas gracias – Le digo a la hospitalera cuando me devuelve mi credencial sellada y con la fecha de ayer.

Bueno, vamos a la Catedral que es donde dejé de caminar con mochila e iniciemos ya el día. Una vez en la catedral he puesto mi mano sobre una de las piedras como quien hace malla en el escondite y he comenzado a andar. Justo antes de salir de la plaza veo a Alessandro y Saúl con un papel y cinta adhesiva sacada de quién sabe dónde. Es para un compañero de camino, Mauro.

Hoy el camino abre dos posibilidades. Ya ha pasado antes pero hoy es más evidente. Al parecer hay quien va a Villar de Mazarife y quien va a San Martín del Camino. Se supone que el camino por Villar es más rústico y que te acompaña menos tiempo la carretera. Por eso hay mucha gente que quiere ir por allí, en particular, Alessandro y Saúl van para allá.

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Los acompaño esta mañana. La salida de León es una subida infernal pero tiene tributos a Hobbiton, la ciudad de Frodo, Sam…. En fin, está claro que hay gente muy cachonda por estas tierras. No son pocas las veces que a los que decidimos hacer el camino nos comparan con hobbits que van a destruir el anillo. Desde que la película hizo más popular la historia todo el que camina por gusto es un hobbit. Ya me gustaría a mi caminar por Nueva Zelanda. En España/Francia tenemos el GR-11 pero lo miré antes de irme y eso es un rompepiernas de los de verdad con varias jornadas seguidas de más de mil metros de subida. Eso sí, los paisajes son impresionantes. En realidad la primera etapa de Saint Jean compartía tramo con el GR-11. Todos los que salimos de allí podemos decir, tranquilamente, que hemos hecho parte de ese Gran Recorrido (de ahí lo de GR).

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Antes de salir de León nos encontramos con un chico de Estados Unidos. Más clavado al esteriotipo americano que mi compañero Mike que tiene ya ciertas características hispanas. Alessandro y Saúl que dominan el inglés se ponen a hablar con él. Creo que hablan de la NBA. Parece que Alessandro ha jugado algo al baloncesto. La verdad es que tiene altura para haber jugado. Esto es algo que pasa mucho, por mi altura mucha gente me ha preguntado muchas veces si he jugado al baloncesto. Lo mio no puede llamarse jugar… me gusta más correr o andar ya que me permite desconectar de todo durante una hora al día.

Por favor… un desayuno… por favor… la subida me ha dejado hecho trizas y justo hoy no había desayunado. Ayer cene tanto que pensaba que tenía energía de sobra… Que va, necesito comer algo. Me pido un vaso de leche y una napolitana de chocolate. Veo aparecer huevos con patatas. Típico americano, lo que yo te diga. Todos mis compañeros piden café. Sí, se puede combinar un café con huevos fritos. Allí nos tiramos cerca de una hora. Yo no salgo por que me agrada la compañía. Cuando llega Mauro todo tiene sentido. Saúl y Alessandro estaban haciendo tiempo para reunirse con él. Mauro saluda y decidimos salir. Lleva un palo que se ha debido de encontrar por el camino vete a saber dónde. Normalmente se los encuentran los primeros días. Yo llevo mi palo técnico o como se diga. Ha sido un regalo por mi cumpleaños de unos amigos que me quieren ver ya andando con ellos. La última vez llevaba un palo de madera con punta de metal típico de peregrino. La verdad es que era muy incomodo por que cuando andabas por ciudad no lo podías recoger. A este le falta una punta blanda para cuando vas por acera pero por el resto está aguantando bien todo el trabajo que le estoy dando. A veces lo uso de apoyo para descansar.

Al salir de este pueblo pasamos por un polígono de nuevo, como a la entrada a León. Esta vez las indicaciones no son tan buenas o yo no las veo tan claras. Hay dos flechas en el suelo. Toca separarse ya que todos menos yo van a Villar de Mazarife. Me despido de ellos. Sin dramas por que mañana nos volvemos a ver seguro.

– Me voy recto que es por donde dice que se llega a San Martín del camino. En mi guía aparece esta ruta como la original del camino de santiago.

Buen Camino Miguel. Nosotros estamos hartos de ir caminando por al lado de la carretera.

– Buen Camino y… hasta mañana.

Sigo recto. Al llegar a una pared hay una flecha en el suelo que indica que hay que girar a la izquierda. Le hago caso aunque mi intuición me dice que debería seguir recto no veo flechas que dirijan hacía allá. Después de andados unos quinientos metros me encuentro con un hombre que ha salido a andar.

– Perdone, ¿Para ir a San Martín del Camino?

– Sí, mire, en esa redonda… siga recto.

Gracias. No lo veo muy seguro pero hago caso. En la redonda no hay muchas opciones. O sigo recto o me meto por la autovía y voy solo así que prefiero seguir recto. Detrás de mi aparecen Saúl, Alessandro, Mauro y el americano. Los saludo. Ellos giran a la izquierda en esta redonda. Definitivamente no sé si ellos van bien, no sé si yo voy bien. Sigo recto un poco y me encuentro con algunos peregrino.

– Hola ¿San Martín del Camino?

– No, esto es para ir a Villar de Mazarife.

Me he equivocado. Mira que mi intuición me decía que debía seguir recto. Bueno, no puede estar muy lejos. Le pregunto a una señora del pueblo como retomar ruta y me da unas indicaciones nada claras. Las empiezo a seguir. Cuando estoy alejado y sé que no me ve nadie saco mi móvil y enchufo el GPS. Curiosamente el camino sobre el que estoy aparece en los mapas. No debo ser el primero que se pierde por aquí. Hace calor así que voy buscando una sombra inexistente en este tramo que no es del camino. Creo que soy el único que anda por aquí hoy pero vamos, son como mucho 3 kilómetros. Nada… una recta por un camino de tierra paralelo a la autovía. Un giro y me meto al pueblo y a la ruta de nuevo. Ya simplemente es buscar la calle principal del pueblo. El camino siempre pasa por la calle principal. Es de lo poco que he aprendido. Me recuerda a lo que me explicaron en historia en tercero de la ESO de que las ciudades crecían alrededor de los ríos. En realidad el camino es, en parte, una fuente de recursos para estos pueblecitos. Hoy me he marcado una ruta bajo el papel de 26 kilómetros.

Retomo el camino y saludo a algunos peregrinos. Me preocupa donde hayan podido acabar mis amigos pensando que yo andaba bien. Espero que no se hayan fiado de mi pedazo de orientación. Había leído que la entrada a alguna ciudad grande era un poco locura pero no había leído sobre salidas confusas. Bueno, ya estamos en ruta. Ante mi caras desconocidas hasta hoy. Acompaño un rato a un grupo pero se quedan a descansar enseguida. Yo sigo andando. Cuanto antes llegue a San Martin del Camino mejor. Ayer no pude lavar la ropa. No sabía como hacerlo en un hotel.

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Hace demasiado calor. Llego a San Martin del Camino. Veo un OVNI. ¿Qué es eso? Por que está en el suelo que si no pensaría que se trata en realidad de un platillo volante como el de las peliculas. Tranquilos. No era más que un depósito de agua y mi destino. El deposito de agua estaba en el patio del albergue público. Bueno, ya estoy aquí. En el patio están Joan, Carolina (una chica de venezuela afincada en Madrid, un poco ciudadana del mundo), Diego (un chico de Bilbao que al parecer ha comenzado en León) y Francesco (un italiano con el que he coincidido alguna vez en el camino). Dejo mi mochila. No está la persona que se supone que se responsabiliza del albergue. Pongo mi saco encima de una de las camas. Seguro que antes de irme a dormir me cobran. Tengo un hambre que me subo por las paredes. Me despido de ellos y me voy a comer a un bar que se anunciaba mucho a la entrada del pueblo. Es un pueblo pequeño. El restaurante es además albergue. Veo a gente llegar para pedir cama. Veo al Danés de la noche terrorífica en Carrión de los Condes. Maldita sea… es posible que me lo vuelva a cruzar. Bueno, hoy por lo menos no me toca dormir cerca de él. Bién, podré descansar. Veo a los brasileños que me siguen llamando ¡Italiano!. Definitivamente son unos cachondos mentales. Hablo un poco con ellos. Desaparecen para irse a descansar. Dicen algo así como que no saben lo que les depara la noche así que mejor dormir ahora.

Después de comer salgo de allí. Una chica joven me atiende en todo momento y parece pedirle a su madre la comida de los menus. Bueno, es un negocio familiar. Todo queda en casa. Cuando vuelvo a mi albergue paso por donde cobran para ver si había llegado la persona. Como no ha venido… tomo una decisión. Si no me piden que pague… no pagaré. Es injusto con las personas que han llegado antes que yo y que ya han pagado pero o es así o a los próximos les va a dejar igual de tirados.

Me ducho, saco la ropa de mi mochila. Entre la ropa que no se había secado bien y la que no limpie no tengo ropa para ponerme. Decido salir a la calle sólo con un pantalón corto que hace tiempo que no me pongo y limpiar toda mi ropa. Hoy hace un muy buen día y es temprano. Seguro que le da tiempo a secarse. Lo primero es conseguir una camiseta. A la media hora cuando veo que hay una camiseta que está medio seca me la pongo. Hago lo mismo con la ropa interior y los calcetines. Tengo claro que voy a tener que secar ropa con mi calor corporal.

Todos los que están en el jardín hablan castellano así que la comunicación es fluida. Les cuento mi aventura de ayer. Les digo que no estoy orgulloso de haber hecho una tirada tan larga pero que no soportaba ya andar por castilla. Ayer no tuve tiempo de contarle nada a Joan y me despedí muy rápido. Diego me confiesa que se sintió mal por que él empezaba allí y pilló una plaza que podría ser para un peregrino como yo. En realidad entiendo su sentimiento pero es normal que la primera noche antes de empezar el camino te alojes en un albergue de peregrinos. El problema es que ayer León inauguraba un órgano. Al acto estaban invitadas altas personalidades de la vida política y esto había petado todo la ciudad. Además estábamos en una ciudad que bebe mucho del turismo. Hablando de beber.. hay una zona llamada Barrio húmedo que está llena de bares de tapas y de copas. Es más, el albergue público estaba justo al lado del barrio húmedo, se me olvido contártelo ayer. Pero vamos, que no tuve tiempo de visitarlo como se merece.

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Ya con la ropa seca decidimos darnos una vuelta por el pueblo. Yo estoy reventado. La ampolla hoy también ha dicho aquí estoy yo. Eso sí, menos fuerte que los primeros días. Los acompaño sin mucho ánimo que digamos. Siguiendo el camino llegamos a las afueras del pueblo. Todo apunta a que la ruta de mañana es una recta inmensa donde no es posible perderse aunque se salga de noche. Bueno, no pienso madrugar. A la vuelta pasamos por una calle donde los vecinos han sacado sus sillas a la calle. Nos ponemos a hablar con ellos. Nos cuentan que la ruta real del camino pasa por Villar de Mazarife. Comentan que de unos años a esta parte el camino pasa por allí pero que de siempre el camino ha ido por Villar. ¿Qué hago allí entonces? Se me cae algún mito del camino, esto también está politizado. Este mismo hombre dice que algún dirigente ha hecho que el camino pase por pueblos por los que nunca pasaba por que tiene intereses en ellos. No puedo creerlo. El hombre está muy mayor pero lo que dice resuena en mi cabeza con bastante sentido. ¿Cómo saber el camino real que se supone que hacían los peregrinos antiguos?. No sé en que fuente basarme. Bueno, a partir de ahora haré lo que me pida el cuerpo.

Llegamos al albergue a la hora de cenar. Yo me voy a un bar que hay enfrente a pedir un bocata y un quinto. La sesión de fotos que nos hemos marcado gracias a Carolina a la que le encanta este pueblecito me ha dado hambre. Cuando llego hay otro grupo que se va al bar y ya hay gente cenando con comida comprada en algún supermercado. Mientras ceno viene la persona que guarda el albergue.

– Perdona, tu no estabas antes aquí. ¿En que cama estás?

Vaya, me va a tocar pagar. Entro al despacho que ha permanecido cerrado todo el día. Me fijo en quien tengo delante. Anda, si es la misma chica que me atendió en el restaurante. Al parecer los dos albergues principales del pueblo son de la madre y la hija. Negocio cerrado sin duda. Pago, me llevo algo de comer y bebida para mañana.

Ya es tarde para mi. Hablamos un rato más fuera y nos vamos a dormir. Entro en la cama. Al lado mio hay una persona que está enferma. Está tosiendo ya un rato y de vez en cuando se levanta al baño. Está francamente jodido. No sé que hace en una habitación comunal. Nos lo va a pegar a todos. Voy a intentar dormir. Por favor, sólo quiero descansar un poco antes de salir. Mañana más.

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