Día 18: De Bercianos del Real Camino a León

21 de septiembre de 2013

¡Hola!

No tengo fuerzas ni para escribir pero haré un esfuerzo. Estoy alojado en una habitación individual en León. En el hostal Don Suero tras andar 46 kilómetros. Te cuento.

Son las 6 de la mañana. Ya se empieza a escuchar gente recogiendo sacos y demás. Yo me levanto sobre las seis y media de la mañana. Desayunando me encuentro con Daniele, Sarah y Beth. Les deseo a los tres buen camino. Estoy seguro de que no van a León. Recojo los cacharros con los que he desayunado y dejo un donativo en el buzón. Me he sentido muy acogido. Subo a las habitaciones a por mi mochila y me despido del peregrino que va con traje y maleta. Se está preparando para salir. Antes de bajar lo he visto buscando la ducha, curiosamente nadie le ayudaba así que en un segundo me he acercado y le he indicado donde estaban. Están junto a los baños así que o te lo dicen o no te das cuenta.

– Buen camino

– Thanks

No creo que me lo cruce de nuevo. Si no entendí mal su medía está en 40 kilómetros al día.

A las siete y cuarto decido salir a andar. Es un poco de noche todavía. Algunos hospitaleros están fuera:

– Sabéis, las siete y cuarto me parece muy temprano para salir, aún no veo por donde ando.

– No te preocupes en media hora ya vas a ver por donde andas. Además, cuando yo lo hice está era la mejor hora para salir.

Debo confesar que las sensaciones son buenas. Es el principio del día, no me puedo confiar y más dado lo de ayer. Sólo bromeo con la idea de llegar a León. Algunos peregrinos se ríen sólo de pensarlo.

– ¿León? No… no tengo prisa. No quiero llegar antes de tiempo. Miguel, tu tampoco vas a León. Estás de broma.

– Yo no lo sé, la verdad sea dicha, mejor os deseo buen camino por si no os vuelvo a ver. Ha sido un placer.

No me emociono por que estoy casi seguro de que hoy no llego a León y de que me los seguiré cruzando.

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Ayer recibí un mensaje de Leo. Me decía que estaba en un pueblo antes de León. Mañana (hoy) ira a León y de allí tomará un bus por la tarde hasta Oviedo para andar el camino primitivo. No soporta la cantidad de gente que está haciendo el Camino Francés. No está haciendo el camino relajado sino pensando en si tendrá plaza en el siguiente pueblo o no. Prefiere irse a hacer otro camino antes de seguir pendiente de estas cosas. Vente. El primitivo. Me llama la idea pero mi objetivo ahora es acabar el camino francés. Me disculpo y le digo que no voy a cambiar mi objetivo. Buen Camino Leo. A lo mejor nos vemos en tu cumpleaños en Santiago. Leo cumple años el día que el grupo del principio teníamos pensado llegar a Santiago. Ojalá pudiera ser un poco más flexible y cambiar de esa forma mis objetivos personales.

El día transcurre siempre al lado de la carrera no hay mucho que destacar del camino. Me alejo de la gente, me la vuelvo a cruzar, tomo un manzana. Antes de llegar a Mansilla de las Mulas (donde al parecer se van a quedar algunos peregrinos) me despido de ellos. Ahora sí que me miran como creyéndose lo que digo. Mi cara les dice que no voy de broma así que nos damos un abrazo y sigo mi camino.

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Son ya casi las 12 de la mañana. Llego a Mansilla de las mulas. A partir de aquí mi plan es ir andando de pueblo en pueblo y llegar a León como si tal cosa… sin pensarlo mucho. 6 kilómetros me separan de Puente Villarente. Espero que haya un bar. Sigamos. Al llegar compruebo que se trata de una calle con casas a los lados. En el primer bar que veo me paro. Entro. Por favor, la jarra de cerveza más grande que tengas y un bocadillo de jamón. ¿Un enchufe?. No puedo continuar sin enchufe. Compruebo mi pie. Todo está bien. No me duele apenas. ¡Vamos! puedo llegar a León. Me doy ánimos a mi mismo. Enchufo mi móvil. Aviso a un compañero de León que no me esperaba que es posible que llegue hoy a León, si nos podemos ver bien, si no no pasa nada. Después de lo de hoy voy a necesitar descansar. Me responde que sin pegas, que lo he pillado a contrapie pero que nos vemos fijo.

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Me tomo mi cerveza, mi bocadillo, descanso un poco. Pido una botella de agua. Me separan de León unos 16 kilómetros. Vamos allá. Al salir noto el calor. Pongo mi mano sobre la botella de agua. Vale, tengo comida y agua, no me puede pasar nada.

Son las dos de la tarde más o menos y me quedan unas 4 horas para llegar a León. Voy a caminar en la peor hora para hacerlo. En las horas centrales de la tarde. Venga. Son seis, cuatro y seis kilómetros. Esto está hecho. ¡Vamos!. Me doy ánimos. Soy consciente de que estoy a punto de hacer lo mismo que una maratón. Andando y con mochila pero lo mismo que una maratón. Bueno, un par de kilómetros más. Llego al primer pueblo. 6 kilómetros menos. Estoy cansado pero puedo seguir. A 10 kilómetros no me voy a retirar. Estoy ya al lado. Venga, cuatro kilómetros más y llego donde estuvo ayer alojado Leo. A mitad de camino la ampolla hace una pequeña aparición. Bueno, tranquilo. Esto sólo significa que hay que andar un poco más lento para darle un poco de reposo. No tengas prisa, hoy te alojas donde haga falta, no pienso ya en conseguir plaza en el público aunque me probaré. Llego a Arcahueja. El último pueblo antes de León. Seis kilómetros me separan de León. Estamos ya allí. Lo voy a hacer.

Hace demasiado calor. Bebo agua y no se me quita la sed. La ampolla me está jodiendo a base de bien. Sólo pienso en llegar y en poder tener un momento de recogimiento personal en la catedral. Es más, no voy a ir directo al albergue cuando llegué a León. Quiero dar las gracias por esos grandes peregrinos que el camino ha puesto a mi lado. Justo al salir del arcahueja he visto a un alemán que iba casi igual de cansado que yo. Los dos queremos dejar atrás la parte más árida del camino. Yo en particular quiero dejar de andar por al lado de carreteras nacionales y autopistas ya. Mi compañero y yo andamos jodidos pero conseguimos comunicarnos en inglés y nos hacemos la compañía suficiente para llegar a León. Hace un calor de miedo.

¡¡Por fin!! León ya se ve al fondo. Estoy seguro de que tardaremos un rato en llegar pero verlo me da ánimos para seguir. Vamos allá. A la entrada veo a Philip, el peregrino al que ayudé en la entrada a Logroño. Lo hacía en su casa por una lesión. ¿León? ¿Hoy? Me alegro un montón de verlo. Me indica que hay plazas en el albergue público y por donde está. Al parecer él también se alegra de verme. Joder con el camino… Bueno, me quedo con donde está y continuo hasta la catedral. La catedral… Sólo pienso en entrar y sentarme un rato. Un palacio de diseño muy catalán. ¿Gaudi? Jajaja… León es una ciudad curiosa. Una pena que me la vaya a perder. Antes de llegar a la catedral escucho a alguien gritar.. “¡Italiano!” No puede ser… Beto, Aline y Cristiano… tres brasileños que van siempre juntos están tomando algo en una terraza. ¿Quién más andará por aquí?. Bueno, vamos a dar las gracias por llegar aquí y luego vemos quién hay por aquí. Al llegar a la catedral, en la puerta veo una furgoneta de el palacio de Canedo. ¿Esto? Era uno de los lugares que se barajaron cuando la boda de mi hermano. ¿Qué hace esto aquí? Entro y miro a la recepcionista.

– Estamos cerrando. No puedes entrar que hay una boda.

– Por favor, llevo andados 46 kilómetros. Aunque sólo sea entrar en el claustro. Por favor.

– Pasa pero cerramos ya.

– Gracias.

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Entro al claustro. Clavo la rodilla en el suelo. Pongo una mano sobre la piedra. Mi cabeza sobre la piedra. Pienso en que esa piedra está conectada con toda la catedral. Pienso en que esa piedra está conectada con todo lo andado hoy y esta semana. ¡Ya estoy en León! ¡Sí! ¡Puedo acabar este camino! ¡Puedo con esto! ¡Vamoos! Salgo de allí agradeciendo a la mujer que me había dejado pasar el poder agradecer estar allí.

Voy al albergue público a ver si hay alojamiento. Allí veo a Joan que está sentado en una silla. Me dicen de forma muy educada que no tienen plazas pero que puedo ir a otro albergue que parece estar por la zona de la catedral. Saludo a Joan y a la gente que está con él. León es comienzo de camino para mucha gente. Es más, en la última ocasión cuando salí desde Sarria sobre todo conocí gente que salía de aquí.

Llego a la parte de atrás de la catedral y no encuentro el dichoso albergue. Voy a una especie de hotel donde me atienden pero no conocen ningún albergue cercano. Nada, que parece haberse esfumado. Estoy muy cansado así que es posible que no me haya quedado bien con las explicaciones. Después de ir a tres hoteles decido pararme en uno de ellos. No tienen plaza. ¿Podéis conseguirme habitación individual en alguno? Son bastante amables así que llaman al Hostal Don Suero y allí consiguen mi habitación. Les pregunto si pueden conseguirme un taxi. Me dicen que sin problemas. Que lo llaman y me recoge en la puerta.

¿Un taxi? Bueno, mañana vengo a la catedral desde donde sea y ya empiezo a caminar desde allí de nuevo. No quiero hacer “trampas”. Al llegar al hotel me recibe un hostalero cachondo. Muy gracioso él. No estoy para bromas. Dime lo que tengo que rellenar y dame la llave. Hace bromas sobre cobrarme por el sello. Que no, que es broma. Su sello ocupará dos casillas. Yo no las tengo todas conmigo de que todos los sellos puedan caber en una única credencial. Le pido que no sellé la credencial. Mañana por la mañana voy al albergue público a primera hora y se lo pido a ellos. Al fin y al cabo, no me he quedado allí por que no había plazas no por falta de ganas.

Una cama para mi solo. Una noche libre de ronquidos… Voy a poder descansar ¡Por fin! Me ducho y recibo la llamada de Alejandro, un compañero de León. Quedamos a las 9 en la catedral. ¡Vale!. No sé como se llega pero bueno, no puede ser muy complicado. Me tiro en la cama y me quedo dormido. Por suerte he puesto una alarma así que me despertaré para llegar a tiempo.

Después de una pequeña ruta llego donde está Alejandro. Me ve bastante desmejorado. No es el Miguel que recordaba de un evento de Alicante.

– Jajaja. Sí, cojeo, pero no te preocupes por mi. Estoy bien. No todos los días puedo ver a un amigo en el Camino. Bueno, ni tener un buen guía turistico de la ciudad en la que estoy.

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Se parte de risa mientras me presenta a su novia. Ahora vendrá su hermano. Han quedado todos para salir por León. Ya cuando me dijo que podía bajar a León me pareció extraño. Al parecer no es de León. Le comento lo del resto de peregrinos que creo que se han quedado en Mansilla. Me comenta que el pueblo no tiene buena fama. En realidad pocos pueblos del camino, antes de llegar a León, tienen buena fama. Me da por reirme. Bueno, ya pasó… Le comento lo contento que estoy de haber pasado ya la parte que dicen que es más asquerosa del camino. Coincide conmigo.

Lo que tienes por delante, sobre todo a partir de Astorga, te va a reponer… seguro.

Su hermano llega con una cámara de fotos, definitivamente no son de León, León… Por el camino se encuentran con amigos que hace mil siglos que no ven.

– ¿Sabes? Lo único que me jode de haber llegado tan tarde es que estoy viendo todos los museos de la ciencia que me encuentro en el camino y aquí no voy a poder verlo.

Por suerte, bueno, por desgracia, en León no hay museo de la ciencia. Tienen edificios muy bonitos y construcciones muy curiosas como el palacio de Gaudí y la catedral que desde fuera parece bastante grande pero nadie se ha preocupado de hacer un museo de la ciencia.

Tras pasar por varios bares y probar la morcilla de León (aquí parece que hay morcillas autóctonas en todas las grandes ciudades… jajaja… bien, bien). A las 1 de la mañana ya nos recogemos después de dar una vuelta por la ciudad. Alejandro y su pareja me dejan en la puerta de mi hostal. Muchas gracias por estas risas y por esta visita. Siento no estar con mucha energía. Voy a descansar ya que mañana me toca seguir. Ni siquiera sé cuantos kilómetros tengo por delante. Cuando me despierte lo veré.

Bueno… hasta mañan…

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