Día 16: De Carrión de los Condes a San Nicolás del Real Camino

19 de septiembre de 2013

Hola:

Ayer creo que me pasé haciendo el trayecto en menos de 3 horas y 15 minutos. Hoy, en los 32 kilómetros que he andado, lo he pagado. Te explico.

Ya te conté que ayer en mi habitación dormía una persona que roncaba. Haciendo un gran esfuerzo creo que habré dormido unas dos o tres horas. A las seis de la mañana, simplemente he tomado mi mochila y he salido fuera. Ante mí 17 kilómetros sin casas, sin puestos y sin nada. Mi frontal funciona muy bien. Hay casi luna llena así que el camino estaba bastante iluminado. Ayer por la tarde, antes de ir al río descubrí por donde continuaba el camino. A la salida de Carrión de los condes hay una gasolinera pero por la noche no te venden nada.

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A estas horas sólo pasan por las carreteras coches que van a su trabajo. El camino es bastante ancho y no hay cuestas. Creo que hay animales, quizás lo que escucho sea la propia madera de los árboles crujiendo. No lo sé. Estoy un poco cansado, pero son muchos kilómetros, no quiero que me pille el sol. Escucho sonidos rítmicos detrás de mi. ¡Pasos! Hay gente detrás de mi. ¿Hay gente que salió más temprano que yo? No sé como pueden. “¡Miguel!”. Me giro y veo a la persona de Bilbao con la que me tome una cerveza ayer. Qué grande. “¡Bueno, te dejo que vas a tu ritmo!”. “Sí. He apretado un poco a principio de la mañana pero dado lo poco que he dormido mejor que controle la velocidad o no acabo”.

El camino transcurre por una antigua calzada romana. Debe estar hecha polvo por que, a veces, noto pinchazos en el pie. Cómo si me clavara las piedras. ¿Serán mis botas? No creo. Siguen teniendo bastante dibujo. Miro a mi alrededor. El resto van bien como si el camino no tuviera piedras que pinchan. Sí, ya hay bastante gente andando alrededor mio. Sigo caminando aunque, a veces, piso piedras que me hacen ver las estrellas. Tengo que bajar el ritmo para recuperarme. Se me está haciendo muy largo el tramo hasta Calzadilla de la cueza.

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No veo el pueblo por ningún lado. El pueblo debería verse ya. A este pueblo le pasa lo mismo que a Hontanas. Cuando estamos a unos doscientos metros aparece el pueblo. Al entrar escucho “¡Italiano! ¡Italiano!” Me giro y son los brasileños que van haciendo el camino. Uno de ellos lleva una cinta tatuada en su pierna. Una cinta negra que habla del camino. Al parecer no es la primera vez que realiza esta aventura. Hablan algo de español así que puedo hablar con ellos. Al parecer creen que soy de Italia. Me llevan viendo todo el camino hablando con gente de allí. Cualquiera les dice que soy de España. 😀

Una vez en el pueblo todo el mundo para a tomar algo y a entrar en el baño del bar que hay. Yo me como lo que llevo en la mochila mientras veo desayuno caliente. Joan, que me ha visto en el camino, dice que lo que me pasa puede tener que ver con mi pie. No, mi pie está bien seguro. Llevo ya 15 días andando y todo el entrenamiento. Los pies están preparados para todo. Han sido las piedras que me han dejado roto. Eso sí que me ha podido herir un poco el pie. Además, siempre pisaba las piedras malas con el mismo pie. Lo tengo bastante dolorido. Sólo me queda por delante menos de lo que ya he andado.

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Hoy pasábamos por Terradillos de los Templarios, donde se supone, según las guías que acaba la ruta de hoy. Yo he seguido. Quería descansar en un pueblo donde no fuera todo el mundo. Moratinos es mi opción. Al llegar a Moratinos veo a un peregrino salir a decirme que está todo completo. ¿Completo?. Me acerco a lo que parece el hotel. No me abren la puerta. Déjame entrar que sepa si hay más sitios aquí. No, no te abro… Bueno, sigo hacía abajo. Este también está completo me dice Joan.

– Hola Joan. Voy a preguntarle al tipo del albergue.

Me siento en un lado a descansar y a beber agua. Estoy reventado. El siguiente pueblo está cerca. Vamos para allá. Hace mucho calor pero bueno… simplemente tengo que llegar. Estoy dolorido y muy cansado.

Al llegar a San Nicolás del Real Camino descubro que sólo hay un albergue. ¿Hay plazas? Me miran como asombrados. Claro que hay sitio. Gracias de verdad. 32 kilómetros.

– Estoy cansado. Voy a comer y ahora subo a por la cama, te dejo aquí la mochila.

Me quito las botas y con las chanclas puestas me siento en una mesa en la terraza. Cerca hay una madre y una hija de Valencia que están haciendo el camino. Ellas siguen hasta Sahagún. Mucha suerte. No sé como tienen tanta fuerza. Dicen que llegarán sobre las cinco o las seis pero que llevan agua y comida y con eso les sobra. Vuelvo al albergue. Subo a ducharme. En mi habitación hay francesas con las que no puedo hablar, problemas de idioma. Perfecto, así estaré más tranquilo. Sólo espero que no haya gente que ronca cerca. Al salir a ducharme veo como suben por las escaleras Alessandro, Martina, Mila y un chico al que no conozco. Vaya. Pensaba que Alessandro y Martina iban una etapa anterior. Por lo que me habían contado se quedaron en el albergue que parecía muy acogedor de justo antes de entrar en la provincia de Palencia.

– Bienvenidos, nos vemos ahora… voy a ducharme.

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A la vuelta de la ducha me siento en la litera de abajo. No quiero pensarlo pero me sigue doliendo el pie con chanclas. Miro mi planta del pie. Donde hace contacto con el suelo al andar… justo ahí… tengo una ampolla cuyo liquido no se ve. He oído hablar de estas ampollas. Y no bien, nada bien… Una de las españolas se tuvo que volver ya que no aguantaba el dolor de este tipo de ampolla al andar. Vaya, creo que lo de ayer me ha pasado factura. Nada. No creo que sea para tanto. Entiendo que hay gente que no ha entrenado, que no ha andado. Gente que no conoce el dolor de una ampolla y a la que le disgusta mucho. Vamos abajo que seguro que este dolor no me dura mucho.

Bajo al jardín. Voy cojeando. Mierda… esto duele más que cualquiera de las ampollas que he tenido antes. Limpio mi ropa en el jardín, la cuelgo y me siento en una de las sillas con Martina y Mila.

– ¡Hola! Mi nombre es Saúl.

– ¡Hola!

Este es el nombre del muchacho que iba con ellos tres. Parece buena gente. Martina me comenta que está planteando andar una nocturna. Leo también se lo planteaba… yo estoy roto. Me lo pienso pero tras caminar un poco por el jardín me doy cuenta de que no tengo nada que hacer. Martina es bastante rápida. No voy a poder seguirla. Qué va. Yo esta noche me quedo a descansar un poco. Además, mañana quiero ir al centro de salud de Sahagún para que me quiten esta ampolla de forma segura. Esto no puedo pincharlo yo por que no sé donde está el liquido. Mejor que lo hagan en un centro de salud.

Los tres me dicen que van a cenar en el otro restaurante del pueblo. ¿Pero hay más? Al parecer a 300 metros hay un restaurante donde ofrecen menú. Accedo a cenar con ellos. Me caen bien la verdad. Descanso un poco más y a las siete de la tarde bajo a verlos. Un poco más descansado los pies no me duelen tanto. Pero sigo cojeando. Me miran y digo:

– Jajaja… no os preocupéis… puedo andar, puedo andar.

Llegamos al bar, cenamos, compartimos un poco de vida… un poco de vino y un orujo blanco. Alessandro y Saúl no conocen el orujo. Martina y Mila sí que la conocen. Martina ha estudiado de erasmus en España y Mila es Española. Efectivamente, es una bebida fuerte. Se la beben poco a poco. No entienden como yo me puedo tomar el chupito de golpe. Aún así esta noche no he perdido el norte con el alcohol. Saúl está aprendiendo español. Me cuenta que sabe decir “La niña come la manzana“. A saber con que está aprendiendo español. Me ha parecido curioso observar como brindan. Todos los italianos apoyan la copa antes de beber. A mi me suena de una tontería que en español tiene sentido. Me dicen que lo hacen por lo mismo. No puede ser… les enseño otro movimiento y lo que significa. No entienden nada así que se lo explico con palabras técnicas técnicas. Me miran con los ojos abiertos y se parten de risa. ¡Por el camino señores!.

Espero que tengáis un gran camino. Me temo que esta noche es la última que los voy a ver. Si se adelantan una etapa y es lo que parece que van a hacer no los voy a volver a ver. Mañana no sé hasta donde llegaré. Hoy no las tengo todas conmigo. Espero poder acabar el camino. Maldita prisa. Si me tengo que retirar por esto… Vamos a descansar y mañana veremos como va todo. Antes de acostarme veo un libro de Ponferrada en la biblioteca del albergue. Se me sienta al lado una chica que trabaja de representante de North Face (es una marca que junto con quechua se lleva todo el mercado del camino… Yo no llevo nada de ninguna de esas dos marcas). Es una tipa simpática pero entiendo que no la volveré a ver.

Estoy derrotado. Me toca ir a dormir pero voy a echar de menos a toda esta gente. Mañana más. ¡Buen camino chicos!

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