Día 14: De Hontanas a Fromista

17 de septiembre de 2013

Pierdo el motivo, el punto de vista, me disculpo y sigo caminando.

Cuando hoy me he despertado ya no quedaba nadie en mi habitación. Mis botas debajo de unos bancos, mi mochila en el suelo, pegada a la litera. ¿No hay nadie? Una persona al fondo está metiendo el saco en su mochila. Nos miramos y no hace falta que digamos nada. O todo el mundo se ha levantado muy temprano por algo o nuestros respectivos cuerpos han reclamado su descanso. Bajo de mi litera, recojo mi saco, me lavo la cara y para afuera.

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Eso de arriba es una vista de lo que iba dejando atrás. Hoy he visto gente que vuelve de Santiago andando a su punto de partida. ¿La flecha azul? Es como la amarilla para los que nos dirigimos a Santiago. Bajo algunas de estas flechas se puede leer “Vuelve”. La verdad es que a la gente que hace lo que se conoce como El retorno se la ve tan tranquila y feliz.

Todavía no me hago a la idea de como será llegar a Santiago de Compostela. La última vez no fue nada del otro mundo. Recuerdo que estaba preocupado por hacer todo lo que había que hacer cuando uno finaliza el camino, como si fuera una prueba o algo así. Lo único que me salió fue algo como “Conseguido”. Cinco días andando unos veinte kilómetros. Hoy es mi día 14 caminando. Estoy a punto de alcanzar el día 15 que era el día que decían aquellos franceses a partir del que todo va rodado. Las sensaciones son muy buenas. No me duele nada, sólo ando algo cansado. Menos que los primeros días.

En el momento de hacer esa foto iba acompañando a una persona de Estados Unidos más permisiva con mi inglés. Extrañamente he tenido que dejarla atrás por que iba lenta. Al final el camino lo hace uno a su ritmo o se rompe. Lo tengo claro hace tiempo. Le he deseado Buen Camino. Por lo poco que he podido hablar con ella parece muy buena gente.

Mi destino hoy es Boadilla del Camino donde ha dormido Leo y del que tengo buenas referencias. Me han recomendado un albergue donde los hospitaleros son buenos. El camino de hoy pasa por varios puntos que todo peregrino recuerda siempre. Te cuento.

El paisaje de la jornada es más bien árido pero nos lleva a un monumento derruido. Decido entrar dentro. Hace buen día así que no creo que se me caiga nada encima. Dentro hay un lugar para dormir. Lo visito. Me ven cara de guiri así que siguen hablando en Español como si nadie los entendiera. Hablan de que llevan varios años sin verse. Que les hubiera encantado dormir otra vez aquí. La mujer que cuida el lugar le dice que ayer no les quedo ninguna plaza en ese lugar. Me sorprende. Aunque son tres o cuatro camas nada más. Definitivamente hay gente que disfruta del camino y va a su bola.

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Salgo de allí, hay que continuar camino. Me encuentro a un grupo de italianos que siempre van juntos que justo llegan. Los saludo antes de irme. Paso por Castrojeriz. Según la guía es un pueblo largo. Me encuentro referencias a mi apellido principal y a la región donde vivo. Jajaja. Me parece muy curioso ya que mi primer apellido no es común y ver Murcia por estas tierras me llama la atención. No puedo más que tomarme fotos como si estuviera en un parque temático.

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Continuo andando y la verdad es que si que es largo el pueblo. Es una calle principal de unos dos kilometros y alrededor casicas. Veo casas rurales que parecen hoteles. Aquí tienen claro cual es la fuente de negocio y no van a dejar, en lo posible que se escape como si tal cosa. Paro frente a un bar y me tomo un poco de chorizo, queso y agua de la fuente que tengo enfrente. El del bar me mira como diciendo… que cabrones… no gastáis ni para agua. Yo le sonrió. No estoy sentado en ninguna de tus mesas tranquilo. Con el bordillo este me vale. Todo el mundo para y toma algo…

Efectivamente. Nada más salir del pueblo vemos una colina abandonada a su suerte. Antes de llegar allí, a la altura de un acueducto es donde he visto a un personaje que volvía. La verdad es que era muy personaje… iba como disfrazado y feliz como él solo. Bueno… ya queda menos para entender que pasa en Santiago. Sin prisas. El camino se dirige recto hacía la colina… Vaya… nos va a tocar subir. Todos vamos con bastante ánimos. Nos pasa algún ciclista rezando todo lo que sabe. Hace calor y la cuesta es bastante pronunciada. Sólo espero que no sea muy larga. Antes de subir un cartel que avisa del porcentaje de subida. Parece decir… id con cuidado, no os paséis de listos. No veo a nadie correr ni adelantar peregrinos. Vamos todos a un ritmo muy bajo. No sabemos cuando va a durar. Pero las vistas del valle cada vez son más bonitas. Aprovecho para hacer alguna foto y descansar. O descanso y echo alguna foto…

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Como puedes ver no hay ninguna sombra… muy divertido sí. Bueno, después de un buen rato subimos a lo alto de la colina. Estamos tranquilos y vamos a disfrutar de este momento. Veo a un italiano que va siempre grabando por el camino. Righi, que es como se llama, me saluda. Parece que vamos al mismo ritmo por que me ha saludo en varias ocasiones. A mi me recuerda a uno de mis familiares. Es un cachondo mental… ¡Hola! Me siento por allí, tomo algo de agua. Descanso algo y me marcho que hay que seguir caminando. ¡Buen camino! Lo que nos espera después de esa subida es lo que se conoce tecnicamente como una bajada de la hostia. Un cartel vuelve a avisar del desnivel…

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Hasta que no te acercas no sabes como es el terreno. Lo han llenado de hormigón. Se ve que era un sitio idóneo para resbalar y caer rodando como esos que se tiran persiguiendo un queso en no sé ahora mismo que país. Bueno… no pasa nada, por lo menos se ve el final de la cuesta. Todos los que vamos bajando coincidimos… Este tramito de unos cuatro kilómetros es un rompepiernas pero hay que pasarlo también. Seguimos caminando por un secarral auténtico. Mira que venía concienciado por que antes de venir leí dos libros, “Bueno, me marcho” y el del Coehlo pero esto nada tiene que ver con la vista que tenemos ante nuestra mirada hoy. Son cerca de las 12 del mediodía. Lo único que nos tapa son los gorros que llevamos. Todo el mundo se ha echado crema en lo alto de la colina. Lo último que queremos es quemarnos y entendemos que este sol no es bueno para la piel. Hidratación y crema solar son nuestras herramientas y hacemos uso de ellas. Hay que tener el ánimo alto. Los paisajes no acompañan. La visión de girasoles negros como el tizón que no se dirigen al sol es incluso aterradora. Me domina una risa nerviosa que parece decir pero, ¿Qué me estás contando?.

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La gente que pasa por al lado mio me mira raro. ¿Qué haces?. Has visto esos girasoles… jajaja. Por suerte a pocos metros… justo antes de llegar a Palencia vemos un albergue. Me planteo el quedarme pero es muy pronto todavía. Un grupo de gente que habla italiano se queda allí a dormir. Los saludo y les deseo muy buena noche, yo quiero llegar a Boadilla del Camino y aunque el paisaje no acompaña creo que tengo energías suficientes para llegar.

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La verdad es que tiene una pinta el sitio de lujo. Está aislado de todo así que tranquilidad total por la noche para montar la que uno quiera y bueno… es muy acojedor. Creo que no tienen luz. Y yo sin luz no sé vivir… Quién sabe si más tarde me arriepienta de no haberme quedado a dormir allí. De momento sólo pienso en llegar a Palencia y la tengo a un puente. Lo paso con el italiano que graba en vídeo que está detrás de mi grabando algo. Sabe que estamos a punto de entrar en Palencia, seguro que quiere grabar el monolito que lo indica. Ahí está. Lo dejo pasar y me tomo una foto con él con un guiño secreto a mis compañeras y compañeros palentinos.

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Me acuerdo de todos ellos. Le doy un par de golpecitos al cartel. Vamos… que no llegamos hoy al sitio. Tras una media hora andando llegamos a un pueblecito donde veo que se queda el italiano que me grababa. 😀 Les tomo una foto al grupo antes de que lleguemos a lo que parece un pueblo. Yo me paro allí. Estoy a punto de quedarme pero algo me dice que siga. Sobre todo que el hombre que me tiene que atender tarda un montón en tomar nota. Me da tiempo a pensarmelo. Estoy cansado, muy cansado. Son cerca de las dos de la tarde. Me lo pienso muy bien. No puedo salir a lo loco. Vale… Tomaré un descanso aquí, como, bebo algo y me voy. Quiero llegar a Boadilla del Camino pero parece que el precio a pagar va a ser alto. Veo a gente que se queda. Una chica de EEUU muy maja que conocí en Logroño se queda aquí también. Daniele, el chico que ayudo a Philip allí también se quedan. Me miran con cara de no entender que hago planteándome el irme. Yo me piro chicos. Pero… el siguiente pueblo seguro que está lleno ya. Es muy tarde. Piensátelo. Nada… me voy…

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Me tomo el bocadillo y la bebida que me he pedido, me echo crema saludo a todo el mundo que llega a última hora y me piro. Voy bien, hace calor eso sí pero no es tan duro como pensaba. No hay sombra y aparecen unos bichos que no sé de donde salen pero que me recuerdan a los que me puedo encontrar en la huerta de Murcia cuando llueve. No puedo quitármelos de encima, son bastante molestos. Encuentro a alguien que también camina a estas horas. Son un poco más de las dos de la tarde. Llegamos al pueblo. El público… paso, necesito descansar y parece que hay uno con piscina. Entro. ¿Tenéis plazas? No. Veo a Joan y algunos españoles… entre ellos el que ronca mucho… decido que no voy a luchar por una plaza. Gracias. Voy al siguiente albergue. Curiosamente es el albergue del que me hablo leo ayer. Entro y tiene muy buena pinta, tranquilo, pequeño. Bien. ¿Tienes plaza? Sí. ¿Aceptas tarjeta?. No. Me indigno, tiro mi gorro al suelo. ¡No puede ser! ¡&#@!!#@~!. Estoy tan cabreado que no mido mis palabras. Rápido me doy cuenta de esto. Me siento. Respiro hondo. Permanezco en silencio unos dos minutos. Me levanto.

– Disculpa… es que estoy muy cansado. El calor, el paisaje han hecho mella en mi sentido de la amibilidad. ¿Puedo descansar un rato aquí?

– Claro hombre, no te preocupes, salte fuera si quieres que tenemos un jardín y estarás más tranquilo. Descansa el tiempo que necesites. El camino al siguiente pueblo tiene algo de sombras, no te preocupes. Lo tienes chupado.

Abro mi guia. Por primera vez busco en sus páginas un número de un albergue privado. Llamo y reservo plaza. Le comento que llegaré tarde que necesito descansar antes de afrontar los últimos kilómetros. Me dice que no me preocupe que ellos no se van. Ya con plaza y más tranquilo me miro el reloj. Decido irme de allí. Me quedan unos seis kilómetros. Cuanto antes los haga mejor. Me despido del tipo del albergue disculpándome por mi actitud de nuevo. Sigo camino chico… gracias por todo. Saliendo me cruzo con otros dos peregrinos que me comentan que en Boadilla del camino estaba todo ocupado. Que van a Fromista por que no han encontrado plaza. Que no tienen ningún albergue reservado pero confían en que quede algo por allí. Les comento lo de mi albergue. No les hace mucha gracia. En su guía dice que es una estación de tren. ¿Cómo? Bueno, ya lo descubriré. El camino discurre al lado de un canal de agua. Esto ya es otra cosa. Así da gusto caminar.

Por fin, después de cerca de 35 kilómetros con un cielo despejado como los que se ven en Murcia llego a Fromista. Una vez allí me dirijo a mi albergue… es una estación de tren. Lo atienden dos personas que apenas hablan español. La verdad es que me dan miedo. Me recuerdan a algún episodio absurdo de mi vida. La mujer toma una bicicleta y se baja al pueblo diciéndole al tipo que se queda ya mayor que vigile que hay personas sospechosas por la zona. No entiendo nada. Si hay personas sospechosas no te vayas a ningún lado… Bueno, dejo mi mochila en la habitación que me han dicho, las camas son inmensas. Los baños que tienen la ducha dentro… también. No sé como se cierra la puerta. Eso sí que me da igual. Si abren y estoy duchándome no me preocupa. No tengo nada que ocultar.

Salgo de allí ya duchado directamente a cenar, son cerca de las seis. Antes de llegar al restaurante compro pilas para mi frontal, no me pienso quedar más fuera nunca más y si tengo que andar por la noche… lo haré. En la plaza del pueblo encuentro a una persona que me dice que no me puedo perder la iglesia románica de Fromista que si estoy loco. Que hacen visitas guiadas y todo. Me acerco a verla. Efectivamente, ahora mismo hay una visita guiada. Entramos y nos cuentan que en la última reforma tiraron todo los suplementario para dejar el cuerpo antiguo de la iglesia. Y el guia repite las palabras del supuesto peregrino que estaba por allí. “Esta es la iglesia más puramente románica de todo el camino francés”.

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Ahora sí, al bar. Fuera está Martina, una chica que me ayudó a ponerme el chubasquero hace unos días. ¡Hola! Con ella un hombre del País Vasco. Curiosamente a Martina la había visto en una foto con Leo y Mike así que la hacía más lejos. Se ve que va haciendo etapas cortas y largas según le da. Mañana no tiene claro si ir a Carrión de los Condes (20 kilómetros) o avanzar al siguiente pueblo (37 kilómetros, sí, desde Carrión de los Condes hay 17 kilómetros sin pueblos ni bares ni nada de nada). El hombre del País Vasco también se lo está pensando. Yo tengo claro que si llego a Carrión me puedo dar con un canto en los dientes.

Me pido la cena, una pizza con una cervecica. Que rica… uhm… crack… esto no parece pizza. ¡Mierda! Antes de irme me hice un empaste en una muela en un sitio del que no voy a decir el nombre. Les comenté que me iba de camino. Que iba a estar más de treinta días fuera y que no quería problemas. Me aseguraron que todo iba a estar correcto. Y una mierda para ellos. ¿Qué hago yo ahora?. Me termino la pizza como puedo y entro al bar.

– Disculpa ¿Dónde puedo encontrar un dentista?

– Aquí no tenemos dentistas. En Carrión de los condes seguro que tienen uno. Mira, te doy el número y lo llamas mañana. Le cuentas que estás haciendo el camino y seguro que te atiende.

Salgo del bar. No puedo creérmelo. Una muela rota. ¡Qué putada!. Bueno, mañana salgo temprano y voy a un ritmo alto que veinte kilómetros seguro que puedo. Además, el perfil es plano. Vamos… eso en tres horas y media estoy puesto allí. A mitad de camino llamo para que me reserve sitio el dentista y a correr.

Bueno, volvamos al albergue. Veo a Lizzi y Mila, siguen juntas. Conozco a un grupo de gente cenando que me parece supercurioso. No sé si los volveré a ver. No paran de reirse.. no tienen ni papa de español y se lo pasan pipa intentando hablar conmigo. Por lo que cuentan son compañeros de habitación. Jajaja. Son muy peculiares. Bueno, chicos y chicas, yo me voy que estoy molido. Ya en la habitación me encuentro un ciclista con el que comento un poco como va todo. Todos estamos sorprendidos de la cantidad de gente que hay haciendo el camino en septiembre. Él en especial se queja de la manía que tenemos los que vamos a pie de levantarnos temprano y hacer ruido al montar la mochila. Bueno, yo intento dejarla montada por la noche así que el rollo no va conmigo.

Te dejo que estoy molido… pero de verdad.

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