Día 11: De Belorado a Atapuerca

14 de septiembre de 2013

Hola

Me siento raro por haber dejado a Alexander en San Juan de Ortega. Creo que tengo que dejarlo solo para que encuentre la razón que le ha traído aquí. Lo he estado hablando en privado con Mike y Leo cuando he llegado de la visita a Atapuerca. Espero que esté bien.

Esta mañana hemos desayunado Emily, Alexander y yo juntos. En el albergue podíamos encontrar mermelada, mantequilla, leche, cacao, café e infusiones así que hemos tenido un desayuno completo. Tomo alguna galleta y mi bifrutas. Un poco de leche con zumo que te da un poco de energía para empezar bien el día. Vamos allá.

Salimos los tres juntos y nos cruzamos con algún local que habíamos visto por el whatsapp del grupo. Es real, los que nos acompañaron los primeros días están pasando por los mismos sitios que nosotros. Salimos de Belorado. Echo la vista atrás. Alexander dice que soy un poeta por hacerlo. Yo considero que esos momentos son casi los que más disfruto. Es como decir… mira, eso que tengo por detrás es todo lo que ya ha pasado debajo de mis pies.

Pasamos por varios pueblos pero lo importante hoy es que veo a Alexander reflexionando más las palabras del cura de ayer. Este es mi camino parezco escuchar, este camino no lo hace nadie por mi. Creo que les han impactado. Me mira y me pregunta. ¿Tu ya sabes por que estás caminando?. Yo le digo que ayer más o menos sentí por qué lo hacía. Es curioso. Pienso en él. Quizá le haga falta estar sólo realmente para darse cuenta de por que lo hace. No sé si quiero ir a Áges o quedarme en San Juan de Ortega con él y el resto de la marabunta. Quizá yo también tenga que empezar a hacer mi camino.

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Llegamos al bosque de Villafranca montes de oca. Desde aquí se ve una sierra que llaman de la demanda. Es un frondoso bosque. Varios peregrinos coincidimos en destacar la belleza del lugar. Veo a Emily subir como puede. La verdad es que para llegar al mirador hay una subida muy mantenida que destroza a cualquiera. Le pregunto si está bien y me dice que no hace falta que me preocupe… que siga. La veo parar a admirar las vistas y a disfrutar de lo logrado. Es una peregrina auténtica que sabe disfrutar lo que está andando.

Nos reencontramos los tres, Emily y Alexander se van apoyando el uno al otro ya que están los dos algo jodidos, físicamente hablando. Aunque Alex me comenta que hoy va mejor que ayer y prefiere no forzar. Que se queda en San José de Ortega seguro. Voy acompañándolos pero me noto cansado así que en un descanso que hacen ellos decido bajar el ritmo y finalmente parar. Encuentro un tronco sobre el que sentarme en una recta inmensa. Respiro, miro a mi alrededor, miro en mi interior. Necesito estar a solas. Pero… ¿Cómo?. Abro mi guía y calculo los kilómetros que me quedan hasta Agés… creo que es asimilable. Puedo llegar. Mientras me informo veo como pasan Alexander y Emily. Los saludo. Necesito un poco más de tiempo de descanso si quiero llegar a Agés. Descanso un poco más. Bebo agua… ¡Vamos!

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Salgo a un ritmo alto, voy andando rápido. Llego a donde están Emily y Alexander.

– Alexander… Me voy. Espero que tengas un Buen Camino.

– Miguel… ¿Dónde vas?

– Lejos Alex. No sé donde voy.

– Mucha suerte y Buen Camino.

Se me engancha un nudo en la garganta. No puedo decir nada más. Creo que Alexander ve como mis ojos se empiezan a humedecer. Intento que no me vea. Sigo adelante. ¡Joder! Es la despedida que más me ha costado. Paso a varios peregrinos con la respiración entrecortada y los ojos derramando lágrimas. No puedo decir ni Buen Camino. Por primera vez veo al resto de peregrinos con otros ojos. Todos pueden, en algún momento, vaciarse como yo. Aunque no es fácil con tanta gente siempre alrededor.

Paso San Juan de Ortega. Veo a José que me pregunta si me quedo. Le respondo que me voy… Lejos. Que no creo que lo vaya a volver a ver, que muchas gracias por todo y le deseo Buen Camino.

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Las sensaciones son buenas así que llego a Agés sin dificultad. En el camino veo un monolito curioso con una espiral azul que apunta a una ciudad de salida. Espero descubrir que son estas flechas. Una vez en Áges me da un bajón y me entran las ganas de quedarme. Me dicen que no hay sitio. Que tengo que ir al siguiente pueblo. Bueno, ¿das de comer? Sí, pasa al comedor. Vaya, una peregrina ya comiendo.

– Hola, no sé como te llamas. Te he visto varias veces por el camino

– Hola. Sí, yo también te he visto a ti.

– Cuánta gente hay haciendo el camino ¿No?

– Sí, se lo comentaba el otro día a un amigo, no se puede ni llorar tranquilamente. Eso sí, yo voy a mi ritmo. ¿Recuerdas que en alguna etapa había un río?

– Sí, la verdad es que yo metía mis pies pero daban ganas de meterse entero y despejarse pero bien.

– Yo en uno de ellos, que había una zona de bosque me bañe desnuda.

– Jajaja… lo dicho, una peregrina auténtica. Jajaja.

Brindamos por la experiencia. Por la gente que aún con todas las dificultados lo disfruta. Por la vida. Me despido de ella. Finalmente el destino ha puesto en mi plan dormir Atapuerca. La zona donde está uno de los mayores yacimientos de homínidos, si no el mayor, de toda Europa. Bueno… me despido de peregrinos que duermen allí. Bruno, un suizo que habla italiano se despide de mi y me desea Buen Camino.

O salgo ya o el sol me comerá. Atapuerca está cerca de Agés pero los kilómetros que la separan entran dentro de los 33 de la etapa de hoy. Estoy molido. En el camino me encuentro con una pareja y gracias a ello llego sin complicaciones. La conversación me hace olvidar el sufrimiento. Van a un albergue privado. Yo lo único que tengo claro es que me voy a parar en el primer albergue que vea. Llegamos al pueblo y nada más entrar un albergue. La gente que está allí me dice donde está la cama libre. Aquí está, de nuevo, el peregrino de Le Puy. Dejo mi mochila y espero a que venga la recepcionista. Encargo el autobús y me piro, con más gente a visitar el yacimiento.

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Una visita guiada. La verdad es que estoy pasando por todos los museos de ciencia del Camino pero no he contratado ninguna visita guiada todavía. Vamos allá. Nos dan un casco que me recuerda a cuando trabajaba. Nos explican en que se trabaja y que la sierra de la demanda, la que se veía desde el bosque de Villafranca Montes de Oca, es donde vivían los homínidos. Con un poco de paleontologia volvemos a Atapuerca.

De vuelta hablo con una chica que iba en el mismo autobus que yo. Me cuenta que salió de Saint Jean Pied de Port y que hoy lleva 22 días. El doble que yo. Me quito el sombrero. Qué gustazo ir sin presión ni nada. Ya quisiera yo poder hacerlo así pero ese muro todavía no sé ni como enfrentarlo así que seguiré con mi plan de terminar el camino en 30 días. Me admira de verdad la gente que disfruta así del camino.

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Antes de que caiga la noche me pierdo en Atapuerca y me quedo reflexionando un rato. La verdad es que han pasado muchas cosas en muy poco tiempo… Necesito tiempo para asimilar todo el día y me lo tomo. Miro el atardecer y cuando ya cae la noche vuelvo al albergue para cenar. Hay gente compartiendo la cena pero yo prefiero cenar por mi lado, como hago habitualmente.

Por cierto, hoy he vuelto a ver a Lizzi. Va con una amiga. Mila creo que me ha dicho que se llama.

Bueno, mañana más. Buenas noches.

PD: Alexander… Buen Camino…

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