Día 10: De Santo Domingo de la Calzada a Belorado

13 de septiembre de 2013

¡Hola!

Ya estoy en Belorado. Mañana iré a Agés a 27 km del pueblo donde me encuentro ahora tras andar unos 24 kilómetros. Belorado es un pueblo pequeño con bastante tradición del camino. Su albergue parroquial es acogedor. 24 plazas divididas en 3 habitaciones y colaboración con la parroquia. Por cierto, antes de que se me olvide… lo de Santo Domingo de la Calzada es una catedral.

Estamos cerca de Burgos. Dicen que la parte más árida del camino está a punto de empezar. Para mi que esa gente no ha visto la etapa de hoy. Hemos ido cerca de viñedos un poco esta mañana. Pero ya se empiezan a ver llanuras largas que piensas que no vas a poder cruzar. Y en el horizonte no se ven pueblos. Pero bueno, todavía no hemos llegado a esa etapa que leí que tenía el primer pueblo a 17 kilómetros. Eso sí, todos los pueblecitos tienen su iglesia. Eso que no falte. Es curioso. Estoy hablando de pueblos que a lo mejor son 12 casas pero tienen su parroquia.

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Como íbamos lentos, Alex y yo hemos pensado en quedarnos en el albergue que hay antes de entrar al pueblo. Dado que nos sabíamos como iba el tema hemos decidido seguir hasta el parroquial. Ya en la cola estaba el grupo de Españoles, Argentinos y no sé si hay de más nacionalidades, guardando cola. Hoy no va a haber quien duerma. Intentamos llamar a un privado pero nos dicen que no tienen seguro que haya plazas así que nos quedamos allí. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Y bueno, no puede ser tan malo empezar a asumir que son mis compañeros de camino.

Mientras esperamos la chica de Corea llega a la cola con su amigo. Creo que hoy dormiremos también en la misma habitación. Me parece curioso que después de no verlos desde Roncesvalles ahora los vea dos días seguidos. Se abre la puerta del albergue y hay un español que se piensa que se van a colar y se pone de mala hostia. Tranquilidad muchacho que aquí venimos todos reventados como para pensar en colarnos. Me voy a tener que armar de paciencia para poder integrarme con ellos.

Subimos a la habitación. Estamos en ella Emily, una chica de California, Alexander, Min la chica de corea, su amigo de cuyo nombre no me acuerdo y un español que es de la zona de mis primeras compañeras de camino de 2011 llamado Joan, hay otra persona a la que no conozco. Bueno, creo que no vamos a tener concierto esta noche. Al final vamos a poder dormir bien y todo. Alexander se alegra igual que yo por esto. Bajamos al pueblo… hay que comer. Joan, Alexander, Emily y yo nos sentamos en la misma mesa de un bar y comemos muy sano. Una señora hamburguesa. Vemos a Min tomando fotos del pueblo. ¿Una réflex? Anda, si es la misma que tengo yo. No me la he traído al camino. Tomo mi móvil y en mi inglés escaso le digo que tengo su misma cámara. Le enseño alguna foto y me pide que le envié mi flickr para echar un vistazo a todas. Se lo envía ella, curiosamente tiene el mismo móvil que yo. Parece una chica interesante. Le enseño un vídeo de una cantautora amiga. Le gusta como canta y se lo envía a su correo también. 😀 Necesitamos, todos, descansar así que nos vamos a dormir la siesta no vaya a ser que por la noche no se pueda dormir. Por la tarde Alexander me despierta para ir a misa del peregrino. Recuerdo vagamente que le he dicho que quería ir con él. Bajo de la cama y vamos a la parroquia, pared con pared con nuestro dormitorio.

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En la misa el cura nos ha hablado de lo importante que es dejar de lado las tecnologías, de que la escultura que hay en su iglesia del apóstol Santiago no tiene móvil. Su única guía es la biblia. Se protege con un sombrero y una capa. Lleva comida para el día. Mira al horizonte. Y lo mira hacía arriba como buscando no sólo el destino de su pisada sino la trascendencia de lo que hace. Mira hacía Jesús. Tiene un pie adelantado, no se trata de una postura estática. Está llamando a la acción, en este caso, de la peregrinación.

Nos suelta varias perlas que me gustaría analizar después en una reflexión muy personal. Uno de los aprendizajes que aquel hombre intenta enseñarnos es que “el camino lo hace cada uno por más que estemos rodeados de gente”. Dice que el camino no lo hacen tus padres, tu hermano, tu familia, tus amigos… El Camino lo haces tu. Esta forma de ver el camino impacta profundamente a mi compañero Alexander. Lleva ya varios días tocado del tobillo pero sigue tirando para adelante. No tiene claro que vaya a poder terminar, es más, me ha comentado que mañana no quiere llegar a Áges. Que se quedará en San Juan de Ortega que es donde marca su guía que debe hacerlo. Así que posiblemente mañana me toque despedirme de él. Sus palabras me llegan… “Igual, cómo tengo que hacerlo yo, la gente que he conocido se va alejando”. Joder, el primer día no sabía que Alexander podría llegar a pensar algo así. Está cambiando y tiene una profundidad que da gusto escuchar.

Cuando llegamos al Albergue, tras la misa, encontramos a una chica y a un chico de Italia en el suelo. Se quedan a dormir allí. El chico lleva una mochila que debe pesar más de 16 kilos y la chica simplemente lo acompaña. Veo dos muletas. Le pregunto si está lesionado. Dice que no, que las necesita para poder caminar con ese peso a sus espaldas. Creo que no hace el camino por gusto sino como una promesa pero no quiero que me la cuente. Debe ser duro caminar con tanto peso, entre otras muchas cosas lleva una tienda de campaña.

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Y así ha ido el día en cuanto a lo que ve y lo que se oye pero lo importante de hoy es imperceptible a los sentidos. Salvo que seas una duendecilla o duendecillo y seas capaz de leer lo que se mueve en el interior de cada una de las personas que te rodea.

Esta tarde en la misa del peregrino hubo dos momentos que me hicieron repensar qué hago aquí… caminando. El primero fue que me di cuenta de que Jesús te acompaña en el camino, camina contigo. Con esto hablo de la importancia de la oración en momentos en los que ya no te quedan ni fueras para caminar. Creo que voy a hacer más presente tanto en los momentos buenos como malos esta percepción. El segundo momento importante fue la petición por los que se despidieron con la esperanza puesta en la resurrección. Me han venido a la cabeza tantas personas… al principio personas que tenían fe y después personas sin más. José Luis, mi abuela Remedios, mi abuelo Fulgencio, mi abuelo Miguel. Vidas que pasaron por la mía. He tenido que parar un momento de escribir. Mis ojos están sudando lagrimas mientras escribo estas palabras. Me emociono al recordar mi vida en la suya. Son gente a la que, por miedo a no saber como reaccionar, no acompañé en sus últimos días y que sí que me recordaron a mi. Tengo pendiente algo tan duro como este camino… disculparme conmigo mismo por faltar en esos momentos.

Agradezco hoy al Camino esta interpelación que se nos hizo en la misa. Un camino más largo. Un proceso más hondo. No hay turismo dentro de mi. Ya sé lo que busco en este Camino. Quiero sentir la compañía de Jesús. Y bueno, la verdad es que ya la empiezo a sentir. Pensaba que buscaba inspiración para un nuevo proyecto pero hay elementos mucho más importantes que resolver en mi vida. Me acabo de dar cuenta de que estaba apagado. De que echo de menos la luz de la Fe. Su alegría.

Gracias por poner a Belorado y a Alexander en mi camino. Si no hubiera sido por Alex no habría ido a la misa. De él, estoy seguro de que encontrará su camino. Es tenaz. Mañana se me va a hacer muy cuesta arriba la despedida.

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