Día 8: De Logroño a Nájera

11 de septiembre de 2013

Hola:

Nájera por fin. Cansado tras casi 31 kilómetros. Rendido. Con ganas de dormir aunque no sé si podré. Comencemos.

Esta mañana bien temprano quedé con Alex para salir de Logroño. Intentamos salir de allí. Salir de las grandes ciudades es más difícil que andar por bosques en el camino ¿Te lo he dicho ya?. Llegamos a una fuente clásica del camino. Lleno mi botella de agua de esa fuente. Dos grandes conchas esculpidas en la pared atestiguan que la fuente lleva allí mucho tiempo. Justo al lado está el juego de la oca. Había oído hablar de él. Ayer estuve andando por la ciudad, incluso por un parque que no creo que muchos peregrinos visiten donde me chocó ver pintadas a favor de los derechos del pueblo saharaui o de las mujeres. Curiosamente no pasee por la zona donde estaba el juego de la oca. Seguimos y vemos una estatua de un par de peregrinos andando.

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Nos encontramos con un coreano que habla un poco de Castellano. Hablamos con él un rato y lo dejamos ir. Va bastante rápido y no queremos quemarnos. Lo dejamos ir y entramos en un zona con una laguna donde se ven patos y otro tipo de fauna. Parece un parque para andar por la mañana de Logroño pero es gigante para lo que estoy habituado a ver en Murcia. ¡Hey! Rado. ¿Cómo vas? Me dice que va bien, que lleva un refuerzo en la rodilla y me ofrece comida que ha cogido por el camino. A mi me da miedo comer cosas que no sé de donde salen y si están sucias o no. Además, llevo reservas en mi mochila. Le agradezco el gesto y sigo mi camino. Rado va más lento por que sigue llevando mucho peso en su mochila. Todavía no se ha deshecho de nada y lo está pagando con sus rodillas. Espero que llegué al final del camino, espero encontrármelo de nuevo.

En una zona de nuestra ruta de hoy vemos una reja con cruces de madera hechas por los peregrinos que andan de camino a Nájera. Alex y yo nos miramos… ¡Qué cojones! Claro que sí. Tomamos palos que estaban por el suelo. Montamos cruces en la valla. ¿Da suerte o no? Ni idea pero si da ánimos a los que vienen por detrás bienvenidos sean.

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Después de esa zona entramos en un tramo con viñedos. En el vídeo de Peyo (expertos en el camino) se veía como cogían uva y se la comían. Yo creo que ese corte del vídeo está grabado en esta zona. Veo a algunos peregrinos aventurarse a cojer uva. Hay que entrar muy dentro por que ya estamos en septiembre. No queda tanta uva, la gente sale embarrada pero contenta con su racimo de uvas. Es tan simple, a veces, ser feliz…

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Llevo tres días sin descansar bien. Estoy reventado pero no quiero decirle a Alex que necesito un descanso por si acaso no llegamos a pillar albergue público. Es la primera vez casi que Alexander va a la aventura y quiero que encuentre sitio en el albergue. Cada vez estoy más reventado pero sigo sin pedir descanso. Llegamos a Nájera… No puedo más. ¿Dónde está el albergue? Llevo casi 30 kilómetros y no veo el albergue. ¿Sabes? No estoy orgulloso pero hoy me he puesto de muy mala hostia. He entrado en la ciudad apretando los dientes. Golpeando con fuerza el suelo con el bastón. Cabreado conmigo mismo por no darme el descanso en el momento necesario. No estoy en forma física como para seguir a nadie. Me he preparado para hacer mi camino, no el de otros. Tengo que decírselo a la gente que he conocido y que quieren seguir el camino conmigo. Va a ser duro pero es así o no lo acabaré.

Alex me ha visto y me ha animado. ¡Vamos, Miguel! ¡Qué estamos al lado!, lo dice esta mujer. Lo he mirado. He respirado hondo. Me he perdonado por todo lo que había pasado, por ese ataque de rabia y lo he acompañado. Gracias a esas palabras hemos llegado a tiempo para pillar plaza en el albergue.

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Llevo tres días sin parar. Cuando llego a los pueblos, en vez de descansar me dedico a visitarlos. No puedo seguir haciendo esto o mi camino terminará pronto. Tengo miedo de equivocarme otra vez. Ya he pagado lo de Puente La Reina con creces. Desde ese día no he vuelto a brindar más de la cuenta y eso me está ayudando a poder seguir. No se puede eliminar un miedo sin dejarlo ir y aportar una alternativa. Camino unos 10 metros hasta una zona ajardinada con un río pasando por mi izquierda. Curiosamente este es el lado por el me da el sol durante toda la jornada mientras ando. El peregrino de Le Puy me dijo: “Los diablos se presentan en el camino, al igual que aparecen las musas”. Hoy voy a dejar irse a uno de mis demonios en el río. Hasta ahora mismo no había sido consciente de que lo que me enfureció a la entrada de Nájera no fue el cansancio o la posibilidad de tirar la toalla sino la presencia de un miedo que quiero eliminar. No puedo seguir caminando pensando que puede que no pille plaza. A partir de hoy si tengo que andar más kilómetros lo haré. Voy a bajar mucho el ritmo para no llegar tan cansado y poder seguir si no hay plazas.

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Hoy he visto algo que no me esperaba. Los españoles que ayer llegaron al albergue tras brindar demasiado han venido en autobús a Nájera. Esto es algo que me da igual. Cada uno elije como llega al siguiente pueblo. Lo que no tolero es que se alojen en el mismo albergue que yo. Si fuera por que están lesionados… pero por brindar demasiado. Definitivamente no puedo con ellos, son todo lo contrario a lo que yo considero peregrinos. Esto es algo que todavía tengo que trabajar. A mi no me gusta ir de malas con nadie, lo veo una tontería. La verdad es que no me habría molestado si no hubiera visto a gente que venía con mochila y andando que se ha tenido que ir a otra ciudad por que en Nájera ya no quedaban plazas.

Hoy me he tenido que despedir de Mike. Va a un pueblo posterior al que voy yo. Leo también dice que se va. Yo no puedo más así que antes de dormir me acerco a la cama de Mike y le deseo buen camino. Es la primera despedida que hago en el camino. No es fácil, no… bueno… vamos a dormir que son ya las 10 de la noche y nos apagan las luces.

Todos los peregrinos estamos en la misma habitación. Hace calor. Me recuerda a Murcia. Uno de los peregrinos ronca muy fuerte y otro de ellos le dice que no debería dormir allí con todos. El peregrino se le rebota y masculla maldiciones y violencia por su boca. La verdad es que los dos comportamientos, el de la persona que crítica y el de la que maldice, me han parecido muy feos. Antes de salir el primer día yo tenía claro que los ronquidos eran parte del camino. Puede que yo no duerma con ellos pero no puedo criticar a la gente que ronca por eso. Intentaré evitar cruzarme con los que conozco pero como ya dije, va a ser imposible.

Leo se me acerca y me dice que se va para afuera que no aguanta dentro. Intento dormir pero el calor no me deja, además, me da cosa dejar a Leo solo. Voy a acompañar a Leo un rato.

– Hola Leo, ¿Cómo estás?

– Fundido Miguel… no puedo dormir, tengo al lado a una persona que está borracha de vino. Tirándose peos y eructando sin parar.

– Joder, lo siento Leo.

– No, pero eso no es lo peor.

– ¿Qué?

– El tio me ha pasado la pierna por encima.

– Jajaja… Jajaja… yo lo flipo ya. jajaja… tranquilo, habrá sido sin querer.

– Nada, yo no vuelvo allí.

Entra de nuevo al dormitorio y sale con su saco de dormir. Yo aprovecho y me despido, necesito irme a dormir. Subo a mi cama. Mierda, quién me habrá mandado salir fuera. Ahora noto mucho más el olor y el calor que hay en la habitación. No puedo dormir… Vuelvo a bajar de mi litera y voy fuera.

– ¿Cómo vas Leo? ¡Hola Lizzi!

– Voy bien, aquí tampoco se puede dormir. Esa tipa que está acostada allí no para de hablar por el móvil y va con un chaval al que ha castigado fuera que casi tira la puerta.

– Menudo panorama… ¿Mañana vas al pueblo que dice Mike?

– ¡Qué va! Me temo que hoy no pueda dormir así que mañana caput. Le voy a poner un whatsapp luego que no quiero despertarlo.

– Sí. Tranquilo que mañana podrás dormir bien seguro y ya lo pillas. No creo que se vaya mucho más lejos y más sabiendo que tu puede que lo pilles. Yo voy a intentar dormir Leo y Lizzi. Un placer compartir un rato de la noche con vosotros. Esto es muy surrealista. Antes de irme voy a escribir algo en el libro de visitas. Quiero que los siguientes peregrinos al menos tengan claro que hay que ser respetuosos.

– No, Miguel, tu no vas a dormir. Tu vas a volver aquí con nosotros.

Me río de su comentario. Leo se ríe con la nota que dejo en el libro de visitas del albergue cuyos baños no tienen ni tapa de plástico. Me meto en la habitación. Es muy complicado. El olor de la habitación es bastante fuerte y el calor intenso. No sé la hora que es pero ya me quedo aquí. Por mis cojones que me duermo. Alex, al lado mío hace ya tiempo que duerme. Bueno… Mañana más.

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