Día 7: De Torres del Río a Logroño

10 de septiembre de 2013

¡Logroño! ¡Tapas!

Hoy ya sé como se pronuncia Logroño en inglés. Se dice Lougrogno. Lo cierto es que poco a poco la gente va diciendo cosas en Castellano. Comienza a notarse que ya llevamos 7 días en camino.

Nos levantamos a las ocho de la mañana que tampoco hay que correr, además, mis compañeros ya tienen cama reservada. Ayer por la tarde llamaron. Yo les indique que no quería reservar. Lo comprendieron rápidamente. Salgo para afuera y no está la gente que dormía fuera. Le dijeron que se metieran en la habitación pero no quisieron. Prefirieron dormir fuera. La verdad es que fuera hacía frío así que sacamos todas las mantas que pudimos de la habitación para que, al menos, se cubrieran. Abajo venden zumos y agua así que saco un zumo de esos con leche y una botella de agua. Espero a estos y empezamos a andar juntos. Esto… ¿Por dónde va el camino? Mike toma la delantera.

– Por aquí Miguel…

– Gracias tio. No veo las flechas.

Seguimos hacía adelante y como siempre los cabrones estos se adelantan. Leo nos llama hijosdeputa. Bueno, teniendo en cuenta que el grupo que tenemos en whatsapp se llama caminodeputamadre me lo creo todo :D. Intento seguirles el ritmo pero prefiero no forzar. Quedan muchos kilómetros por delante, no hay que jugársela. Hoy es un día leve así que no hay prisa, además, todo el mundo está en Los Arcos así que no creo que nos adelanten… espera, hemos salido tarde… ¡Mierda! Miro atrás y veo gente que viene de Los Arcos, todavía llevan el frontal puesto (una luz que se pone en la cabeza para caminar de noche). Ya he dejado atrás un miedo que no me ha traido nada bueno así que los saludo y sigo andando. No tengo por que perder el ritmo. Lo peor que me puede pasar es que tenga que pasar de Logroño. Todo se andará.

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¡Hay viñedos!. Justo hoy entramos en La Rioja. Tierra de famosos vinos. Nos hacen pasar por una carretera transitada por un volumen de coches importante. Van bastante rápido y los peregrinos no nos aclaramos de a que lado de la carretera debemos ponernos. Hay carteles que indican por que carril debemos ir. Les hago caso. Aunque haya un grupo de peregrinos justo en el carril contrario. Cuando viene un coche llevo cuidado. No estamos mucho tiempo compartiendo vía, rápidamente una flecha amarilla te devuelve a una gran senda.

Llegamos a Viana. Voy paseando por la ciudad con la mochila puesta y veo a gente parada en cafeterías. Los saludo y continuo caminando. Me paro en una plaza enfrente de una gran iglesia. Parece que estos pueblos compitan por tener la mejor. La competencia es dura. Descanso un rato tomando un zumo y sigo. Hoy la etapa es de solo 20 kilómetros. Estamos ya al lado. Antes de salir entro en la iglesia. Es bonita. Me siento un rato, descanso y pienso en lo que va de camino. Siete días ya. Hace una semana que empecé a caminar. Una semana… caminando… subiendo, bajando, con lluvia, un poco de frío por las mañanas…. Siete días andando.

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A la salida del pueblo hay una iglesia derruida. No sé por que está así. ¿Sería durante la guerra civil? Quizá, no sé hasta donde llegó esa guerra tan “asquerosa”. Prefiero ni recordar lo que me explicaron en mis tiempos de instituto. Se mataban entre hermanos por pensar diferente. Tuvo que ser horrible. Bueno, salgamos de este pueblo que aquí no me voy a quedar a dormir.

Hoy es la primera vez que me he perdido en el camino. Iba siguiendo a peregrinos y de repente me dio la impresión de que la senda iba por otro lado que por donde estos iban. Giré y acabe cerca de una Laguna. Bueno, no ha sido tan dramático. Simplemente he vuelto a girar hacía arriba y a tomar el camino por la vereda de la carretera. Antes de llegar he visto una rama con caracoles que me ha recordado a una zona que está cerca de Molina. Me paso y les tomo una foto.

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Casi entrando ya en Logroño, en la zona industrial veo a un italiano que está preguntando a todo el mundo si habla Castellano. Está al lado de otra persona que parece jodido.

– ¿Hablas Castellano?

Ya creo que llego tarde. Me pasan peregrinos a cascoporro. No sé que hacer. Pero algo en mi interior me induce a decir la verdad.

– Sí. ¿En que te puedo ayudar?

Me cuenta que el compañero está lesionado y que necesita pillar un taxi que lo lleve al albergue. Que ha intentando llegar a pie pero la rodilla no le deja seguir. Me pongo al teléfono y tras unos minutos consigo hacerle ver al taxista donde estamos más o menos. No tengo referencias. Mi móvil se ha quedado sin batería. Bueno, consigo decirle al taxista donde tiene que ir. Ahora se lo digo a Daniele y a Philip. Así se llaman las dos personas implicadas en el asunto. Philip parece que va a tener que retirarse del camino. Daniele le está ayudando a llegar y seguramente dándole ánimos para que no se vaya.

Los dejo yendo hacía el sitio de reunión con el taxi. Sigo mi camino. Acelero un poco y adelanto a algún peregrino. Corro por que me da la impresión de que si no lo hago no llego a tener cama en el albergue. Llego a la cola. Un irlandés me comenta que hoy es su último día en el camino. Vaya. Esto me recuerda de nuevo a mis compañeras de 2011 que han realizado el mismo trazo que él este año y que seguro que seguirán en otros años hasta Santiago de Compostela. Yo mañana seguiré caminando. Llega Philip. Le pregunto por Daniele y me dice que él viene andando. Esto me ha hecho pensar bastante también en lo buena gente que pueden ser algunas personas. Hoy he tenido un buen momento del camino.

Veo llegar a los españoles. Se abrazan y celebran el haber llegado como si fuera un superéxito. Qué buenos amigos que somos. Me oculto tras mi gorro y me acomodo contra la pared. Sí, soy de su mismo país pero no tengo mucho que ver con ellos. Bueno, los dejo hacer. Son así. No pasa nada. Cada uno es como es. No sobre actúan, es que son así. Se hacen una foto como la que se hace la gente cuando acaba una carrera. No puedo con ellos. Bueno, vamos para adentro y pillemos la cama que tengo ganas de ducharme y salir a tomar algo. En la cola hablo un poco con Philip que me cuenta de donde viene y en que ha estado trabajando. Le digo que siento mucho lo de su rodilla y que espero que se recupere pronto.

Vamos a la calle… como era… la calle… la calle Laurel. Sí, allí me han dicho que están todos los bares de tapas. Allá que voy. No me hacen gracia los precios de ninguno de los bares. Veo mucha corbata dentro. Justo al final de la calle un bar que dice que tiene oferta. Entro, hay personas que son amigas de la camarera hablando con ella. Pido un corto y una tapa. Como con dos tapas. Pago y salgo de allí. Me vuelvo a dar una vuelta por la calle. Y vuelvo al albergue. En la vuelta me fijo que en una de las calles, pequeñica, hay una frutería, una carnicería y una pescadería pegadas. Seguro que aquí se come bien.

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Vuelvo al albergue. En ĺa entrada hay una especie de fuente. Veo a gente que tiene los pies dentro. Jajaja. Bueno, vamos a cargar el móvil y a ver que me espera mañana. En la cocina, mientras cargo mi móvil descubro a un grupo de españoles menos explosivos que los que ya conozco. Van en familia casi. Son amigos de toda la vida que hacen el camino juntos desde hace varios años. Ya tienen experiencia de varios viajes.

Veo a gente pasar y hacerse cafe, te o tomando algo de comida. Cuando el móvil ya está un poco cargado voy a la casa de las ciencias y a comprar algo de fruta y comida para mañana. Contacto con mis compañeros que se alojan en un albergue privado. Estamos al lado. Me voy a verlos antes de que empiece a llover aunque ya es demasiado tarde. La entrada al albergue es de hotel total. Les pido que bajen. Si no eres del albergue no te dejan pasar. Una buena medida de seguridad la verdad. Cuando me recojen la recepcionista me ve con toda la pinta de peregrino y me deja pasar. Pasamos a las habitaciones, efectivamente, es un albergue. Literas a muerte. Dicen que ya han descubierto que hay alguien que ronca y que esperan poder dormir pero no las tienen todas con ellos.

Vamos a darnos una vuelta por Logroño y a tomar unas tapas para cenar. Leo no tiene dinero ni puede sacar, vivan los cajeros… Mike dice que le deja dinero que no se preocupe por eso leches. No lo dice así pero viene a decirle que se deje de tonterías. Entramos en un bar y vemos a un perro pequeño dentro. Leo saca el veterinario que lleva dentro y lo examina. Al pasar una pareja de policias sale y se lo da. Les dice que está sano, que no hace falta que se pongan los guantes para tratarlo pero los policias son así… Les pide que le busquen un dueño. Nos tomamos unas tapas, brindamos por nosotros, decidimos que mañana iremos hasta nájera y Alexander dice que me esperará para andar conmigo. Me voy a mi albergue chicos, que me lo cierran.

A la llegada me encuentro con el grupo de españoles. Hoy les ha tocado a ellos brindar mucho. Bueno, algunos dudan de si salir mañana o quedarse a dormir. Alguno de ellos se va. Me despido de ellos. Al fin y al cabo… son compañeros de camino. Mañana los veré andando.

Mañana más amigo. Es un albergue bonito el de Logroño.

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