Día 6: De Estella a Torres del Río

9 de Septiembre de 2013

Ya estoy en Torres del Rio. 30 kilometros en mis piernas. Estoy molido… Ya mismo os cuento.

No me levanto muy temprano. Vuelvo a organizar como todos los días mi mochila. Meto la ropa en bolsas y las cierro herméticamente para que no se moje con la lluvia. Desayuno en el albergue y para afuera… hay que seguir andando. Mi sexto día por fin. ¿Mi tobillo? Parece que me duele un poco al andar. Es un dolor familiar. Continuo hacía delante ya que conozco el dolor del entrenamiento.

Antes de salir los peregrinos quedamos en la fuente del vino. ¿Dónde?. No he mirado la guía pero dicen que hay una fuente con vino muy cerca. Yo no estoy muy convencido pero bueno, cuando lleguemos allí ya decidiré que hacer. ¿Una cuesta? Que manía de subir. Aunque la verdad sea dicha, me vienen mejor que las bajadas. Llegamos a Iratxe donde está la fuente del vino. Abre a las 9. Una webcam vigila a los peregrinos para evitar el abuso. Son las ocho o por ahí. Yo paso de esperar. Voy a aprovechar para llenar mi botella de agua y a seguir. Mientras que saco agua la gente se hace la foto con la fuente como si estuviera sacando vino. Peregrinos vinícolas, la verdad es que la fuente es muy curiosa. ¡Buen camino a todos! Yo voy a seguir, nos vemos.

Esta amaneciendo de forma espectacular con una nube que parece un trazo en el cielo. Me encanto. Me paro al lado de iglesia para intentar obtener una foto que me ayude a recordar ese momento en algún momento dado. Que bonito. Dejo la cámara a un lado y disfruto de las vistas. Resultaría imperdonable no hacerlo.

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Entramos en Azqueta, antes de entrar al pueblo un mural nos recibe. Es muy colorido. Me imagino a la gente pintándolo y disfrutando de ello. Esto me hace recordar al peregrino de Le Puy que trabajaba con ArteTerapia. Es un pueblo pequeño donde poder tomar un almuerzo antes de seguir. El paisaje es muy plano sin muchas sombras. Después de este descanso sigo andando y me encuentro con algunos peregrinos. Andamos juntos y veo a un ciclista que nos pasa diciendo algo así como “Si queríais vino os teníais que haber levantado más tarde”. El tono que usa me molesta un poco pero intento ser buena gente. ¡Buen camino!

Los Arcos. Me doy cuenta ya de que uno de los italianos no está andando con nosotros. ¿Dónde estará? Bueno, luego pregunto a ver que me dicen. Sigamos que este paisaje es rompedor. Llego y en un bar pido un bocata. Aviso a mis padres de que voy a seguir hasta Torres del Rio. Entro en la Iglesia, visito el claustro. Saludo a los peregrinos que veo. Me siento. Reflexiono un poco. Salgo para afuera.

Torres del Río, ¡allá vamos!. Miro mi móvil. Mis compañeros dicen que están en el albergue Casa Mari. En Torres del Río sólo hay albergues privados así que no hay problema. No los aviso, simplemente llegaré y si hay sitio me quedaré y si no me buscaré la vida.

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El camino parece un secarral. Pero si todavía no hemos llegado al tramo que dicen que es el secarral padre (de Burgos a León). Llego a una gran recta que gira en angulo recto. Vaya un infierno de camino. Si lo sé me quedo en Los Arcos. Esto ya hay que acabarlo, no hay vuelta atrás. Tengo agua, tengo comida y tengo gorro. Me hecho crema ya que el sol comienza a apretar. Voy a dormir al lado de uno de los templos templarios más auténticos del camino francés o eso dicen mis compañeros. Espero que sea verdad. Menudo hincha de andar me estoy pegando hoy.

Bueno… aquí hay un pueblecito. Parece que están quemando algo a la entrada. Es ¡Torres del río!. Entro en el pueblo que no te lo pone fácil. El primer albergue o algo parecido a eso. Perdonad ¿Esto es Casa Mari? No hablo español me responden. ¿Qué? Si sólo te estoy preguntando si este albergue se llama Casa Mari. Nada, entro buscando algún cartel y me doy cuenta de que no es lo que busco. Le pregunto y me indica como llegar. Hay que seguir subiendo por el pueblo que parece una cuesta inmensa. Finalmente llego a Casa Mari. Exhausto. Cansado. No puedo ni escribir. Me piden que me inscriba en una lista donde todos los nombres están escritos con la misma letra. Las miro y me rió. Yo pago… tu escribes… me toma el carné de identidad con mala cara y lo dobla. ¿Cómo? Espera, espera, lo pongo yo si hace falta. No, tranquilo, te lo ponemos nosotros, descansa… entendemos que estés cansado. Discúlpanos. No os preocupéis… es que vengo loco. Perdonad, ¿Están Mike, Leo y Alexander? Sí. ¿Puedes ponerme en su habitación? Primera planta. Gracias. Subo y ahí están, descansando ya de la ducha.

Están sorprendidos y yo cansado pero bueno, son mis compañeros de camino así que más vale que no los abandone. Chicos. Voy a ducharme y ahora hablamos. Al bajar veo a gente lavando ropa. Vale, aquí se lava la ropa a mano. Me voy a meter pero ya en la ducha. Una ducha entera para mi solo. Amplia, con una habitación previa para dejar la ropa. Paso a la habitación donde está la ducha y pongo mi riñonera colgada en la puerta. A ducharse se ha dicho. No me fío de nadie. Intento no perder de vista en ningún momento mi riñonera. Que bien sienta la ducha… ¡Por favor! Qué día más largo. Voy a lavar la ropa y ya nos vamos a comer que estos tendrán hambre. Yo la verdad es que con el bocata que me he tomado en Los Arcos tengo suficiente.

Bajamos y nos cruzamos, en uno de los albergues (que tiene piscina y todo) a la familia de Vigo. La verdad es que no sé por que corrí aquel día con miedo de que me quitaran plaza si son encantadores. ¿Sabes? Voy notando que los miedos se van quedando poco a poco en el camino. Hoy ya me daba igual tener plaza o no en un albergue.

Ya estamos llegando a un albergue con terraza que hay en el pueblo. Nos tomamos una cerveza mientras compramos las cosas para la cena. Que gusto. Anda, mira, unos italianos amigos del que no he visto durante el camino. Les pregunto y me comentan que ayer fue su ultimo día en el camino que se tenía que volver a su casa. Me sorprendo. Ahora que empezaba a hacer migas con él. Ni me he despedido. Bueno, ya tendré ocasión de explicarle que no me entere de que se iba.

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Pasamos la tarde en una especie de terraza en un pueblo perdido del camino. Hablamos un rato con el resto de gente que ha llegado hasta aquí. No todo el mundo ha llegado a Torres del Río. La etapa en la mayoría de las guías marcaba Los Arcos como punto final. Buscamos un bar para tomar un vino. Hay algo que parece una bodega. Entramos y nos dicen que sólo es para socios. No, no nos va a poner una copa de vino. Compramos vino en la tienda y nos vamos de vuelta al albergue.

Subimos a la planta donde está nuestra habitación y las mesas para cenar. Vemos a una chica que se va a quedar a dormir fuera encima de una colchoneta. Es de México, se llama Lizzi. Es muy espiritual. La invitamos a cenar de lo que hagamos. Yo no sé cocinar así que me piden que ponga la mesa junto con Alex y después ya fregaré los platos. Se pone todo tipo de comida en la mesa. Se nos unen un hombre de Italia y una pareja de Francia.

La pareja de Francia lleva 50 días andando. Nos comentan que el día para saber si todo va a ir bien o no es el día 15 de caminata. Lo pienso, me quedan 9 días para poder decir que todo va a acabar bien. ¿Lo del tobillo me puede retirar todavía? Mierda. Bueno, iré con un poco más de cuidado. 50 días caminando… también he pensado en eso. Es espectacular para mi. Y la verdad es que se les ve muy bien. Como si ya andar no les costara trabajo.

Toca fregar y bajamos Lizzi, Alexander y yo a hacerlo. Vamos allá. ¿Dónde están las cosas? Lizzi se mueve más rápido y lo encuentra todo. Nos organiza. Comienza a fregar. Me pasa las cosas para secarlas. ¿Con qué seco yo esto si aquí no hay trapos?. Bueno, hay uno aquí. Lo cojo y empiezo a secar cosas. Me empiezan a pasar cubiertos. Los cojo todos de golpe en vez de uno a uno y a secar. Noto un corte. El cuchillo de Alex, un cuchillo genuino de Argentina preparado para cortar carne ha pasado sobre mi dedo. Ups. Bueno, no pasa nada, un poco de sangre. Nada, nada. Quiero seguir. Qué no… ya no sigues. Tienes que cuidarte muchacho. Me quedo jodido pero obedezco. Subo arriba. Muchachos… me he cortado. Tranquilo, me dicen. Ya se apañan seguro.

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Llega la noche, miro al cielo. Se ve la vía láctea. ¡Qué me dices! Franco Battiato suena en uno de los móviles. Recuerdo a mi casa. Recuerdo algún viaje con Battiato de fondo. Tomo mi copa de vino y bebo con moderación. No puedo evitar emocionarme al repasar mi vida a través de esas canciones. Es de las pocas veces en que vuelvo a notar, después del primer día, que estoy disfrutando del momento.

Mañana más.

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Un comentario en “Día 6: De Estella a Torres del Río

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