Día 2: De Roncesvalles a Zubiri

5 de septiembre de 2013

¡Hey!

Hoy llegué a Zubiri. Lo que prometía ser una etapa fácil no ha sido tal. Después del esfuerzo de ayer echarse 22 kilómetros a las espaldas es duro. Vamos allá.

Hemos salido temprano, sin el sol todavía más alto que el horizonte, o el horizonte más bajo que el sol, todo depende del punto de vista. Recoger el saco, preparar la mochila y para fuera. Hemos quedado en la puerta. Veo a gente salir. Había una cuerda gorda en la puerta que evitaba que se cerrara. Algunos la fijan a la pared para dejarla abierta pero los que estamos dentro preferimos tenerla entornada. Que fuera hace rasca. Me tomo un batido sacado en una expendedora mientras me pongo las botas y me preparo para salir. Dejo mis chanclas colgadas de la mochila. Salimos. Yo todavía ni sé por donde va el camino. Primera señal azul con peregrino que nos dirige a todos a una zona donde hay un cartel.

El cartel señala que Santiago de Compostela está a 790 kilómetros. ¿Qué? Si todas las guías dicen que nos quedan 750 kilometros… Bueno, suponemos que se trata de la distancia que hay si haces el viaje por carretera. Les tomo una foto a la gente que me acompaña y ellos me toman una foto a mi. Parezco el glorioso hidalgo Don Quijote. Seguimos andando.

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Es de noche, todavía no se ve muy bien. Me despido de Leo con un ¡Buen camino! y bajo el ritmo. Espero que salga el sol. No quiero andar como la última vez que hice el camino de noche y perdiéndome el paisaje.

Paso por un lugar donde hay una especie de supermercado con bar. Veo que mis compañeros paran a tomar algo. Yo tengo comida en mi mochila y voy más lento así que sigo adelante. Pasamos por el primer pueblecito del camino. Esto ya se parece un poco más al camino que yo recordaba. El pueblo tiene una pinta estupenda. Todos los peregrinos que van por detrás de mi sólo hablan inglés. Intento comunicarme pero me es difícil así que elijo disfrutar del lugar en el que camino. Veo a algunos peregrinos perdidos que vuelven sobre sus pasos. Paso sobre un río. Los primeros días la gente no ve las señales.

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Me paro en una explanada con algunas montañas al fondo para tomar algo de fruta y seguir. Me quedo un rato allí disfrutando del lugar. Veo pasar a algunos peregrinos que me miran extrañados. No tengo prisa. Disfruto del momento, yo, mi mochila y el camino a mi lado. Después de un momento me levanto y sigo andando. Una figura de la Virgen de Roncesvalles con flores como ofrenda me recibe a pocos metros de aquella explanada.

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El alto de erro por delante. ¿Subiendo? Si hoy era todo el rato bajando menos algunos repechitos… Esto… Llevo 5 minutos subiendo y no pinta como una cuesta que vaya a terminar pronto. Bajo el ritmo y sigo adelante. Acabo la subida. Acelero, tengo ganas de llegar y sobre todo tengo miedo de quedarme sin plazas. Hay mucha gente haciendo este camino, más de la que yo creía. ¿Sabes? Este miedo ya lo conozco y tengo que dejarlo atrás si quiero disfrutar del camino.

Tras una bajada que acaba en un puente llego a Zubiri. Ah, este puente es el de la rabia… un puente… ¡Un rio! miro abajo y efectivamente… veo el río. Sigo adelante. ¿Dónde está el albergue público? ¿Dónde? No lo sé. Pregunto a la gente del lugar y finalmente llego a lo que parece un colegio. Hay camas. Coloco mi mochila y ya llegará la persona que cobra. Me dicen que pille cama pero yo hasta que no llegue la persona que cobra no pillo cama. Me siento en las escaleras a esperar a que llegue.

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Veo como llega una furgoneta y descarga mochilas en el albergue. ¿Cómo? Espero que simplemente sea gente que las recoge y se va a un albergue privado por que quitar a la gente que va andando una plaza de un albergue público se supone que va contra las normas no escritas. Llega la persona y entro a la habitación. Me pongo abajo en una de las primeras literas. Al lado mio una familia de Vigo. Los saludo y hablamos un rato. Los dejo para ducharme. Y ¿Dónde estás baño?. ¿Fuera?. Vamos allá.

– ¿Son aquí las duchas?

– Sí, pasa, pasa.

Paso y no veo que ponga hombres o mujeres. Me meto en una libre y me ducho, me seco y salgo. ¿Duchas mixtas? Bueno, en sitios peores me he duchado, por lo menos estamos separados y se tiene algo de intimidad. Me meto a lavar la ropa y justo detrás están los baños, también comunitarios. Salgo a la puerta a ver si veo algún símbolo de la paz. No lo hay, es el público, es el público… vale, vale.

Me voy a comer a un bar cualquiera… Me pido un bocata y siento que me cobran demasiado pero aún así pago. Voy al albergue privado ya que me han dicho que mis compañeros están allí. Me los encuentro a medio camino y me comentan que tienen una plaza para mi en el albergue. Me echo las manos a la cabeza… me dicen que no me volvieron a ver y que pensaban que iba por detrás, les explico mis intenciones de ir a la aventura sin reservar cama. Les pido disculpas por no haberlo explicado antes y aclaro la situación a la señora del albergue privado. La cosa es que los vi parados tomando algo en un momento de la caminata pero seguí hacía delante pensando que ellos también me habían visto y seguro de que me pillarían.

Los acompaño a comprar embutido, zumos y pan para cenar y para mañana. Me invitan a ir al albergue privado para que lo vea. Entro y la verdad es que están bastante bien. ¡Kasper!. Lo saludo y me cuentan que está notando algo en el talón de aquiles y que por eso no ha seguido hasta Pamplona. Estamos un rato y Mike crea un grupo de Whatsapp. ¿Whatsapp en el camino? ¿Por que no?.

Bajo al río donde me han dicho que había varios peregrinos pero llego tarde, ya solo queda un grupo de españoles. Meto mis piernas para refrescar los músculos. Tengo media hora así que la aprovecho lo mejor que puedo quedándome todo el rato dentro del agua.

Vuelvo al albergue privado donde veo cenando al peregrino de Le Puy. Resulta que habla español por que parte de su familia lo habla. Me comenta que ha trabajado con niños con problemas. Que cree en el arte y en su poder terapéutico por que ha visto el brillo en la mirada de esos niños cuando dibujaban libremente. Me emociono un poco por que conozco gente a mi alrededor a la que el arte le ha cambiado la vida, que dedica su vida a crear arte. Ya conocía del arte como herramienta pero nunca me lo habían contado de primera mano. La verdad es que me alucino.

Sigo hablando con él y cuando le comento que voy a retirarme a escribir sobre tus hojas me comenta que no entiende que todos los días escribamos algo.

– ¿Cómo trabajas lo que te va pasando en el camino?

Sus palabras me quedan grabadas con fuego.

– Yo camino mis pensamientos.

Se retira y me deja pensando. Debo reconocerte que no pude escribir en ese momento. Me fuí a otra mesa para hablar con gente de Italia que compartían la cena. Yo pongo encima de la mesa mi chorizo y mi salchicha recién empezados. Intento comprender de que hablan pero me es muy complicado. En la mesa también hay gente que cataluña que habla en catalán así que de repente mi mente empieza a funcionar de forma autónoma. ¿Caminar lo que pienso? Me ha dejado rayado este peregrino. Mañana lo intentaré camino a Pamplona.

Algunas personas comentan que mañana puede ser que llueva. No quiero saber si llueve o no. La gente es que se pone muy pesada con ese tema. Me quedo fuera hablando con un chico de Las Palmas sobre deporte extremo de fondo. Carreras de 100 kilómetros. Sobre el sistema de salud que le obliga a ir con todas las pastillas que le hacen falta ya que las recetas de su comunidad no valen en otra y de lo que supone este camino para él. Salió de Jaca. Una vez llegado a Puente La Reina se dio la vuelta y fue hasta Saint Jean Pied de Port. De momento se encuentra bien.

Llega la noche, apagan las luces. Salgo fuera a escribir sobre tus páginas. He mirado ahora mismo a mi derecha y hay gente en una especie de pabellón en colchones sobre el suelo. El silencio me rodea. Una persona acaba de decirme que entre a dormir que mañana hay que seguir. Le voy a hacer caso.

¡Mañana toca Resetear!. Dejar lo más pesado del equipaje fuera, el peso que impone tu razón. Tu puedes tomar un descanso, tu puedes encontrar tu ritmo. Todo el mundo puede conseguir llegar.

¡A disfrutar!

Te veo mañana.

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Un comentario en “Día 2: De Roncesvalles a Zubiri

  1. Caro Miguel ti seguiamo con interesse e curiosità nel tuo racconto, anche se è in lingua spagnola non ci impedisce di cogliere emozioni condivisibili e momenti indimenticabili. Un abbraccio Bob y Cristina

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