Día 1: De Saint Jean Pied de Port a Roncesvalles

4 de septiembre de 2013

¡Hola!… sí, sí, sí.. ¡He llegado a Roncesvalles!. Y lo he hecho por el bosque al final. ¡Sí! ¡Vamos! Ha sido un día muy emocionante. Te lo cuento desde el principio.

Seis de la mañana. Me levanto con todo el mundo. No he dormido mucho por que me he despertado varias veces durante la noche. Cuando empiezo a escuchar a la gente es todavía de noche. Como duermo vestido, sólo tengo que recoger mi saco y la ropa que tengo tendida fuera.

Vaya, la ropa no está del todo seca o el frío hace sus estragos. De repente miro al cielo, libre de nubes. Sin nubes, como me habían dicho que era más espectacular la etapa de hoy. Sin nubes… que bién… miro de nuevo. Mi mirada empieza a recorrer caminos. No me estoy fijando en el tiempo sino en las estrellas que como puntos iluminan el cielo. Tras un minuto observándolas vuelvo sobre mis pasos con cuidado de no darme una hostia con nada. Recojo mis pinzas que habían servido a otra persona para colgar su ropa y entro al albergue. Dejo la ropa en su sitio, la mochila lista, yo listo.

A desayunar se ha dicho. Entro en la cocina. Lo que ayer era una mesa vacía hoy está repleta de cuencos, café, leche, azúcar, cacao, pastas y cereales. Veo a gente ya sentada tomando leche con cereales. Yo tengo el estomago cerrado así que junto leche, cacao y azúcar. Comienzo a darle vueltas. ¿Cuánto hace que no tomo leche en un cuenco como este? No sé ni como girar la cucharilla. Hago lo que puedo intentando no derramar nada. Los comensales me miran extrañados pero con cierta simpatía. La verdad es que todos comen. No sé explicarlo pero se nota la emoción del primer día en el ambiente. A mi lado y enfrente dos personas de Italia. Charlo un poco con ellas ya que entienden el castellano y a estas horas no hay quien piense en inglés. Cojo mi mochila y para la puerta a esperar a Leo, Alexander y Kasper.

Empiezan a pasar peregrinos que vienen de más arriba. ¡Buen Camino!. Yo ando tan concentrado en mis músculos y en conseguir agua que ni me doy cuenta de que pasa gente. Cuando escucho al resto responder giro y ¡Buen Camino!. Ya vienen mis compañeros. Ayer no andé con ellos. No sé el ritmo que van a imponer. Empezamos a andar. ¡Buen Camino!. Me despido de los que todavía están esperando.

Nada más salir de la ciudadela empieza una cuesta arriba. ¡Hostia, la fruta del frigo! Ya es demasiado tarde. Evitamos algunos tramos duros ya que el camino no va por esas calles que me recuerdan a alguna de mi pueblo. El terreno se mantiene ascendente y yo me doy cuenta rápido de que el ritmo que quiero llevar hoy no es el de mis compañeros. ¡Buen Camino! Les digo, no tengo seguro que los vuelva a ver hoy. Aminoro el ritmo. Noto mi respiración. Necesito que sea constante. Necesito ser yo. Comienzan a pasarme peregrinos. Para tranquilizarme y no acelerar pienso en que ellos no están disfrutando realmente del paisaje y se están tomando el camino como una carrera. Me concentro en que yo soy el que más disfruta del camino.

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Tengo 25 kilómetros por delante, 19 de ellos en subida constante así que más me vale relajarme y si tengo que usar herramientas para engañarme a mi mismo las usaré ya que la montaña tiene mucho de juego mental. Llega un momento en que dejo de pensar en los otros y comienzo a fijarme en el lugar por donde camino. Conforme subimos se ven como colinas verdes. Un paisaje que sólo recuerdo haber visto en fotos. Me paro de vez en cuando a descansar y a mirar lo ya andado tengo miedo de que desaparezca en una curva. Esta subida sin el paisaje que la acompaña tiene que ser durísima.

Me encuentro con gente que veo con botas recién estrenadas. Otros con mochilas que parece que pesan 20 kilos. Desde luego hay gente realmente aventurera. Espero que puedan llegar a buen puerto. Lo más curioso es que van más rápido que yo. Me encuentro con un mexicano que lleva una mochila pequeña con agua y comida. Parece un turigrino, un turista que hace el camino andando. Hablo con él. Va a mi ritmo y este viaje quiero saber que mueve a este tipo de peregrinos. Me cuenta que por su edad ya no tiene las rodillas de cuando joven y que esta forma es la única en la que puede hacer el camino. Lo hace por que le apetece aunque su historia personal le acompaña. Como a todos los que caminamos.

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Llegamos al Refugio de Orisson. Está anunciado con tanta antelación que parece que es una broma de mal gusto. Me cruzo con gente que ha desayunado conmigo. Apoyado en un muro saco un plátano y me lo tomo. Hay una fuente así que lleno la botella. Me vuelvo a encontrar con el chico de Italia con el que he desayunado y con un italiano que toca el piano. Me recuerda a un compañero del colegio que estuvo algunos años en Italia. Le pregunto pero parece que son de generaciones distintas y esto significa que yo soy de una generación distinta a la suya. Si es que ya tengo 32 años que se dice rápido. Aprovecho para darme crema solar, no vaya a ser que me queme el primer día.

Tras una parada refrescante y nutritiva sigo mi camino. Voy solo la mayor parte del tiempo por que mi ritmo es demasiado bajo para la mayoría de peregrinos. No tengo prisa. No me quedo el último por que esos peregrinos que me pasan a todo trapo en algún momento se van parando para reponer fuerzas. Lo único que tengo claro es que no quiero acelerar por ir al ritmo de otro. Dicen que lo que queda por delante es menos duro que lo ya pasado. Yo no me lo termino de creer y mis piernas tampoco.

Subiendo y subiendo sin parar. De vez en cuando vemos a animales sueltos por el camino. Ovejas y caballos pueblan lo que parece ser ya la parte alta de la etapa de hoy. Hace un viento bastante fuerte que hace que todos, ciclistas incluidos, vayamos con precaución. Empezamos a ver a los primeros ciclistas que tiran con las manos de sus bicis ya que la subida no se aguanta. Yo empiezo a apretar el gorro contra mi cabeza. Una persona de Estados Unidos se para y me pide que le eche una foto con el paisaje de fondo. Clic. Vuelvo a caminar y él también. Llevo un ritmo distinto así que me toma la delantera rápidamente. Por la tarde Alexander me cuenta que lo añadía al grupo de aventureros.

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Llego a un lugar donde hay una cruz. Me tiro al suelo a tomar algo de comida. Tengo embutido y pan así que allí estoy haciéndome un bocadillo delicadamente. A mi lado un peregrino con un chorizo y un trozo de pan. Va cortando el chorizo sin buscar la uniformidad y mordiendo el pan. Cuando termina limpia su navaja contra el césped. No sé si será muy higiénico hacerlo así pero así es como lo hace él. Le pregunto de donde viene y me comenta que salió desde Le Puy (a la misma distancia de Saint Jean que Santiago de Roncesvalles). Él va ya por la mitad del camino. Definitivamente sea higiénico o no limpiar así la navaja… ha sobrevivido.

Ya estamos justo al lado de lo alto del collado. Me encuentro con una persona de Galicia a la que acompaño en la llegada al alto del Collado. Pasamos por la fuente de Roland. Y nos cruzamos con la señal que nos anuncia que acabamos de entrar en Navarra. Empezamos a ver señales hechas con madera que tienen un número. Se trata de señales para indicar donde te encuentras si tienes que pedir que te rescaten. Antes hemos visto un refugio donde algunas personas han parado a comer y descansar. El viento ha parado. Llego al alto del collado. Aquí es donde hay que girar para no bajar por el bosque. La persona con la que hablo sigue para abajo y yo lo persigo. Cuando estamos bajando me doy cuenta de que esta no es la ruta que quería tomar pero ya es demasiado tarde para volver sobre mis pasos.

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Estoy en el bosque y vamos perdiendo altura con gran velocidad. Necesito parar. No he recargado agua en la fuente de Roland y necesito descansar para no desfallecer en la bajada. Mi ritmo de bajada baja, empiezo a buscar un lugar donde parar, un tronco que no tenga arañas como las que he visto hace un momento en uno de ellos. Me paro. Mi respiración retoma su ritmo habitual. Tomo un poco de agua, como algo… Miro a mi alrededor. Estoy en un bosque que hace que siempre esté en permanente sombra y que no vea lo que tengo tan solo a 300 metros. Por suerte la senda está bien marcada con flechas amarillas en los troncos y en alguna piedra. Me levanto y continuo. ¿Donde está Roncesvalles? No lo veo. No lo veo… Aún así sigo andando confiado en que lo veré. Me paro a descansar de vez en cuando. La bajada se me hace muy cuesta arriba. Entre las ramas parece que veo unas construcciones que parecen edificios pero el camino me aleja de ellas. Roncesvalles aparece ya por favor. Sigo andando y ya no parezco disfrutar del paisaje. Sólo quiero llegar, darme una ducha, beber agua y descansar. Llegar, llegar… por favor. De repente, tras una curva se abre un claro, aparece un río ante nosotros y varias personas cantando. ¿Qué?. Me dan un libro sobre filosofía zen y yo les pregunto… ¿Estoy en Roncesvalles?… ¡¡¡Síiiiiii!!! ¡Ahí está!. ¡¡Por fin!!.

Lo que pasó a continuación es que me puse en la cola para conseguir cama y me dijeron que primero debía deshacerme de las botas en la habitación de las botas (todo esto en un castellano muy forzado). No entendía nada y estaba cansado. Necesitaba comer y beber.
– Déjate de botas. Dame el sello y la cama.

– Que no, que te tienes que quitar las botas y ya te damos cama.

Al final di mi brazo a torcer. Me quito las botas y las dejo en la habitación de las botas para que me den la cama. No pidas nunca habitación en el camino. Que te dirán que no tienen. Cama… Cama…

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Me pongo en la cola. Y me piden rellenar un papel con mis datos. ¡Joder! Dame mi cama…. por favor… tampoco pido mucho… Relleno todo lo que me piden y me dan la cama. Subo a la habitación, dejo mis cosas, me ducho, conozco a gente de Israel y bajo a comer y a beber agua. Me siento en el bar. Mando un whatsapp a mi familia. Estoy bien, acabo de llegar a Roncesvalles, mira el pedazo de bocata de lomo que me voy a meter entre pecho y espalda. A mi lado una botella de litro y medio de agua… uhm… miro a mi alrededor… estoy solo en la terraza del bar pero me da igual. He superado la primera etapa.

Después de comer lavo mi ropa, donde conozco a un chico de Corea y me reencuentro con compañeros de camino. Hablo con un grupo de italianos con los que me he cruzado en la subida. Bruno, Martina, Alessandro… Se han juntado en un grupo majo en el que pueden charlar en su idioma. Parecen gente interesante. En ese momento sale Alexander al patio donde se cuelga la ropa. Me comenta que van a ir a cenar a un bar que desde fuera parece bueno que dan menú peregrino que si quiero ir que se lo diga. Accedo y me comenta que ha encontrado un compañero para Kasper, Mike de Estados Unidos, un chico que habla español e inglés. Que tengo que conocer a Claire. Saluda a los italianos con los que estaba hablando. Este tipo va a hacer mucho por que todos los que estamos andando en el camino estemos juntos, lo tengo claro.

Me doy una vuelta más relajado por Roncesvalles. Saludo a peregrinos que he visto el primer día. Y me pierdo un momento en el río. Mis pies necesitan relajarse después de la bajada tan brutal de hoy así que meto los pies dentro. El agua fría los recorre y ayuda a recolocar todo en su sitio para mañana. Vuelvo al albergue y me encuentro con una chica de Corea que intenta usar el microondas. Me pide ayuda pero yo miro ese microondas y no sé por donde empezar. Veo que el chico que conocí mientras limpiaba mi ropa está cenando. Le digo a la chica que le pregunte a él y los dejo ya solucionando el problema.

Voy a dar una vuelta por Roncesvalles (es un monasterio con un parquecillo alrededor). Acompaño a comprar un recuerdo a Alexander y vamos al sitio en donde habíamos quedado para cenar con Leo, Kasper, Mike y Claire. Entramos, pedimos el menu, paella, y nos ponen un arroz que nos comemos por que tenemos hambre. Infumable que se diría habitualmente. A Claire que es vegetariana le ponen un plato que no vale el dinero que pagamos por él. Por suerte el vino corre por la mesa y eso hace que todo parezca menos malo. Maldita sea… nos están estafando y no llevo ni un día caminando.

Al salir vemos a los italianos tomando un refresco en la terraza de al lado del bar. Buen plan pienso pero en 5 minutos empieza la misa del peregrino así que algunas personas del grupo nos vamos rápidamente hacía la iglesia. Esta misa sale en el libro de Paulo Coelho así que la bendición es como algo más que hay que hacer en el camino. Al final de la misa nos piden a los peregrinos que nos acerquemos. Ahora entiendo por que nos han pedido los datos antes. Nombran todas las regiones de donde vienen peregrinos y cuantos somos. Nos vamos levantando cuando dicen nuestra región. La mayoría de gente es de fuera de España así que se levantan cuando dicen su país.

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Es muy emocionante ver gente que he conocido durante estos dos días de pie en la Iglesia. Nos juntamos frente al altar. El que oficia la misa baja al suelo y desde nuestra altura nos dice unas palabras en latín. Ya estamos bendecidos. Nos damos la mano y salimos, poco a poco de la Iglesia. Siento que todos los peregrinos estamos unidos y no sólo por nuestra intención de llegar a Santiago de Compostela. Es la primera vez en mi vida que voy a una misa de peregrinos, la última vez que hice el camino, hace dos años, no fui a ninguna. Estos encuentros hacen cambiar el sentido de las caminatas.

A la vuelta del convento ya era de noche. Una persona me para y me habla en inglés. Solo el hecho de que la intente entender hace que siga hablando conmigo. Me habla de que está jodido, de que yo llevo botas trilladas y él no. Recuerdo haberlo visto hoy con botas a estrenar. De que le gusta la astronomía, que hace unos días alguien fue a su pueblo a hablarles de astronomía y le parece algo maravilloso. Le animo a seguir conociendo sobre esa ciencia. Nos echan del recibidor y seguimos hablando en el claustro donde vuelvo a ver al peregrino de Le Puy y a otros italianos que no había visto antes. Empezamos todos a hablar pero se hacen las diez de la noche. Tenemos que entrar por que nos apagan las luces y yo no llevo linterna para entrar. Mañana seguimos hablando. ¡Buen camino!.

¿Sabes?, diario de viaje, en este camino se vive muchísimo más la experiencia. Hoy todos los que salimos ayer de Saint Jean Pied de Port hemos llegado a Roncesvalles. Unos antes, otros después pero todo el mundo ha llegado. Mañana saldremos hacia Zubiri ya que el albergue de Larrasoaña se encuentra cerrado. Kasper dice que se va directamente a Pamplona por que el recorrido es bastante plano. Yo creo que lo veré mañana por que lo de hoy pasa factura a cualquiera.

Sobre mis sensaciones… Estoy todavía en una nube por lo conseguido. Creo que es un sentimiento compartido por toda la gente que hoy llegó desde Saint Jean Pied de Port. Me paré un segundo a volver a sentir los miedos vencidos en esta etapa. “No voy a poder con ella”, “No…”, “No…”, “No…”. Todo fue vencido hoy. Me he vencido por primera vez en este camino a mi mismo. Creo, algo me lo dice, que no va a ser la única vez.

El paisaje de la etapa ha sido Espectacular. Llevo el móvil todo el día apagado. No compruebo el correo electrónico cuando lo enciendo. Sólo mando una foto de algo que me haya gustado mucho. Así que, de momento, móvil OFF.

Hakuna Matata

See you tomorrow

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