Días 0: El viaje hacia Saint Jean Pied de Port

3 de septiembre de 2013

Querido Diario:

Llevo dos días viajando. El primer día atravesé España por completo desde mi Molina natal hasta Pamplona. Recuerdo haber paseado por sus calles en un viaje con mis padres que mi memoria intenta rescatar. Lo único que tengo claro es que la plaza del ayuntamiento me pareció mucho más pequeña que cuando dan el chupinazo de los San Fermines. Hoy he llegado a Saint Jean Pied de Port con más curvas de las esperadas. Se nota la adrenalina a flor de piel ante el comienzo del Camino de Santiago.

Ayer me levanté una hora más tarde de lo habitual. Como fuimos a Murcia a tomar un tren no tenía prisa. Me vestí con ropa deportiva y gorro como un peregrino del siglo XXI. Mi padre me llevó a la estación de tren. Me despedí de él y me metí en el tren.

Iba en clase preferente. ¿Cómo sería?. Tomé asiento y al mirar a mi alrededor descubrí que no era muy distinto a ir en clase turista. Me puse a pensar si en algún momento mis compañeros de vagón habrían tenido la oportunidad de vivir una aventura como la que estoy a punto de afrontar. Lo único que saqué en claro es que no lo sé. No se puede saber nada acerca de la historia de una persona observando su aspecto. Comenzaron a ofrecer comida, bebida y prensa. Eso era la preferente… vaya.

Madrid. Miré a mi alrededor y localicé a un profesor de física. Estaba allí para ir a un congreso. Charlamos, no de la carrera, de la vida. Me invitó a una cerveza y continuó su viaje. A mi espalda dos sevillanos con ropa Quechua, mochila Quechua, botas Quechua… efectivamente, eran peregrinos. Saldrían desde Roncesvalles por que tenían respeto a los 1250 metros de desnivel que me esperan mañana. 1250 metros…

Nos montamos en el tren dirección Pamplona. Yo me fui a mi vagón de preferente (de nuevo) y ellos al suyo de turista. Se repitió el ritual: comida, bebida, prensa…

Ya en Pamplona volví a ver a los sevillanos y los dejé tomando un taxi. ¡Buen camino!. Se despidieron de mi con esta expresión que espero escuchar a menudo. Todos me recomendaron que tomara un autobús al hotel. Prefería ir andando.

¿Había estado allí antes? Fotografié el primer crucero que me encontré y se lo mandé a algunos amigos. “¡Ya estoy aquí!”. Su respuesta fue algo así como “Vuelve a enviarla cuando pases ya como peregrino”. Lo peor de todo es que tenían razón.

Acompañé a una persona que vino desde Sudamérica para hacer el camino. Tenía claro que se saltaría la parte que une Burgos con León y que saldría desde Pamplona. Me despedí de él con un ¡Buen Camino! y seguí hacia la estación de autobuses para comprobar que mi billete era correcto.

Seguí caminando. El hotel estaba justo al lado de un lugar donde los objetos celestes son los protagonistas. Me acerqué a ver el planetario por fuera y fui a un bar cercano donde había visto gente joven del lugar. Cené tranquilamente y volví al hotel para descansar hasta hoy.

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Hoy me he despertado tarde ya que mi autobús no salía hasta después de comer. He desayunado en una cafetería y paseado por la ciudadela. He visitado el planetario y sus experimentos para explicar como funciona la luz. De vuelta al hotel he recogido mi mochila.

En ese momento, cuando salía del hotel, me he despedido del turista que llevaba dentro.

Ya en la estación de autobuses me he encontrado con un joven argentino llamado Alexander, un argentino viajero y antropólogo que viene de pasar unos años en Israel del que no recuerdo el nombre y Kasper, un chico de Dinamarca.

Alexander intentaba hablar en inglés con Kasper. Es complicado, hablaba de manera entrecortada como recordando cada palabra de una vieja lección. Al verlos me he presentado. Lo primero que me ha pedido Alex es que hable con Kasper. Debo dar la impresión de que sé hablar Inglés.

Charlo un poco con Kasper en un idioma que no es el suyo pero que controla como si lo fuera. No habla español pero aquí está, dispuesto a andar 31 días por España. Justo antes de tomar el bus Alex descubre a Leo, un italiano que también viaja solo como nosotros y se va a hablar con él. Nos montamos en el autobús, yo subo con el argentino antropólogo viajero. Alex con Leo y Kasper con alguien que habla Inglés.

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Llegamos a Saint Jean Pied de Port… Hemos pasado por Roncesvalles. Los peregrinos van muy cansados. Una vez en Saint Jean Pied de Port me despido del argentino antropólogo y sigo a Alexander, Kasper y Leo.

Nos ponemos en una cola donde parece que distribuyen a los peregrinos por los albergues. ¿Sabes?, aquí también sellan la credencial. ¡Mi primer sello de este camino!. Nos dan un papel con información de las distintas etapas y teléfonos de albergues. Nos dicen que por favor no bajemos por el bosque al terminar la subida de mañana ya que se considera algo peligroso. ¿El bosque? Allí fue donde un compañero se lesionó la rodilla y recuerdo que tuvo que volver. Lo evitaré, sí, tenía alguna duda pero ya lo tengo claro. Iré por el otro lado.

Cuando nos dicen si vamos juntos o no. Respondemos que sí y nos mandan al mismo albergue. Damos una vuelta por la ciudad. Una ciudad medieval muy bien conservada que recibe turismo distinto del propio del camino. Aprovechamos para comprar algo de comida para cenar y para mañana.

Llegamos de nuevo al albergue, metemos algunos productos en el frigorífico (una especie de mix de frutas) y nos encontramos en nuestra habitación con un chico de Suiza que lleva desde mayo haciendo el camino. Ha pasado el verano por el norte de España. Los últimos días se los ha pasado andando desde Pamplona hasta Saint Jean. Ahora vuelve a Suiza haciendo autostop para convertirse en un tutor de snowboard (aunque hoy nos ha contado que no sabía practicarlo… Un crack). Nos ha dado un consejo: “Enjoy it” (Difrutadlo). Su palo lleva el nombre de todas las ciudades por las que ha pasado.

Le hemos invitado a cenar. Alexander hablaba todo el rato con Kasper en español y Kasper con Alexander en inglés. Una pareja se sonreía con la situación y es que ha sido realmente chistoso. Lo curioso es que parece que se entienden entre ellos.

Después de la cena me escapé a visitar el castillo de la ciudad. Desde allí he visto el atardecer, el primero de este camino. Ha sido un momento indescriptible. A la bajada me he encontrado con dos personas que van a hacer el camino en bicicleta. Tienen claro que no es lo mismo que hacerlo andando pero no tienen más tiempo. Es la única forma en que lo pueden hacer. A la vuelta al albergue, al entrar a la habitación… No estaba el colega de Suiza, ni su palo, ni su tienda de campaña (sí, se me olvidó comentarte que llevaba una tienda de campaña). Sé que no ha sido una alucinación por que todos hemos hablado con él.

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He intentado hablar con la persona que gestiona el albergue para preguntarle si el agua de la fuente que está fuera es potable o no. Sólo habla francés o vasco. Estoy en Francia… De verdad. Me cuentan que dice que mañana nos dará un desayuno por que a la montaña hay que ir bien alimentado. Esto me recuerda la pájara que tuve subiendo a Revolcadores… mañana me enfrentaré a una subida de verdad. 1250 metros… Lo único que tengo claro es que lo haré a mi ritmo. No persiguiendo a nadie. Que disfrutaré de la belleza del paisaje que espero ver.

Vamos allá. Tengo los nervios a flor de piel. Espero poder dormir.

Hasta mañana.

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