La colina

Aquella tarde hacía frío y Jorge se encontraba recostado en la colina sobre su saco de dormir. No paraba de pensar en los kilómetros que le quedaban por delante. Por un momento se llegó a agobiar, le quedaban todavía cerca de tres días de caminata entre montes copados de árboles y de paisajes increíbles. Decidió que era buena idea echar la vista atrás y disfrutar en su recuerdo de aquello que ya había recorrido. Recordó el olor de la tierra mojada, la frondosidad de la senda por la que caminaba, los ríos donde había sumergido sus pies para atenuar un poco la tensión muscular. Aquella tarde refrescó su vivencia de aquella experiencia vital. Se dedicó únicamente a descansar en aquella colina desde donde tenía claro que vería amanecer al día siguiente.

Se puso boca abajo y observó el paisaje que se divisaba desde esa colina. Un pequeño valle con un pueblo con las chimeneas encendidas. Entraba al pueblo un riachuelo alrededor del que parecía crecer la actividad del pueblo. Una actividad que por la tarde se resumía en comentar lo que había pasado durante el día. Pero hoy la gente permanecía en sus casas refugiándose del frío.

En aquel momento en la colina apareció un perro labrador. Que intentaba llevar a Jorge al pueblo… Jorge se negó y el perro volvió resignado al pueblo. La verdad es que nunca le había pasado esto. ¿Cómo le habría encontrado este animal en medio del valle? Quizá su olor. Los perros tienen buen olfato y saben decidir muy bien de donde viene un olor.

En aquel momento un sueño abrumador le atacó por el flanco y durmió. Un día más en su historia personal. Un día más en su viaje.

PD: Hoy hace un año estaba ya en mi segunda etapa del Camino de Santiago. Una experiencia increíble para mi que otro día tendré el placer de contar por aquí.

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