La melodía

Aquella melodía le era conocida. En aquel momento dejó caer la copa encima de la mesa y se levantó a bailar. Era algo inevitable. Durante años, siempre que sonaba esta canción su cuerpo le pedía movimiento. Cogió a su compañera de la mano que risueña le siguió el ritmo. Esto era parte de un juego que sólo entendían ellos dos pero que resultaba contagioso y así, poco a poco, pasando por todas las mesas provocaron que todos los invitados dejaran de lado sus copas y participarán de este momento. La algarabía era completa y se escuchaban copas caer y risas entre la gente que movía sus caderas al ritmo de ese sonido que los atravesaba.

Mientras tanto una bandada de chicos de una etiqueta escrupulosa se movían entre los invitados retirando las mesas para dar paso al momento de la barra libre. El suelo poco a poco se volvía pegajoso pero la alegría superaba todas estas dificultades. Y así, entre todas las risas dió comienzo el baile de esa boda tan especial.

Una boda que comenzó en un barco con mucho humor. El novio y la novia que inevitablemente movían sus caderas al son de la música vestidos de Peter Pan y Wendy. Algún invitado de cocodrilo, otros de niños perdidos, algún pirata e incluso alguna campanilla se dejaron ver. El barco pirata permitió una ambientación sin igual.

Aquella boda sería recordada por mucho tiempo por sus invitados y sobre todo por la pareja que bailó dejándose llevar.

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