Juegos estelares

La pelota atravesó el cristal de mi ventana. Alguna desventaja tenía que tener vivir en un barrio joven donde los chicos podían jugar con tranquilidad en la calle. Recogí la pelota y mirando al niño que la había tirado se la devolví. Me anoté como tarea en mi cuaderno personal instalar una reja en la ventana. Esto me ahorrará algún que otro disgusto futuro. Volví al calor de aquella novela interminable.

Por la noche llamaron a mi puerta. Ante mi lo que parecía ser la madre del chaval de por la tarde. La invité a pasar a tomar un café pero ella me insistió en que sólo venía a pagarme el cristal que había roto su hijo. Su seguro podría cubrir el gasto. Se lo agradecí. Al menos sólo tendría que hacerme cargo de pagar las rejas que evitarán que esto ocurra de nuevo.

Me despido de ella y me quedo mirando el cielo. El barrio joven donde me he desplazado es uno de esos pueblos que ponen muchas facilidades para repoblarse. Miro al cielo. Decido pasarme un rato en su compañía. Un suave paseo a las afueras del pueblo y tengo ante mi un cielo que emociona. Esto debe de ser el germen de tanta ansia de conocimiento, de la evolución del pensamiento humano.

Tras un rato observando este espectáculo lanzo un beso al cielo y me retiro a descansar. Mañana veré otra vez a esos niños que al final me brindaron la posibilidad de disfrutar de un gran espectáculo.

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