La noche II

Tras de si dejaba su casa alquilada ya que no pasaría mucho tiempo en aquella ciudad. Estaba decidida a montar su propia empresa y no tardaría mucho tiempo en tener las herramientas necesarias para poder hacerlo.

Al bajar al recibidor el portero la saludó como hacía habitualmente:

– Hasta pronto Paula.

Paula, agradecida, siempre respondía al saludo con un guiño y una mano levantada mientras de sus labios surgían unas palabras:

– ¡Hasta luego!

Abandonó el edificio y solicitó la parada de un taxi. Nunca ha necesitado repetir el gesto, su traje es como un semáforo en rojo para el taxista solitario. Abrió la puerta del taxi y le indicó donde quería ir. Era un taxista mudo, de los que a veces tienes la suerte de encontrarte en el mundo de los taxis. Paula agradeció internamente el silencio ya que necesitaba otra dosis de paz antes de volver al trabajo diario.

Fin de ruta, paga el taxi le da las gracias y se baja para afrontar un nuevo día. Desde que llegó a esa ciudad no quiere saber nada de conducir y usa el taxi como medio de transporte.

Ante ella se presenta el edificio donde trabaja, un edificio de cincuenta plantas. Abre la puerta saluda al portero y llama al ascensor. sube al ascensor, planta veinte con paradas en planta cinco, seis y quince. Hace un día soleado y los dos equipos estrellas del deporte rey de aquel país van a la par. Grandes temas de conversación para un corto recorrido que el ascensor tarda habitualmente veinte segundos en realizar. Planta veinte. Su empresa. Comienza el día.

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *