El vaso de leche

El vaso de leche aparece en mi día a día dos veces. Una por la mañana y otra por la noche. Es un momento tranquilo en que todo lo que hay alrededor desaparece por que estás disfrutando de un momento para ti.

Todo el proceso es un ritual realmente. Coges el vaso, le echas un poco de miel, la leche y el nesquik. Abres la puerta del microondas, metes el vaso y a calentar siempre el mismo tiempo. Un minuto. Sacas el vaso de leche ya preparado para darle vueltas con la cuchara que usaste para verter las tres cucharadas de nesquik, siempre tres también.

Acercas ese vaso caliente a la boca y el aire caliente ascendente te da en la cara. Cierras los ojos, respiras y comienzas a tomarte el vaso de leche. Tu respiración poco a poco se acompasa y los pensamientos se van.

Todo pinta bien, pero hay días que no todo lo que usas es igual. Me voy a permitir analizar solo un caso peculiar. Supongamos que empezamos a echar la leche pero sólo quedaba un dedo. Vas al armario, lo abres y sacas un litro de leche a temperatura ambiente. Rellenas el vaso y continuas como si nada hubiera pasado lo que incluye el minuto de microondas. Sacas el vaso y entonces caes en la cuenta… Tus dedos, quemados, caen en la cuenta. Pero ya no hay vuelta atrás. Te vas a quemar pero claro que te tomas ese vaso de leche que podría ser usado como arma de tortura. No sientes ningún sabor, sólo el calor. Lo acabas y lo enjuagas viendo como sale vapor de agua del vaso usado.

Un saludo y feliz semana, queridos lectores.

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