Correr

Esta semana volví a realizar una actividad parada debida, en mi caso, al frío.

Llevo ya tres días (miércoles, viernes y esta mañana) saliendo a realizar una actividad física complicada de entender. Se corre habitualmente en soledad, una vez se toma el hábito es difícil dejarlo. Parecido a una droga la gente que corre con una regularidad sale a correr aunque llueva, haga frío, calor u otras inclemencias metereológicas. Por supuesto lo hace con conciencia de lo que está haciendo, si hace muchísimo calor uno debe llevar agua encima y si hace un frío del carajo es conveniente que vaya totalmente tapado dejando a la vista del resto de la gente únicamente sus ojos.

Alrededor de la gente que corre hay actividades todos los fines de semana. Se llaman “Carreras populares”. Yo tuve la oportunidad de asistir a una hace un mes y medio más o menos. Uno se apunta por internet varios días antes de la carrera. Realiza una transferencia a una cuenta esperando que todo esté en regla ¿Quien es el beneficiario de la cuenta? Pepito de los palotes… vaya… un particular. Menos mal que esa carrera está en una liguilla de carreras populares de la Región y eso significa que se hace sí o sí.

Intentas salir la semana en que se va a producir la carrera para no perder mucho fondo. De repente la semana se complica y no puedes salir ni un sólo día. No deja de hacer frío. Va, da igual… vamos allá para probarnos, si la acabamos será buena señal. Te levantas temprano el día de la carrera, desayunas para dar un aporte energético a tu cuerpo, un aporte necesario. Quedan dos horas o más para salir a correr. Me preparo el macuto con todo lo necesario para cambiarme allí ya que no sé como funciona esto de las carreras populares, es mi primera vez.

Bajas con el macuto al coche, lo dejas en el maletero y comienzas tu camino hacía la zona donde va a discurrir la carrera… espera… ¿donde era? Google maps al canto… no me entero muy bien, mejor entro en el pueblo y ya pregunto. Coche, carretera y manta (toalla en este caso). Llegas al sitio, te pierdes pero no entras mucho y empiezas a ver a gente en pantalón corto en la parte de atrás del coche. Ves como se ponen unos bambos. Esto debe ser. Entras con tu coche por un barrizal y descubres que no quedan sitios para aparcar. Un poco más adelante, si no recuerdo mal había un sitio. Sigues, confiando en tu orientación. Tu sitio sigue ahí. Aparcas. Sigues al río de gente que ves con pantalones cortos, aparece a tu lado un tio que ya está corriendo. Aún queda una hora para empezar no hay problema, será el máquina de turno.

Llegas a la zona donde dan los números, hay mesas con letras… “A ver… la m, la m… aquí… ya…”. Tu voz sale poco a poco de tu cuerpo, tragas saliva. “Glub. ¡Hola! Vengo a recoger mi número” el chico que da los números te mira… “Nombre y apellidos” “Ah, sí, disculpa… Nesimo, gracias”. “A ver…” el chico mueve las hojas donde no paran de aparecer nombres. “Aquí lo tienes, mucho ánimo”. ¿El 100? Efectivamente… este es mi número. Entre la multitud empiezas a ver gente conocida. “Vaya… no esperaba encontrarte tan pronto”, le suelto a la persona con la que había quedado… “Pues sí.. aquí estamos, ahora vamos a calentar un poco”. “Me apunto… va”. Los acompaño, me enseñan como se pone el número en la camiseta (hago lo que puedo y el número queda más o menos visible). “Venga va, está lloviendo… mejor…. así no te quemas tanto” “¿Lluvía?… esto… ¿¿lluvia??”. Empezamos a correr mientrás la lluvia nos moja y nos refresca un poco… ah, no, espera, si hace frío… cawentoo… de esta no me salvo seguro… empezamos a correr. En primera posición del grupo aparece el tipo que vi corriendo una hora antes, no, si todavía estará fresco… “Cuando den la salida corre, no te quedes parado que te pasan por encima… a tu ritmo pero muévete”. Un consejo de última hora, un muy buen consejo. Empieza la carrera y aguanto el ritmo menos de cinco segundos… estaba demasiado delante así que la gente me empieza a pasar hasta que llega la gente que está más o menos a mi nivel.

Aguanto un tiempo con ellos. De repente veo mi vida pasa por delante, dejo de correr y comienzo a andar. En este momento veo a un conocido que no me esperaba encontrar. “Vaya… ¿tu por aquí?” “Sí, solo entreno en las carreras populares” “Vaya… vas con tu hija en un carricoche” “Sí… ella si que va cómoda.. bueno, te dejo que voy a meterme un poco más de caña” “Venga… nos vemos”. Ya no puedo más así que voy corriendo por momentos pero poco o nada. No tengo fondo. Mejor me pongo a andar y cuando este mejor me pongo a trotar. Veo pasar a un niño que me pasa… Espera, ¿un niño pequeño corre más que yo? Hay que reconocerlo, es así, lo dejo pasar. Detrás de mi veo unas luces, ¿luces?, sí, es la ambulancia de cola. Intento trotar para que no me pille pero me es imposible.

Me siento mejor pero ya no sé donde está la gente ¿cual era el recorrido?… Los busco y veo aparecer a gente por una calle… espera… hay que entrar en un barrizal para llegar allí… bueno, voy para allá. Estando allí dejo pasar a todo el mundo (o eso creo yo) veo a la persona inesperada de nuevo… “vamos, me grita, únete por aquí”. Me uno a ellos y vamos a buen ritmo hasta la meta.

Llego a la meta y me dan una bolsa con fruta y zumos. ¡Viva la dieta saludable!. Me los tomo con el padre y la hija mientras me comenta (el padre) que en nochebuena se va a ir a correr y en navidad también… vale… esto es demasiado grande para mi… hace frío, me retiro y mientras lo hago, media hora después de acabar la carrera, veo al tío que vi al principio corriendo por la calle. ¿Este tipo no tiene suficiente con la carrera popular?. Decido atribuirle el adjetivo de crack y me retiro a mi casa con una tarea en la mochila. Mi reto es simplemente acabar una carrera popular.

En los siguientes meses el frío se hace más presente que nunca. No estoy tan enganchado todavía para salir a correr con un frío del carajo. Me dejo desfondar hasta este miércoles pasado y entonces salgo a correr y me doy cuenta de que algo no va bien… hay que entrenar, hay que volver a tomar fondo. El tiempo ha mejorado. Lo voy a hacer.

¡Un abrazo!

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