La adoración al niño de Abarán

Hace unos días, exactamente 3 días, el día 6 de enero, mientras que a mi alrededor los niños se divertían con sus juguetes nuevos yo iba hacía Abaran. Todo comenzaba a ser surrealista cuando a la hora de comer me llega un correo electrónico de la persona con la que había quedado diciendo que no tenía móvil y que tendríamos que quedar como se hacía antiguamente, designando una hora y un lugar. Nos cruzamos varios correos mientras en mi casa terminamos de comer, le mando por mail mi móvil por si se complica la cosa. Le digo una hora para quedar y él me dice un sitio. Todo cuadra. Llamo a una amiga y me suelta que no está en Murcia me quedo a cuadros, hablamos un rato, nos reímos otro y parto hacía la aventura que es hoy en día ir a un sitio y quedar con alguien que no tiene móvil.

Cámara al hombro me meto en mi coche y parto hacía Abaran decidido a disfrutar de algo distinto y ya de paso a probar cosas con mi cámara. Cuando voy por Blanca caigo en la cuenta de que había decidido jubilar a la cámara por un tiempo y por ello le había quitado todo, batería y tarjeta. ¡Ouch! No tengo tiempo de volver ya que no sé donde voy exactamente. Si hay algo que inmortalizar tendré que hacerlo con el móvil o con lo que pille… sigo mi camino.

Llego a Abaran, me planto en la calle que mi amigo me había referenciado en busca de algo peculiar. Veo algo que cuadra con lo relatado. El sitio aparece ante mi, desierto, ni un alma… lo exploro un poco y escucho ruido de gente jugando al fútbol… visto que no conozco el pueblo y que no he podido preguntarle a nadie sobre si donde estoy es donde debo de estar me acerco a la gente que practica deporte, el balón sale fuera… “¡Disculpad, ¿Esto de aquí abajo es lo que estoy buscando?” me miran extrañados… “Claro” me vuelvo y antes de irme pregunto “¿No hay otra más en todo el pueblo?” me miran aún más extrañados pero responden “No, esto es Abarán”. Vuelvo a mi sitio, un banco en medio de la nada… Aparece una persona con un perro que no para de mirarme como si fuera lo que realmente soy… un extranjero. Vaya… espera… mi móvil vibrando… un número que no conozco, respondo. “¿Digamé?”. La voz de mi amigo suena al otro lado “¿Estás ya donde te he dicho?” “Sí”, respondo. “Estoy allí en 5 minutos” me dice mi amigo con voz tranquila.

Nos insertamos en Abarán. Abarán en un pueblo de la región de Murcia conocido por la gente foránea por sus norias y las rutas que las recorren. Tiene un entorno natural bastante apreciado por la gente que hace senderismo. Pero lo realmente impresionante de Abarán son las cuestas que recorren todo el pueblo haciendo a sus ciudadanos practicar mucho la potencia muscular. Algunas calles no son calles, son escaleras para poder acceder de un sitio a otro. Mi amigo, ducho en el arte del deporte marca un ritmo que a veces me cuesta seguir. Aún así lo sigo… nos adentramos en Abaran, en lo que parece una calle principal.

Parada de rigor para decidir que hacer, hay que recordar que mi amigo había perdido el móvil así que se encontraba más o menos igual de perdido que yo ya que no podía contactar con ninguno de sus amigos. Mientras esperamos a tomar una decisión veo a charangas por las calles alegrando el ambiente con villancicos. Sólo villancicos… que raro… Mi compañero me anima… “vamos” y yo detrás de él… nos metemos en un edificio. “¿Donde era?… a ver si ese lo sabe…” vemos bajar a alguien y le preguntamos por la casa que buscamos… “Sí, claro… es el…” “Gracias; ¡Vamos!”. Entramos en la casa que nos habían indicado y vemos al amigo… “Hola, soy un amigo de…” “Claro, yo soy… encantado… pasa y tómate algo”. “¿Cómo?”. Vale, el recibidor de la casa no da mucha información acerca de lo que pasa dentro de ella aunque se escucha jaleo pero es que en la calle también hay gente de cachondeo. Entramos un poco más en la casa y me empiezo a dar cuenta del follón en que me estoy metiendo… encuentro a los familiares del amigo de mi amigo sentados en un sofá y un grupo bastante numeroso de gente que está alrededor de una mesa con bocadillos, cervezas, refrescos, ron, whysky… vale.. esto me suena. No es complicado integrarse en una fiesta donde te ofrecen bebida y comida. Se ven varios grupos de gente hablando entre ellos… normal… bueno… ¿normal? De repente algo me pone en alerta “Aquí están hablando del Génesis” vale… ya decía yo que algo no cuadraba. Efectivamente… la gente habla de muchas cosas pero estamos en la fiesta de la Adoración al niño así que las conversaciones acerca de la Iglesia y lo que acontece en ella no se pueden eludir. También estamos en Abaran y pronto me fijo en otra conversación “¡Que sí, que al transpor les desapareció TES del letrero que llevaba solo, por lo seca que estaba la madera”. Espero no errar pero este hecho discutido fue el origen de la expresión autóctona de Abaran “Estás más seco que el transpor”. En fin, que sigo comiendo, bebiendo refrescos y hablando con mi amigo. Cuando se escucha una campana. “¿Y esa campana?” pregunto. “Es el niño que se acerca”… uhm… ¿Qué será eso? Bueno, sigo comiendo. Miro a mi alrededor y veo a todo el mundo poniéndose de pie y dejando las bebidas y la comida en la mesa. ¿Qué? Aparecen panderetas y la gente empieza a cantar un villancico ¿Qué? Miro a la puerta de la habitación donde estábamos y veo a un hombre con una figura de un niño atravesando la puerta. El hombre pasa por al lado de todos los que nos encontramos allí y veo lo que hay que hacer… acercar a darle un beso a la figura… bueno… fácil… le doy el beso… el hombre se acerca a todos nosotros que le hacemos un corro y aparece un fotógrafo. Foto para la posteridad del momento.

Bueno, la fiesta está bien: comida, bebida y una figura a la que hay que besar (no penséis mal) es curioso. Pero en un momento mi amigo me anima a seguirle. Nos vamos de esa casa “¿Dónde vamos?” “A otra casa”. La cosa se complica pero bueno, será que tienen preparada una casa con una fiesta donde van a pasar toda la noche. Bien, vale, vamos a otra casa… nos metemos en la casa. “Pasa, tómate algo”. “Gracias”. Me cojo un bocata y un refresco y veo llegar al resto de gente que estaba en la otra casa aunque me faltan dos de los de antes y en esta casa hay dos personas nuevas. Esto me parece peculiar pero me dan comida y bebida… no voy a discutir nada… Al rato la campana suena y me pone alerta “Amigo… ¿esto que es?” “Prepárate”. Vale, viene el niño, uno distinto, la gente se levanta, deja de comer y beber, se canta un villancico y besa al niño. Nos vamos a otra casa.

Ya después de dos o tres casas voy pillando la dinámica de la fiesta. Siempre faltan dos personas de la casa anterior pero es por que están preparando la suya. Incluso hay una pareja que estando en una de las casas nos dijo a quien le podíamos pedir la llave y donde estaba el bebercio (las cosas de beber) y el comercio (las cosas de comer) por que tiene lío y no saben si llegarán a tiempo. En todas las casas quieren que comas y bebas pero yo tengo un límite… Se habla de todo.

Entre unas casas hicimos, mi amigo y yo, un descanso para ver el origen de toda la fiesta. En la puerta de la Iglesía vimos como salían 5 niños mientras una banda tocaba el himno nacional y se tiraba un castillo de cohetes para celebrar la salida de los niños. La gente baila al ritmo de la música y celebra que salgan los niños de la Iglesia. Aquello se peta más de lo adecuado. Cuando bajan los niños iniciamos un descenso hacía la casa de otro amigo.

Descubro los mejores dulces de navidad que se producen en Abarán. Es una casa peculiar, tiene tres alturas y en cada altura una o dos habitaciones. Los jóvenes (como nos llamaban la gente un poco más mayor) estamos en la última planta. Comemos, bebemos y al rato llega el niño, lo besamos, seguimos comiendo y bebiendo. ¿Un tambor? espera… ¿Un tambor?… no, un tambor no… una charanga. Una charanga en una casa que nos explica que han conocido a tres alcaldes. Tres Alcaldes que les han hecho recorrer todo el pueblo con la promesa de un buen almuerzo. Almuerzo que no ha tenido lugar. Al parecer llevaban desde las tres de la tarde sin comer. Miro el reloj y marca las diez de la noche. Pobres, comen todo lo que pillan durante un descanso bien merecido mientras sueltan chascarrillos típicos de la juventud en la que todavía se encuentran. Nos explican que no les dejan tocar otra cosa que no sean villancicos por eso sólo se escuchan villancicos en todo el pueblo. La verdad es que bien pensado, demasiado animado está el pueblo para que encima de todo las charangas toquen canciones populares. Antes de irse nos amenizan con una canción en privado que no es un villancico. Y marchan hacia abajo contentos por haber saciado el hambre.

Y así transcurre todo el día y toda la noche (la gente llega a estar en algunas casas a las cinco de la noche). Es una buena mezcla entre religiosidad y respeto al niño. A mi me dio mucho gozo ver a la gente comiendo y bebiendo por las casas. En una de las casas tuve ocasión de probar, después de cerca de dos años sin hacerlo, el rim-ram o rin-ran (no sé como se escribe realmente, algunos lo llaman pisto) algo que es muy tedioso de crear pero que tiene un sabor único.

Actualización 14 de enero: Os dejo con algunas fotos y un vídeo.

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4 comentarios en “La adoración al niño de Abarán

  1. Pero entre tanto comer y beber no escuchaste al animero(señor que porta la imagen) decir al entrar: El niño Jesús entra en esta santa casa. A lo que se responde: Bienvenido sea. Y cuando se va dice:Hasta el año que viene. Y se responde: Si Dios quiere. Y no sé si te llamó la atención que el villancico que más se canta en las casas cuando entra el Niño es el de: Dime Niño de quién eres todo vestidito de blanco…
    Es una fiesta muy entrañable.

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