Musa

En aquel día la luz del sol brillaba en tu pelo como brilla el rocío de la madrugada cuando el sol lo toca de perfil. Su sonrisa era un regalo para los corazones de mucha gente, para aquellas personas que tuvieran un huequito en su corazón para una dosis de la droga más peligrosa, el amor.

Muchas personas andaban por la calle sin tan siquiera fijarse en tus ojos.
Ojos que inyectaban felicidad en muchas partes de mi cuerpo. Es la sabiduría del cuerpo la que descubre que entre sus poros pueden entrar muchos sentimientos. Que todo lo que le rodea tiene un significado, que todo lo que se quiere se consigue. Que todo lo que te hace feliz estaba en aquel instante alrededor de ti.

Es la sabiduría de mi espíritu la que descubrió que todo tenía sentido al lado tuyo, que la piedra filosofal en torno a la cual giraba mi vida eras tú y tu olor era simplemente un placer, un placer suave, un placer prohibido por la ley. Todo de ti era especial para mí, todo tú eres especial para mí. Cada momento al lado tuyo era como una eternidad en que los ingredientes de la felicidad salen a la luz y se descubren ante mis ojos con el brillo que ellos poseen, un brillo propio que raras veces se descubre.

Todo el mundo se confabuló para que tu cuerpo y el mío se fundieran en un abrazo; en un abrazo que no tuvo principio ni fin. En un abrazo tierno, lleno de amor. En un abrazo a algo desconocido con toda la confianza del mundo cómplice.

El cielo azul apareció ante tus ojos sintiendo que algo le faltaba. Una mirada tuya al cielo hizo que el sol radiará con más energía, que el viento penetrará con más fuerza en el corazón de las personillas que por el mundo andaban. Todo el mundo sin excepción sintió por un instante la paz y el amor.

¿Qué es el amor?. Último suspiro, último lloro, último corazón roto. Sentimiento que te aprieta el pecho. Te hace cosquillitas en el estómago, te hace sentir único.

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *